¡A ver documentales!

Usted está viendo en la televisión un documental sobre la guerra del Peloponeso. Un experto, con anteojos, barba y una gigantesca biblioteca de fondo, habla con voz monótona y monocorde sobre algún episodio bélico. Aparece en pantalla un mapa de la Grecia Antigua con miles de flechas que salen en miles de direcciones diferentes mientras una voz en off enumera, como si estuviera leyendo la lista del supermercado, nombres de reyes y generales, tratados y años, victorias y derrotas. El control remoto está lejos y a usted le está ganando el sueño: no tiene fuerzas como para pararse y cambiar de canal. Se le cierran los ojos. Los expertos se siguen amontonando en pantalla, pero usted ya no sabe si las palabras “Egospótamos”, “arquidámica” y  “Epidamno” están realmente saliendo de la televisión o si las está soñando, si su mente las está inventando para construir su propia guerra del Peloponeso. Justo antes de quedarse dormido, usted se promete a sí mismo nunca más en su vida ver un documental. Y después se entrega al sueño.

La pregunta es: ¿Ha hecho bien? La respuesta es categórica: no. Absoluta y decididamente no. Por un documental malo, que los hay, se va a perder miles de documentales buenos. Y no solo buenos, también ágiles, interesantes, graciosos, terroríficos, iluminadores, polémicos… y sobre todo, variados. Porque lo cierto es que hay documentales de todos los tamaños, formas y colores. De hecho, el prejuicio más arraigado que existe en cuanto a los documentales (es decir, que son todos más o menos iguales, todos más o menos parecidos al descrito en el primer párrafo) es también el más errado. Por cada decisión que toma un documentalista, hay otro que tomó exactamente la contraria. Hay documentales que no tienen ni una sola imagen de material de archivo y hay otros que están hechos solamente de material de archivo. Hay documentales que evitan sistemáticamente las entrevistas y otros que giran completamente en torno a ellos. Documentales que se apoyan en una voz en off omnipresente y documentales que prescinden 100% de ella. Documentales que vociferan verdades y documentales que tímidamente transmiten dudas. Hay documentales didácticos y documentales narrativos. Documentales combativos y documentales poéticos. Hay, en fin, documentales para todos los gustos.

¿No lo convencí? ¿Todavía se aferra a su promesa de no ver más documentales? ¿Sigue teniendo pesadillas con la Guerra del Peloponeso? Hágame caso y comience una terapia de desintoxicación con estos tres documentales:

This Film is Not Yet Rated: Para descubrir y describir cómo funciona el sistema de calificaciones cinematográficas (PG-13, NC-17, etc.) en los Estados Unidos, Kirby Dick contrata a dos detectives lesbianas para infiltrarse en ese oscuro mundo en el que se le “estampan” las calificaciones a las películas… un mundo hecho de oficinas, pasillos, microcines, influencias, contactos, leyes no escritas, grandes estudios, curas, ligas de amas de casa y un largo y siniestro etcétera. Una película graciosa, potente y perfectamente documentada.

Grass: La historia de la marihuana en el Siglo XX en los Estados Unidos. O sea: La historia de los diferentes modos en los que se intentó justificar la ilegalización de la marihuana en los EE.UU. O sea: La historia de cómo apareció la marihuana retratada en el cine, la televisión, la radio, la música y los diarios estadounidenses. O sea: La historia de los estrafalarios mitos, leyendas, exageraciones y mentiras que se construyeron alrededor de la marihuana. O sea: Una película clave (y tremendamente divertida) para entender el grado de manipulación al que hay que recurrir para defender medidas ridículas.

Fetishes: Cuarentones que fingen ser bebés (se ponen pañales y todo) y son castigados por sus amas… judíos que juegan a estar en campos de concentración y sufren las represalias de madamas disfrazadas de guardias nazis… Látigos, esposas, cuero, dominación, simulacros de violaciones… Hay fantasías para todos los gustos (para todos los gustos más o menos retorcidos, claro) en este documental sobre Pandora’s Box, un lujoso club de sadomasoquismo en Nueva York. Y hay un gran documentalista, Nick Broomfield, un gentleman británico, irónico e incisivo, que no se cansa de preguntar y de indagar sobre todas estas prácticas.

 

This Film is Not Yet Rated, Grass y Fetishes pueden verse online en Qubit.tv, los primeros dos, gratis.

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