Por qué amamos los 90s

Porque no podemos escaparnos de ellos. Los grandes cambios tecnológicos son la esencia de nuestra comunicación en el presente y las nociones de lo público y lo privado dejan de ser tan dispares.

¿Qué fueron los 90s sino el adelanto sobre el vertiginoso futuro que se nos venía encima?

 

Jurassic Park (1993)

 

Steven Spielberg nos dio la posibilidad de ver la recreación de los primeros seres que caminaron por la Tierra, en un parque que hasta hoy asumimos real. Combina a la perfección acción, innovación y emoción.

El legado más importante de esta pelicula fue una nómina de dinosaurios que quienes fuimos niños en aquel momento aprendimos a la perfección.

 

 

La cinta envejeció con tal elegancia que, como si fuera la primera vez, fuimos a gozarla en su versión 3D, sintiendo que podíamos caminar entre dinos de carne y hueso.

 

Twister (1996)

 

Se trata de otro grupo de científicos que quieren estudiar a los tornados por dentro y es acá en dónde está la sorpresa: si bien es cine catástrofe, el tornado se manifiesta como una bestia que aparece en el momento menos esperado y acosa desde los cielos. Desde allí, sigue la regla del cine de monstruos, donde aparece un especialista que informa qué hará la criatura y cómo se puede hacer para detenerla… Dichas predicciones no siempre se cumplen porque aparecen variables que el científico no anticipó.

 

 

Si Twister es una gran película es porque, además de entretener y atrapar (con persecuciones maratónicas que sólo dan espacio para tomar aire y seguir corriendo), aportó su cuota científica para los curiosos de la época.

 

Misión Imposible (1996)

 

Un equipo de espías, devenidos en agentes super-secretos, encara misiones que serían prácticamente imposibles para cualquier grupo común de agentes porque son, por demás, inverosímiles.

 

Los lentes con cámaras, el streaming en tiempo real (con varias cámaras en alta calidad conectadas simultáneamente a varios dispositivos) son un adelanto en su tiempo. Además, estos personajes deben recuperar un disco para computadora que tiene importante información para el gobierno.

 

Importante: La banda sonora, sin dudas, fue determinante en el éxito.

The Truman Show (1998)

El film pone el foco en la relación ficción-realidad, público-privado. The Truman Show es una historia que representa el atractivo tan extraño como perverso de los reality shows que encontraron su cénit en la década.

 

 

Un universo ficcional que intenta, contra viento y marea, preservar el engaño: Truman (Jim Carrey) es un huérfano que fue adoptado por un estudio televisivo para ser el protagonista del show de mayor rating de toda la historia de la televisión.

 

Perros de la calle (1992)

 

Los 90’s habilitaron la irrupción de Quentin Tarantino en Hollywood a punta de pistola. Esta película comienza con una escena en apariencia despreocupada, cuando un grupo de hombres desayunan en un bar y analizan hechos tan significativos para la Historia de Occidente como por qué Madonna llamó a su canción “Like a virgin” o si es ético o no dejarle propina a las meseras.

 

El humor negro y enfermizo es otra marca que Tarantino trae a la pantalla grande.

 

Pulp Fiction (1994)

 

Tarantino se consagra como cineasta de culto con su segunda cinta. Otra vez la sordidez, el salvajismo y el lenguaje obsceno, pero volcados de tal manera que se vuelven inofensivos.

 

Pulp Fiction nos regaló una banda sonora inigualable y nos propuso el mejor disfraz para una fiesta.

 

Contracara (1997)

 

Un agente del FBI, mediante una operación secreta, asume la apariencia física de su peor enemigo con el objetivo de parar un plan terrorista. Al mismo tiempo y con el mismo método, el enemigo luego se convierte en él.

 

Las mujeres del cine para descubrir.

Chicas para siempre

El cine da la posibilidad de que las chicas se adueñen de su voz y se hagan eternas. Las chicas dejan de ser débiles y románticas para volverse rebeldes, luchadoras, heroínas y bandidas. Son dueñas de su deseo que se establece como hilo conductor de sus historias.

Las chicas son protagonistas y cuentan sus vidas en las que toman las armas así como la pluma, beben whisky y se enamoran. Las chicas nos enseñan sus vidas y las vivimos con ellas con la selección que hicimos en Qubit.tv.

Mary Poppins (1964)

 

Uno de los clásicos de Disney más aclamados le da vida a Mary, no como la niñera típica compasiva o gruñona sino como una chica con tal carácter que ni siquiera se achica ante su patrón, el señor Banks, que ve a su autoridad amenazada con la llegada de esta niñera del sombrero inolvidable.

 

Todo sobre mi Madre (1999)

 

La aparición en el cine español de Pedro Almodóvar prometió desbaratar ciertos  estereotipos siendo, fundamentalmente, director de mujeres a quienes les asignó la centralidad de sus relatos. Sus protagonistas son amas de casa, actrices, toreras, madres, hijas, cantantes y, también, monjas que reproducen a la España ochentosa, donde la mujer se empoderaba como dueña de su destino, trabajadora y divorciada, viviendo la sexualidad sin prejuicios.

Todo sobre mi madre remarca la idea de la compañía y de la solidaridad espontáneas, milita la idea de compartir el sufrimiento así como la posibilidad del respeto y del perdón. Se centra en el universo personal de cada una, en lo que esconden y que combaten con sus armas: la ternura, la entereza y la lucha continuada.

Valiente (2012)

 

Mérida, la protagonista del primer cuento de Hadas de Pixar, está decidida a rechazar el papel que le toca vivir trayendo el caos a su reino. Mérida es fuerte, decidida y se enfrenta a todo tipo de peligros para descubrir qué es realmente la valentía. ¿Lo mejor? En ningún momento pierde la ternura.
Disney se divorcia del estereotipo de princesa que está a la espera de un príncipe azul. De hecho, por primera vez, hace hincapié en la relación madre-hija.

Preciosa (2009)

 

Claireece Precious Jones es una joven de clase baja cuyo día a día está marcado por malos tratos: Fue abusada por su padre, es golpeada por su madre y está a punto de tener su segundo hijo. También, día tras día, debe enfrentarse a una discriminación triple: ser mujer, ser negra y ser analfabeta.

Sí, pareciera que esa vida llena de crudeza le impide crecer como una adolescente normal y feliz, pero Preciosa es un personaje precioso que no se deja avasallar por sus circunstancias, sino que intenta sortear los obstáculos al dejarse acompañar por mujeres fuertes como lo son su nueva profesora y su psicóloga que le enseñan nuevas razones para vivir.

Kill Bill (2003)

 

La protagonista es una mujer tan fuerte que hasta soporta piñas y puñaladas. Lo que la moviliza es la venganza: El padre de su hija la golpeó porque estaba celoso. No conforme con eso, se prepara para asesinar a otros dos hombres que la violaron mientras ella estaba en coma.

Desaparece la idea de la mujer como víctima pasiva del hombre: toma las armas en contra del agresor. Nace una heroína, por demás sangrienta, que asume la violencia como recurso legítimo de vida y de supervivencia.

 

Thelma and Louise (1991)

 

Geena Davis y Susan Sarandon hacen una revolución en la pantalla: pelean con la Policía, manejan a alta velocidad, disparan armas como las mejores y hasta hacen volar un camión.

El final siempre es sorprendente, Louise acelera a fondo su Ford Thunderbird, modelo ‘66 hasta llevarlo a un precipicio. Se lanzan hacia la muerte porque la consideran preferible a ser atrapadas y encarceladas. Lo importante era escapar.

 

Clásicos inoxidables

Clásicos inoxidables

Cine clásico

La palabra clásico parece hoy un poco gastada de tanto uso. Las reiteradas modas de pastiche y resignificación, que absorben retazos del pasado y los degluten escupiendo nuevas formas, ha esmerilado el valor concreto de lo hecho en otra época. Pero más allá de los sucesivos homenajes, ese cine de un tiempo lejano aparece hoy, en sus clásicos, con la magia intacta de la primera vez. Y sí, hablamos de clásicos. Porque son películas que tienen algo en común: han sobrevivido al paso del tiempo con la vigencia de lo eterno y lo perenne. Apoyadas en la fuerza de la narrativa y el dominio del lenguaje cinematográfico, conjuran desde la modestia de su sutil autorreflexión la plenitud de su presencia.

En la madurez del clasicismo, Joseph L. Mankiewicz estrena La malvada, una ácida radiografía de un Hollywood mezquino y despiadado. El ascenso al estrellato de una joven ambiciosa se convierte en una visión audaz y maquiavélica de un espectáculo que tiene tanto de gloria como de olvido. Con el regreso de la gran Bette Davis, ícono del melodrama ardiente y pasional, Mankiewicz obtiene el récord de nominaciones al Oscar y augura una década de obras memorables.

En el período más fructífero de la obra de Alfred Hitchcock llega una de sus películas más lúcidas. Reflexión sobre el placer de la mirada intrusa y culposa, La ventana indiscreta pone en escena, en la figura de un James Stewart inválido y confinado a los límites de su habitación, las mayores obsesiones del director emblema del autorismo. Asediado por la culpa y la frustración, el alter ego de Hitchcock vive con plena pasión lo que ocurre en la vida de sus vecinos, imaginando crímenes y deseos violentamente consumados en un espiral de tensión que demuestra que es imposible domesticar la fantasía.

La diligencia de John Ford representa el cimiento de un género que se constituiría en la clave de representación del pasado mítico de los Estados Unidos. Aquella travesía de John Wayne a bordo de una diligencia amenazada por indios y bandidos consagra al western como esencia de la épica americana, retrato de un lento camino que oscila entre la civilización y la barbarie. Años después, Fred Zinnemann haría su introspectiva reflexión sobre el héroe solitario a quien su pueblo abandona, por miedo o indiferencia, casi como alegoría de la sospecha y delación que se respiraba en el los años duros del macartismo. Western moderno y ambicioso que aspira a convertir al género en cáscara de las grandes preocupaciones de su tiempo.

Los clásicos viven una y otra vez en las múltiples miradas de los espectadores. Su plena actualidad se apoya en un lenguaje simple e intenso, basado en la acción más pura y en el honesto amor por sus personajes. Fábulas del pasado que renacen cada vez que las vemos, y nos contagian de aquella emoción que creíamos haber olvidado.

Vértigo, El ciudadano, 2001: las listas y los clásicos

Digámoslo de una vez: las listas no sirven para nada, pero cómo nos gusta hacerlas.  También, inevitablemente, nos gusta revisar las de otros, comparar, descubrir.  La gente de la revista británica Sight & Sound, verdadera decana del periodismo cinematográfico, viene haciendo desde siempre su lista de las mejores películas de todos los tiempos.  Es una tradición que se cumple cada década, concretamente en los años que terminan en el número 2.  Y siendo que estamos en 2012, acaba de publicarse la nueva edición de la encuesta, que incluye a críticos y cineastas de todo el mundo.  Esta vez con una novedad mayor: por primera vez en 50 años El ciudadano –Orson Welles, 1941– no está a la cabeza de la lista (ocupa el segundo lugar).  Le ganó Vértigo –Alfred Hitchcock, 1958–, que encabeza el ranking por primera vez, para alegría de este cronista, ya que es su favorita personal.  Ambas películas pueden verse en Qubit, así como 2001 Odisea del espacio –Stanley Kubrick, 1968; sexta– y Ocho y medio –Federico Fellini, 1963–, que cierra el top ten.

Antes de hablar de las películas, unas palabras sobre nuestra compulsión por las listas, por hacerlas y leerlas.  Como ocurre con los premios Oscar, las categorías “mejor” o “primero” remiten a un espíritu de campeonato que poco tiene que ver con el cine y mucho con la mirada que los no cinéfilos tienen del séptimo arte.  Es que las cucardas son útiles para aquellos que quieren parecer al tanto, sin tomarse el trabajo de ver las películas para juzgar por sí mismos.  Así, hablarán de tal o cual película prestigiosa con el aire del nuevo rico que convida a un húesped con un costoso Cohiba –el cigarro de la marca cubana– mientras aclara con sonrisa canchera: “son los mejores” (escena repetida en muchas películas con cigarros, vinos o trufas).  Estamos seguros de que ese señor nunca se molestó en probar otra variedad, y que tomó la recomendación de alguna revista de moda.

[gn_quote style=”1″]Digámoslo de una vez: las listas no sirven para nada, pero cómo nos gusta hacerlas.  También, inevitablemente, nos gusta revisar las de otros, comparar, descubrir.[/gn_quote]

Si tenemos en cuenta el reparo del párrafo anterior, la lista de Sight & Sound puede ser una buena introducción al tema, del mismo modo que las antologías de cuentos sirven para conocer autores.  El desafío es ver algo más de cada director que la película mencionada en la lista y que se supondría es, de las suyas, la “mejor”.  Lo que funciona como “mejor” en una lista universal puede ser muy diferente si pensamos sólo en la carrera de ese director, o en las películas de su tiempo. Y difícilmente tengamos una idea de ese director o ese tiempo sin ver cómo formas, temas e ideas se repiten con distintas variaciones en otras películas relacionadas.

Vértigo es una obra arrebatadora, de sentidos múltiples, más moderna a cada nueva visión; una verdadera cumbre –y a la vez una desviación, el comienzo del fin de lo clásico– en el Hollywood de su época.  Y sin embargo, mucha más gente vio Psicosis, que por supuesto también es genial, pero es otra cosa, más acá de esa frontera de lo clásico que Vértigo supo marcar.  No digo más porque conviene acercarse a Vértigo sabiendo lo menos posible de su argumento, incluso del reparto. Después, seguir con Hitchcock –una fuente inagotable y diversa– y revisar lo que otros dijeron de esta película: no hace mucho, el filósofo esloveno Slavoj Žižek hizo un brillante análisis de las formas del inconsciente en esta película y en toda la obra de Hitch.

El ciudadano es quizá la primera película de Hollywood que se piensa a sí misma como arte, como algo más que entertainment.  Welles la hizo con un contrato privilegiado que le daba todo el poder, algo impensable para un operaprimista.  Hombre de teatro que se había hecho famoso con su emisión radial de La guerra de los mundos, Welles vio todo el cine que pudo y tomó ideas de los directores más avanzados de su tiempo (entre ellos Wyler y Ford) para ponerlas al servicio de una travesura: contar en clave la historia del mayor empresario mediático de Estados Unidos (William Randolph Hearst), quien luego intentaría impedir el estreno.  Tienta decir que los logros formales de la película serían mejor apreciados en la pantalla grande…  pero lo cierto es que el cronista vio por primera vez estos films en formato VHS, en un televisor analógico de 20 pulgadas, que por ejemplo cortaba los bordes laterales de la imagen; y de todos modos quedó impresionado.  Hoy los adelantos digitales permiten ver la imagen completa y con una definición mucho mayor.  El ciudadano es una de las películas sobre las que más se ha escrito, y las polémicas en su torno incluyen una célebre intervención de la crítica Pauline Kael, quien se animó a discutir la dimensión de Welles como autor del film rescatando el papel central del guionista Herman Mankiewicz, que había trabajado para Hearst.

 

2001 Odisea del espacio fue durante muchos años la película emblema de una nueva generación de cinéfilos, los que crecieron escuchando “rock progresivo” y leyendo a Ballard o a Tolkien.  Realizada justo cuando la tradicional autocensura norteamericana hacía mutis por el foro, construye su suspenso sin una explicación final coherente y unívoca: es un film de preguntas, más parecido a lo que hacían europeos como Bergman o Antonioni que al tradicional cine de ciencia ficción.  Por otro lado, sus efectos visuales también instalaron un nuevo estándar y elevaron las pretensiones artísticas de lo que hasta entonces era visto como un “subgénero”, cosa menor, carne de clase B.  Hoy algo olvidada, 2001 fue en su momento tan importante como Bonnie & Clyde o Busco mi destino… films de ruptura cuya novedad envejeció mucho más rápidamente.

 

De 8 1/2 ya se habla en otra parte de este blog.  Mejor cerremos la idea: asomarse a los clásicos es, en suma, picotear la parte de arriba de una ensalada cuyo fondo es infinito, siempre ofreciendo un nuevo sabor o combinación de ellos.  Si usted va más allá de la superficie y descubre el placer de internarse en otros mundos, se habrá recibido de cinéfilo.

Cuatro películas de Fellini

Fellini

Fellini

Hay libros que nos recomiendan las 1.000 películas que tenemos que ver antes de morir así como tarde o temprano en una entrevista le terminan preguntando al entrevistado qué películas se llevaría a una isla desierta. 8 ½ de Federico Fellini pertenece a otra categoría, la de películas en las que cabe todo el cine. Como esto no dice mucho o más bien dice demasiado, tratemos de contar de qué trata. Ahí ya tenemos un problema, porque en 8 ½ no hay trama, no hay cuento, no hay historia. O sí, pero Fellini no la cuenta como estamos acostumbrados a que nos cuenten las historias en el cine. 8 ½ pertenece a una clase de películas filmadas hacia fines de los cincuenta y durante la década del sesenta que se llamaron modernas y, en el mejor de los casos, son atemporales. Esta sigue tan viva como entonces, entre otras cosas porque su tiempo no es el sucesivo de la vida de un hombre o del relato de unos hechos, sino el simultáneo de la cabeza de un director de cine tratando de terminar una película que ni siquiera puede empezar.

[gn_quote style=”1″]8 ½ pertenece a una clase de películas filmadas hacia fines de los cincuenta y durante la década del sesenta que se llamaron modernas y, en el mejor de los casos, son atemporales.[/gn_quote]

Recuerdos, imaginaciones, fantasías, pesadillas, sueños diurnos y nocturnos aparecen y desaparecen como números de un espectáculo de circo o de un teatro de revistas. Vamos de un lado a otro de la realidad mental del personaje de Marcello Mastroianni, que está dividido entre la película que quiere filmar y su propia vida, tironeado por un harén de mujeres (entre las que se destaca una Claudia Cardinale que nunca estuvo tan blanca y tan linda y tan ligera y tan rotunda a la vez), un sin fin de productores y técnicos, sus padres, un crítico de cine, varios intelectuales, autoridades de la Iglesia que ofician de productores y demás criaturas tan concretas como simbólicas. Todas ellas bailando al compás de la música rota de Nino que va y viene, mareándonos con ese vaivén que es una de las experiencias más hermosas y tristes que pueden vivirse gracias al cine. Nada es igual después de ver esta película y nada volvió a serlo en la historia del cine. Ahí están David Lynch y Tim Burton, incomprensibles sin Fellini, para confirmarlo.

[gn_quote style=”1″]Recuerdos, imaginaciones, fantasías, pesadillas, sueños diurnos y nocturnos aparecen y desaparecen como números de un espectáculo de circo o de un teatro de revistas.[/gn_quote]

Y si en esa nave nodriza que es 8 ½ está contenido todo el cine, también lo están estas otras tres películas de Fellini que pueden verse en Qubit: Los inútiles, La dolce vita y Julieta de los espíritus. En orden cronológico inverso, Julieta de los espíritus recorre las desventuras de una esposa pequeño burguesa que no sabe cómo liberarse –ni tampoco si quiere hacerlo– de su condición subalterna, a la vez que Fellini se interna en la aventura del color, más acorde a su concepción circense sensorial del cine. La dolce vita, todavía en blanco y negro, fue una película bisagra y transgresora. La excomunión pesaba no sólo para el cineasta sino también para los católicos espectadores que la vieran, allá en Roma como acá en las pampas, pero más allá de esos avatares político culturales que marcaron una época, toda una generación de clase media se jugó la fe en esa película simultáneamente hermética (pero no tanto como las de Michelangelo Antonioni) y popular (pero no tanto como las comedias de Mario Monicelli). Allí Fellini encontró a su alter ego ideal en Mastroianni y allí sus personajes perdieron definitivamente la inocencia, esa que los grandulones de Los inútiles trataban de sostener a toda costa. Esta película, segundo largometraje dirigido por Fellini en solitario sigue siendo una película maravillosa, autobiográfica y grotesca, la aventura realista y fabulosa de cinco muchachos que no quieren, salvo uno, crecer. La excepción fue el mismo Fellini, que desde entonces le rindió homenaje a los que se quedaron anclados en la infancia, en el pueblo, en la madre.