25 watts: Mala leche

25 watts

En realidad, en 25 watts no pasa nada. La película empieza un sábado a las 7 de la mañana y termina un día después, el domingo a la madrugada. Tres amigos están sentados sobre un pequeño muro en una vereda de un barrio de Montevideo. Toman cerveza. Leche (interpretado por un muy joven Daniel Hendler, que casi todavía adolescente tenía toda su magia) se está limpiando el zapato: pisó mierda de perro. Sus amigos le dicen que pisar mierda trae suerte, pero él sabe que no es así: va a tener 24 horas de mala suerte.

En 25 watts no pasa nada, pero en realidad pasa todo lo que le puede pasar a cualquier adolescente: la cerveza, los amigos, las horas sin hacer nada, los estudios, las drogas, las horas mirando televisión, el trabajo malo y aburrido, las tardes sin hacer nada, los amigos de un amigo, un hámster, un perro, las novias, las mujeres, las porno. La historia en 25 watts no va para ningún lado, ¿pero adónde vamos a ir un sábado a la tarde? La película está empapada de ese ritmo tranquilo, como de pueblo chico pero en ciudad grande, como de espera infinita, ese ritmo que algunos recordarán como algo lejano en sus propias vidas pero que en Uruguay encontró su ámbito ideal. Mirar 25 watts es como juntarse a charlar con unos amigos y tomar unas cervezas mientras decidimos a dónde vamos a salir esta noche.

El secreto de 25 watts es haber encontrado en esas horas muertas el tono perfecto de la comedia y de la forma de hablar de los uruguayos. No hay película más uruguaya que 25 watts y posiblemente no haya mejor comedia filmada en el Cono Sur en lo que va de este siglo XX. Los chistes vienen (sin que los veamos llegar) de todos lados: desde las trompadas hasta el encuadre, de los apodos frutales de los jóvenes montevideanos al Libro Guiness de los Récords. 25 watts está poblada de todas esas historias que conocemos: las que vivimos cuando no teníamos nada que hacer, las que les pasaron a nuestros amigos, las de lo que le pasó al amigo de un amigo. Y la película sabe encontrar la distancia perfecta: no podemos evitar reírnos y a la vez queremos ser uno más del grupo.

“No hay película más uruguaya que 25 watts y posiblemente no haya mejor comedia filmada en el Cono Sur en lo que va de este siglo XX.”

Y por otro lado: ¿hay algo peor que esas horas tirados sin nada que hacer, esperando nada, hablando de nada? Hay algo de infierno (o mejor, de purgatorio) en esta historia de un chico enamorado de una mujer que se llama Beatriz. Una y otra vez volvemos sobre lo mismo: empieza la película y Leche pisa mierda de perro, 24 horas de mala suerte. Para cuando termina, otra vez está pisando mierda. ¿Por dónde se sale del barrio? Si el único uruguayo que figura en el Libro de los Récords es uno que se pasó cinco días aplaudiendo, la pregunta que se hacen todos es…

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