Leonardo DiCaprio vendrá a Argentina

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Leonardo DiCaprio llegará a nuestro país para grabar las últimas escenas de The Revenant, película dirigida por Alejandro González Iñárritu.

 

Este domingo 26 de julio, DiCaprio viajará junto a equipo y al director de fotografía, Emmanuel “Chivo” Lubezki, a Ushuaia, lugar elegido para el cierre del largometraje. Esas escenas en un principio iban a ser rodadas en Calgary, Canadá, pero fue imposible porque el clima no era el esperado. “Experimentamos lo que es el calentamiento global. Estábamos planeando filmar la escena final en una locación que supuestamente tendría nieve, pero habían abejas”, reveló el director al sitio Grantland.

 

En The Revenant, Leo interpretará a un hombre herido en las montañas en 1820 que es abandonado por su grupo del cual se vengará.

A ver comedias románticas

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Si existe un género de esos que amamos amar –fundamentalmente porque se trata de un género que nos cuida cuando estamos tristes- es el de las comedias románticas. ¿Que no todo el mundo quiere estar enamorado ni necesita estar en pareja? Cierto. Por eso hay algunas comedias románticas que escapan al lugar común y que a la vez son indispensables para el género.
Si bien Cuando Harry conoció a Sally (Rob Reiner, 1989) puede parecer un comienzo para muchos, el universo es muchísimo más amplio que el de los mohines de Meg Ryan. Por eso si quieren ver un listado de comedias románticas tradicionales, este no es el lugar. Para eso está Google. Abramos el juego y miremos algunos casos clásicos y algunos contemporáneos.

 

Para hablar de comedias románticas habría que pensar primero en la categoría que es abuela de ese género: la screwball comedy. Un caso notable y citado pero menos visto de lo que se dice es el de Bola de fuego (Howard Hawks, 1941) que es menos una película sobre la consumación de un amor mediado una serie de enredos ingobernables como en La adorable revoltosa (Howard Hawks, 1938) y mucho más un teorema sobre los efectos de la irrupción de una mujer fuerte en un mundo de hombres (al menos para los marcos de mediados de siglo XX). El resultado es una muestra de lo que la comedia romántica supo demostrar en sus formas más abstractas: el sexo es lo que cuenta aunque te lo disfracen de amor.

 

Bésame tonto (Billy Wilder, 1964) también pertenece al subgrupo de casos clásicos en donde lo menos importante era eso de enamorarse y, por el contrario, la clave es el juego de identidades cruzadas, suplantadas, confundidas. En medio de ese juego el sexo como factor determinante vuelve a sacarle tarjeta amarilla a los puristas del género como un ejemplo de romanticismo. Por el contrario en el ácido mundo de Wilder no hay lugar para el amor. Menos cuando se quiere triunfar rápido y ascender en la escala social. Aunque haya que mentir, prostituirse y hacer toda clase de entregas. Encuentren hoy una comedia romántica política a ver si les va bien.

 

Si tenemos que pensar en los últimos 25 años quizás aparezcan nombres que reconozcan:

 

La boda de mi mejor amigo (Paul Hogan, 1997) es una obra maestra sobre un reencuentro entre dos amigos que se dan cuenta que si llegan a los 28 sin pareja deberían terminar juntos…con el pequeño problema que uno sí tiene alguien con quien noviar y la otra parte no. Pero ese no es el asunto que la vuelve distinta de la dinastía de comedias románticas a imagen y semejanza de Meg Ryan, el asunto es que hablamos de una película que comporta una melancolía que en ese entonces era intolerable para el género, precisamente por no seguir la resolución previsible: que a veces el amor puede no llegar nunca.

 

En la isla de la ternura, en cambio, chocamos con Como si fuera la primera vez (Peter Segal, 2004) que funciona como si una comedia romántica tradicional se hubiese caído dentro de Hechizo de tiempo (Harold Ramis, 1991) logrando que el enamoramiento se convierta en una repetición infinita, por eso el cinismo es reemplazado por la ternura. Y el tándem Sandler-Barrymore (vueltos a juntar luego de la hermosa La mejor de mis bodas (Frank Coracci, 1998) no hace más que traernos felicidad con forma de copo de azúcar. Y lo que en la obra maestra de Harold Ramis era literalidad (la repetición de un día) aquí se convierte en la perfecta excusa para releer al género pero desde lo patológico-tierno.

 

Nos queda para el cierre Adventureland (Gregg Mottola, 2009) que es menos una comedia romántica tradicional que un coming of age mezclado con historia de descubrimiento amoroso, pero en un tono cargado de nostalgia por un tiempo pasado (los ochenta), por un modo de entender a los personajes saliéndose de cualquier lugar común del género a la vez que una película que pone en el centro la mierda del ingreso en el mundo de las relaciones amorosas adultas, donde ahí en donde los personajes creen saber recién aprenden. O si se quiere, un cine anti tesis, en donde el género demuestra que es un continente en crisis.
Quedan muchos ejemplos afuera, lo sé, pero aquí tenemos un buen punto de partida. Un excelente punto de partida.

 

Notas relacionadas:

. Oh, Maggie

. Adventureland y los ochenta

. Una comedia romántica negativa

 

Actor de la semana: Al Pacino

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El próximo jueves 16 de julio se estrena en la pantalla grande Un nuevo despertar, protagonizada por Al Pacino.

 

Simon Axler (Al Pacino) es un veterano y famoso actor de teatro que sufre un bloqueo. Tras una penosa interpretación de Macbeth, Simon no tiene más remedio que aceptar que los días de éxito pertenecen al pasado, y se ve sumido en una depresión. 

 

Antes del estreno de este drama, te invitamos a ver sus grandes interpretaciones en Qubit.tv:

 

88 Minutos:  Jack Gramm (Al Pacino), un psiquiatra forense que colabora con el FBI, es el principal responsable de que un asesino serial sea condenado a la pena máxima.

 

Simone: Viktor Taransky (Al Pacino) es un director de cine que se encuentra en plena decadencia. En estas circunstancias conoce a Hank Aleno, un genio informático que le cede un programa que resuelve sus problemas “Simulation One”.

 

Revolución: Estados Unidos durante la Guerra de la Independencia. Tom, un trampero que cuida por su subsistencia y la de su hijo, no quiere implicarse en el conflicto. Los abusos cometidos por los ingleses le abrirán los ojos.

 

Justicia para todos: Arthur Kirkland es un abogado que recibe el encargo de defender a un juez acusado de violación. Kirkland se enfrentará a un serio dilema moral ante el caso, al haber protagonizado un altercado con el juez en su pasado. 

Mr. Turner

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Es difícil saber –sin tomarse un avión y recorrer el Reino Unido de norte a sur para verificarlo– si los británicos son bellos como Hugh Grant y Kate Moss o se parecen más a esos personajes de piel blanca, con partes rosadas que más que rubor parecen sarpullidos, las bocas finas como un papel y los rasgos tan “average” que dan ganas de llorar, de la familia que los gobierna. O si se parecen, para el caso, a los personajes muy británicos de las películas del británico Mike Leigh, un director que trabajó siempre con los mismos actores, que se dividen a grandes rasgos (a veces, demasiado grandes) en: mujeres de voz chillona, dientudas y de papadas colgantes como Ruth Sheen, o ratoncitos nerviosos como Brenda Blethyn, y varones que gruñen, payasescos y de nariz en punta como Jim Broadbent o redondos, retacones y con cara de nutria rechoncha como Timothy Spall.

 

Lo cierto es que si el cine de Mike Leigh es especial es porque con esas caras, esos cuerpos –y el universo que convocan, de gente de clase trabajadora que está entrando a la tercera edad, arruinada o más o menos conforme, negada, sola, a veces abiertamente mediocre–, las películas construyen la emoción sin atajos. Es decir: uno nunca se conmueve porque algún personaje de belleza publicitaria sonría o se le suelte una lágrima, sino por esa intimidad con seres siempre imperfectos, perdedores, acaso demasiado humanos. Y es con la cara y el cuerpo peliagudos de Timothy Spall como materia prima que en Mr. Turner, Leigh filma por primera vez una película de artista, género que se presta fácilmente para todo tipo de melosidades, profundidades, mitificaciones y rebusques, generalmente orientados a ilustrar la difícil estancia de un alma bella en un mundo adverso que no lo comprende.

 

Sólo que en el caso de Leigh, y en perfecta coherencia con sus películas anteriores, la poca o mucha belleza que pueda haber en las pinturas del artista romántico que rompió los moldes academicistas y llegó a prefigurar el impresionismo (hay mucha, y aunque violenta es sutilísima) no encuentra ni reclama una correspondencia escultórica en la mano regordeta que conduce en pincel, ni en los ojos que estudian un cielo incendiado. Además, aunque la ambientación de época es prolijísima y los encuadres cuidadosos de los paisajes persiguen la semejanza con los óleos y las acuarelas del autor, la película presenta a Turner desde el principio como un trabajador y un estudioso: de viaje por Holanda, se lo ve escudriñar el cielo pensativo y tomar notas en una libreta, sin dejar de hacer con la boca unos movimientos espantosos, casi de bicho. Y vuelto al hogar, lo primero que hace es preparar un caballete, pedir un lienzo, preparar todo para pintar. Después se verá al padre ir hasta la tienda a comprar unos polvos para preparar los colores que faltan, y discutir con el almacenero lo caro que está el azul, que se importa desde Afganistán. ¿Y después? No, no sigue la típica secuencia del pintor arrebatado dejándose llevar por un aliento divino en el momento de la creación; este Turner le da un beso al papá, a modo de agradecimiento, y después tiene sexo con una sirvienta fea, todo como al pasar.

 

Así, sin énfasis pero con destellos de emoción tan ronca como la voz de Turner o Spall cuando trata de cantar a Purcell con una dama de alcurnia que lo acompaña en el piano (y ni siquiera se acuerda la letra, pero la siente), Mike Leigh construye un artista memorable, complejo, tan concentrado genuinamente en su tarea que no puede evitar ser un bruto en muchas otras cosas, que posa toda la corrección que puede frente a una ex esposa resentida y se llena de agradecimiento frente a una posadera de carácter alegre que como primer gesto amoroso, le consigue una habitación con una ventana cómoda desde la que se puede ver el mar.

5 veces Marlon Brando

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Este mismo día, hace 11 años, fallecía Marlon Brando, uno de los actores más emblemáticos del cine estadounidense.

 

Para recordarlo, te traemos un top 5 de sus películas en Qubit.tv.

 

Dinero gratis:

El Sueco Sorenson es el durísimo alcalde de una cárcel en Dakota del Norte. Cuando sus dos hijas dicen estar embarazadas, el Sueco fuerza los matrimonios y también decide amargarles la vida a sus nuevos yernos. Pero estos tienen un plan. Una gran comedia de ambiente carcelario con un casting irrepetible.

 

Los últimos juegos prohibidos:

Flora y Miles son dos huérfanos que viven en un inmenso caserón acompañados únicamente por Miss Jessel, la institutriz que se hace cargo de ellos. La presencia amenazante de Quint, el hosco jardinero que mantiene una perversa relación con la mujer, será una influencia terrible en la formación moral de los dos niños.

 

Último tango en París:

Paul, un hombre maduro y atormentado, y Jeanne, una joven aspirante a actriz, se encuentran por casualidad en un departamento vacío e, incapaces de controlar la atracción que sienten el uno por el otro, hacen el amor en el piso. Desde ese momento, la vivienda se convertirá en el marco ideal para repetir sus esporádicos encuentros en los que van entrando en una oscura relación de dominación.

 

Piel de serpiente:

Val Xavier, también conocido como Piel de Serpiente, es un conflictivo músico que llega al pueblito de Two Rivers, en Mississippi. Allí comenzará una doble relación con una mujer madura y con una joven alcohólica.

 

El salvaje:

Johnny Stabler, líder de una panda de motoqueros, llega con sus muchachos a un pueblito de California. No tardarán en comenzar los disturbios hasta que Johnny ve a la bella hija del sheriff local y se enamora de ella.

 

¿Cuál es tu favorita?