A ver comedias románticas

labodademi

 

 

Si existe un género de esos que amamos amar –fundamentalmente porque se trata de un género que nos cuida cuando estamos tristes- es el de las comedias románticas. ¿Que no todo el mundo quiere estar enamorado ni necesita estar en pareja? Cierto. Por eso hay algunas comedias románticas que escapan al lugar común y que a la vez son indispensables para el género.
Si bien Cuando Harry conoció a Sally (Rob Reiner, 1989) puede parecer un comienzo para muchos, el universo es muchísimo más amplio que el de los mohines de Meg Ryan. Por eso si quieren ver un listado de comedias románticas tradicionales, este no es el lugar. Para eso está Google. Abramos el juego y miremos algunos casos clásicos y algunos contemporáneos.

 

Para hablar de comedias románticas habría que pensar primero en la categoría que es abuela de ese género: la screwball comedy. Un caso notable y citado pero menos visto de lo que se dice es el de Bola de fuego (Howard Hawks, 1941) que es menos una película sobre la consumación de un amor mediado una serie de enredos ingobernables como en La adorable revoltosa (Howard Hawks, 1938) y mucho más un teorema sobre los efectos de la irrupción de una mujer fuerte en un mundo de hombres (al menos para los marcos de mediados de siglo XX). El resultado es una muestra de lo que la comedia romántica supo demostrar en sus formas más abstractas: el sexo es lo que cuenta aunque te lo disfracen de amor.

 

Bésame tonto (Billy Wilder, 1964) también pertenece al subgrupo de casos clásicos en donde lo menos importante era eso de enamorarse y, por el contrario, la clave es el juego de identidades cruzadas, suplantadas, confundidas. En medio de ese juego el sexo como factor determinante vuelve a sacarle tarjeta amarilla a los puristas del género como un ejemplo de romanticismo. Por el contrario en el ácido mundo de Wilder no hay lugar para el amor. Menos cuando se quiere triunfar rápido y ascender en la escala social. Aunque haya que mentir, prostituirse y hacer toda clase de entregas. Encuentren hoy una comedia romántica política a ver si les va bien.

 

Si tenemos que pensar en los últimos 25 años quizás aparezcan nombres que reconozcan:

 

La boda de mi mejor amigo (Paul Hogan, 1997) es una obra maestra sobre un reencuentro entre dos amigos que se dan cuenta que si llegan a los 28 sin pareja deberían terminar juntos…con el pequeño problema que uno sí tiene alguien con quien noviar y la otra parte no. Pero ese no es el asunto que la vuelve distinta de la dinastía de comedias románticas a imagen y semejanza de Meg Ryan, el asunto es que hablamos de una película que comporta una melancolía que en ese entonces era intolerable para el género, precisamente por no seguir la resolución previsible: que a veces el amor puede no llegar nunca.

 

En la isla de la ternura, en cambio, chocamos con Como si fuera la primera vez (Peter Segal, 2004) que funciona como si una comedia romántica tradicional se hubiese caído dentro de Hechizo de tiempo (Harold Ramis, 1991) logrando que el enamoramiento se convierta en una repetición infinita, por eso el cinismo es reemplazado por la ternura. Y el tándem Sandler-Barrymore (vueltos a juntar luego de la hermosa La mejor de mis bodas (Frank Coracci, 1998) no hace más que traernos felicidad con forma de copo de azúcar. Y lo que en la obra maestra de Harold Ramis era literalidad (la repetición de un día) aquí se convierte en la perfecta excusa para releer al género pero desde lo patológico-tierno.

 

Nos queda para el cierre Adventureland (Gregg Mottola, 2009) que es menos una comedia romántica tradicional que un coming of age mezclado con historia de descubrimiento amoroso, pero en un tono cargado de nostalgia por un tiempo pasado (los ochenta), por un modo de entender a los personajes saliéndose de cualquier lugar común del género a la vez que una película que pone en el centro la mierda del ingreso en el mundo de las relaciones amorosas adultas, donde ahí en donde los personajes creen saber recién aprenden. O si se quiere, un cine anti tesis, en donde el género demuestra que es un continente en crisis.
Quedan muchos ejemplos afuera, lo sé, pero aquí tenemos un buen punto de partida. Un excelente punto de partida.

 

Notas relacionadas:

. Oh, Maggie

. Adventureland y los ochenta

. Una comedia romántica negativa

 

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