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5 Sci-fi para ver en Qubit

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Hay géneros que de tan codificados demandan una especial atención del espectador. El western, el musical, el terror y la ciencia ficción son algunos de ellos. Asi y todo, el último de esta tanda se destaca por películas que, ya sea por su éxito de taquilla o por su anonimato, terminaron relegadas al olvido. Intentemos recuperar algunas de estas glorias y veamos por qué es una gran cita dedicarles algo de tiempo en un fin de semana lluvioso.

 

 

Encuentros cercanos del tercer tipo (Steven Spielberg, 1977)

Acaso estemos frente a una de las películas más mencionadas por la cinefilia popular pero a la vez de las menos vistas y/o revisitadas de la filmografía de Steven Spielberg. No solo se trata de una obra maestra, sino también una de las primeras películas que supo condensar el cambio de coordenadas definitivo que la ciencia ficción de los setenta y ochenta propondrían a lo que había sido la tradición dominante en el imaginario del género, como lo fue la ciencia ficción paranoica y conspirativa. Detrás de dos tercios  de película donde nos metemos en un thriller de abducciones y conspiraciones gubernamentales, en realidad nos encontramos con una película de contacto pacífico (algo que profundizaría con E.T. , un par de años después). Si no la vieron nunca, aquí está la chance. Y si la vieron hace mucho y la habían olvidado, reconciliense con ella.

 

 

El enigma de otro mundo (John Carpenter, 1982)

Uno de los pocos y grandes casos en donde la remake no solo es superior a la original sino que se convierte en una obra maestra absoluta y en expresion personal de la obra de un director ahí donde pudo haberse interpretado –apresuradamente- un encargo comercial. El cine de John Carpenter -como bien sabemos un anarquista iconoclasta- es un espacio de combinación de las mejores tradiciones narrativas del periodo clásico. Por eso no es casual que, releyendo al clásico de 1951,Carpenter haya obtenido el resultado perfecto: reelaborando la paranoia de la película original -que ponía el el centro una de las obsesiones de la ciencia ficción, el problema de la identidad en relación a la comunidad de pertenencia- lograba que, lo que en la versión de 1951 era defensa y abroquelamiento frente a la invasión, en la versión de 1982 sea lisa y llanamente un proceso autodestructivo. Película tersa y económica en sus recursos pero de una potencia descomunal, El enigma de otro mundo es uno de los puntos más altos del cine de Carpenter y del género todo.

 

 

RoboCop (Paul Verhoeven, 1987)

Paul Verhoeven es uno de esos directores imprevisibles, tirabombas, dedicados a subvertir todos los órdenes morales de los mundos que cuenta. Pero lo hace desde el interior, con la capacidad de hacernos creer que estamos ante un relato de género más.

Robocop no solo es una gran película de ciencia ficción que cumple con casi todos los parámetros que el género pide, pero a eso le suma un grado de violencia en la puesta en escena que el cine estadounidense de los ochenta había preferido evitarse, mezclando policial con CF obsesionada con el cuerpo (un policía acribillado luego de una redada es reconstruido casi íntegramente como una máquina y debe lidiar con ello). Por eso, cuando vemos que todavía existen algunos salvajes que entienden que las películas también deben vibrar de emoción violenta, es imposible olvidarse de Verhoeven. Lamentablemente su carrera posterior, por más que contara con algunos éxitos de taquilla, fue incomprendida y su trabajo fue relegado al olvido poco a poco. Buena es entonces la oportunidad de recordar a este director holandés, que por un par de lustros supo tener a Hollywood en sus manos.

 

 

eXistenZ (David Cronenberg, 1999)

Cronenberg sabe más por viejo que por diablo. eXiztenZ propone una de sus películas más endiabladas y hábiles en ese truco de entrar y salir de un sistema de representaciones donde real e imaginario se pierden y se confunden entre sí. Ya lo había hecho con Videodrome y con Naked lunch, pero aquí llevó el asunto a un límite mucho más extraño y dificultoso, porque la puesta en abismo que propone la película (un juego dentro de otro que está dentro de otro y en medio de todo eso algo o nada parecido a lo que llamamos realidad) es apenas el punto de partida. El resultado, un pozo sin fondo, es fascinante. Además la película es una perfecta muestra del cine de Cronenberg para quienes no lo conocen y quieren adentrarse por primera vez en esas aguas procelosas.

 

 

A.I., inteligencia artificial (Steven Spielberg, 2001)

Pocos casos hay en la historia del cine en donde dos visiones opuestas (la frialdad de Kubrick, quien había comenzado a desarrollar el proyecto antes de su fallecimiento y la empatía de la mirada del mundo infantil de Spielberg) hayan complementado un experimento tan perfecto. El caso de A.I. supone la mezcla de una fábula de cuento de hadas con el hiperracionalismo de la ciencia ficción más dura. El resultado es el de una película helada pero con un corazón grande como una casa, algo coherente con la historia de un robot que es adoptado para ser el hijo de una familia sin hijos (o mejor dicho con un hijo en coma) pero que luego será abandonado a su suerte en un mundo en donde los robots sin dueño son sometidos a la caza y exterminio. Acaso su final sea uno de los más emocionantes y desoladores de la historia del cine.

 

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