¡A ver cortos animados!

Pixels

Los cortometrajes y los largometrajes suelen tener objetivos y búsquedas radicalmente diferentes. Uno de los motivos, probablemente el principal, es económico. Básicamente, en casi todas películas que se estrenan jueves a jueves en las salas comerciales trabajaron una infinidad de personas y se invirtió una infinidad de dinero. Es decir, hay mucho en juego, y el riesgo económico muchas veces es inversamente proporcional al riesgo cinematográfico. En criollo: nadie va a gastar 500 millones de dólares en un drama mudo de un chico con problemas que se hace amigo de una oveja o, al menos que se llame Walt Disney, en un proyecto experimental y semi-abstracto sobre la relación entre ritmo y color (¡Qué delirio Fantasía!). Obviamente, hay infinidad de excepciones, pero al cine comercial más grandote le gusta pisar sobre terreno firme, camina dando pasitos, se cuida de no romper nada, de no ofender mucho a nadie, de no pisar la línea amarilla, etc.

Pixels

En cambio, los cortometrajes (especialmente los animados, en donde se crea un universo de cero) suelen ser un terreno mucho más fértil para la exploración y para el riesgo. Más cerca de lo artesanal que de lo industrial, tienen una marcada tendencia a la experimentación: juegan con el encuadre, con el color, con la narración, con la construcción de los personajes, con el ritmo, con la plasticidad misma de la imagen, etc. Fíjense, por ejemplo, cuántos cortos animados son mudos o semi-mudos: los directores se empeñan en narrar (o en generar algún clima o en provocar alguna emoción) de la manera más “cinematográfica” posible, sin deberle nada a la palabra, intentando encontrar siempre la manera más original y visual de contar algo. En este sentido, el cortometraje está más cerca de ese “cine puro” por el que luchaban muchos teóricos y cineastas (Jean Epstein, Walter Ruttmann, Hans Richter…) en la década del veinte, hace ya casi 100 años, cuando el cine era un arte joven y las posibilidades parecían infinitas. En muchos de los cortos de animación todavía sobrevive ese espíritu de libertad.

En Qubit.tv tenemos cerca de 40 cortos animados. Te recomendamos empezar por los siguientes: Pixels, un merecido homenaje a las consolas de videojuegos de 8 bits; Babioles, algo así como una versión más extrema y chancha de Querida, encogí a los niños; Dix, la traducción visual de una horrible fobia mental… Ah, y ya que estamos, tres clásicos de la National Film Board of Canada, ese verdadero templo de la animación: Neighbors, del inoxidable Norman McLaren, The Cat Came Back, del siempre gracioso Cordell Barker, y En marchant, de Ryan Larkin, un verdadero fenómeno que hizo unos pocos cortos y después desapareció del mundo de la animación. ¿Quieren saber qué le pasó? Vean Ryan.