ENTREVISTA CON DIANA FREY, PRODUCTORA DE ESPERANDO LA CARROZA

Esperando la carroza

 

Esperando la carroza

 

¿Cómo llegó en 1985 a producir Esperando la carroza?

Yo había trabajado con Alejandro (Doria) en Darse cuenta. Cuando leí la obra de Jacobo Langsner me morí de risa, me identifiqué mucho con ese texto. Alejandro ya  había grabado en 1972 una versión de la obra en TV con Hedy Crilla para el ciclo Alta comedia. Hedy Crilla ya no vivía en el 85 y Alejandro tenía dudas porque no había una vieja muy anciana y que además tuviera nombre. Por otra parte, el no quería a una actriz joven haciendo de vieja. Un día cuando íbamos a promocionar Darse cuenta, se me ocurrió que la vieja podría ser Antonio Gasalla. Una vez que se definió aquel gran obstáculo lo demás fue muy fluido, porque el hecho de que la interpretara un hombre le quitó la dureza que tenía en el grotesco original.

 

¿Qué características tiene este reestreno?

Va a ser importante. No sabemos todavía con exactitud la cantidad de copias porque depende un poco de la disponibilidad de pantallas, pero calculamos que serán entre 40 y 55. Tuve la oportunidad de ver la película ayer y es increíble. Vi detalles que no recordaba y eso que la conozco de memoria.

¿Cómo fue el proceso de remasterización? 

Fue un trabajo monumental. No hubiera podido hacerse sin la revolución tecnológica de los últimos años. Se hizo una digitalización de cada fotograma. Y luego cada fotograma fue restaurado, porque los negativos sufren mucho con la manipulación. Se repararon las rayas, las marcas, las manchas. El sonido tiene agregados de ambiente, cosas que se habían perdido con el tiempo.

Tratándose de una película que tiene con el público una relación tan particular, pienso que haber hecho este proceso y volver a darla en el cine va a ser interesante porque los que no la vieron nunca en cine no se dan cuenta del efecto magnético que produce. Cuando en ocasión del 20 aniversario hicimos la proyección en Mar del Plata, el público tarareaba y palmeaba la música. Y no era gente invitada, eran espectadores del festival. Además, aplaudían la entrada de cada actor, como ocurre a veces en el teatro.

 

¿Qué opina de esta tendencia actual de reestrenar películas?

Creo que hay un interés por ver una película en una sala cinematográfica. Esto implica otro clima, otra percepción,  más silencio, mayor concentración, una pantalla enorme. Igual no me parece que esto sea extensivo a todas las películas. En algunas el reestreno funciona, quizás en películas de culto. O en películas imperfectas como Esperando la carroza que no es “la” obra de arte pero genera algo absolutamente mágico.

 

En algunas películas el reestreno funciona, quizás en películas de culto. O en películas imperfectas como Esperando la carroza que no es “la” obra de arte pero genera algo absolutamente mágico.

 

¿A propósito, por qué cree que se transformó en una película de culto? 

Siempre es misterioso el hecho de que se transforme en una película de culto, pero creo que los diálogos son extraordinarios. Estos conflictos respecto a qué hacer con los viejos, las relaciones entre hermanos, entre las parejas y con los padres no pierden vigencia. Yo creo que los jóvenes que conocieron la película a través del video y la TV vieron allí un reflejo de la sociedad. Es una película que soporta muchas visiones, y a través del tiempo la gente descubrió frases que pasan desapercibidas en una primera visión. Además todo se dice de una manera divertida. La película mueve a la reflexión pero no impone nada de manera aleccionadora.

 

¿Qué diferencias encuentra entre el panorama de la distribución actual y el de 1985? 

Siempre somos víctimas de los distribuidores. Estamos en manos de ellos. La problemática es muy parecida a la de 1985, pero ahora hay una confortabilidad que antes no existía. En ese sentido, hay cosas mejores en esta época. El tema del digital me gusta; es todo más liviano y es más barata la expedición. Si entregás a un circuito una copia, ese circuito la puede copiar para cuatro o cinco salas. No tenés que hacer cuatro o cinco copias. Y lo interesante es que con 25 copias podés estar en 40 pantallas. Pero los problemas con los distribuidores son los mismos; pagan tarde, te sacan de la sala, te dan la primera semana el 50% y luego se van quedando con el porcentaje. Lo que jugó a favor en los últimos años fue la tecnología. Antes las películas argentinas no se entendían bien.