¡Adrenalina al cuerpo!

 

Si estás recorriendo la provincia de Buenos Aires y decidís parar en el recóndito pueblito llamado El Dorado ¡no salgas a pasear de noche! Fenómenos extraños ocurren en las inmediaciones del lugar y es bastante probable que acabes ‘espantado’.

 

Todo documental que busca retratar una pequeña comunidad, muchas veces aislada y recluida dentro los escuetos límites de su terruño, implica cierto grado de intromisión, importuno y el peligro siempre acechante del etnocentrismo. Sin embargo ‘El espanto’ es justamente lo contrario. Los jóvenes realizadores Martín Benchimol y Pablo Aparo -en su segundo largometraje en conjunto luego de su film ‘La gente del río’, proyectado también en BAFICI en el 2013- forjan una especial comunión con los habitantes de este peculiar pueblo de la provincia de Buenos Aires, lo que inmediatamente se traduce en una colección de los testimonios más sinceros -muchas veces cercanos al ‘sincericidio’-, espontáneos y divertidos de varios referentes de la singular comunidad.

“Todo documental que busca retratar una pequeña comunidad, muchas veces aislada y recluida dentro los escuetos límites de su terruño, implica cierto grado de intromisión, importuno y el peligro siempre acechante del etnocentrismo. Sin embargo ‘El espanto’ es justamente lo contrario.”

En un lugar donde la medicina tradicional es mala palabra y las dolencias más usuales como el empacho, el ojeado y la pata de cabra se curan con cuerdas, sapos y palabras de mágicos poderes curativos, no hay demasiado lugar para la ciencia. No obstante, hay un mal que nadie en el pueblo puede -ni quiere- sanear: ‘El espanto’. Sólo un huraño personaje que vive al otro lado del puente y a quien nadie del pueblo se atreve a visitar, detenta la enigmática solución para este mal que, vaya uno a saber porqué, afecta sólo a las mujeres. Es entonces cuando la narración cobra un matiz surrealista y la tormenta que se avecina en el horizonte augura una noche repleta de misterios.

 

Estrenada en el [19] BAFICI, el film formó parte de la Competencia Oficial Argentina.

 

Marcelo Vázquez

 

[19] BAFICI: “Las cinéphilas”

 

El amor es, sin lugar a dudas, una de las emociones humanas más complejas de comprender y transmitir. Frecuentemente escapando a cualquier tipo de lógica y raciocinio, plantea un imponente desafío ante cualquier artista que se proponga representarlo. A pesar de ello, en esta decimonovena edición del BAFICI hemos podido apreciar algunos notables retratos de este intrincado sentimiento, tal como aquel dirigido con gran maestría por el cineasta brasileño Gabe Klinger -en torno al “amor a primera vista” entre un hombre y una mujer-, en su impecable film “Porto”. Sin embargo, uno podría preguntarse qué sucede cuando ese amor que se intenta reflejar en la pantalla grande no puede ser representado a través de las miradas, las caricias o los besos entre los personajes. A este intrincado dilema se enfrenta con gran aplomo la realizadora María Álvarez, quien, al querer representar el genuino amor que seis mujeres septuagenarias sienten por el séptimo arte, logró un sobresaliente documental titulado “Las cinéphilas”.

 

Si el film ganador del Oscar de Juan José Campanella pretendía transmitirnos que ningún hombre puede cambiar de pasión, el film de Álvarez de alguna manera viene a confirmarnos que cuando dicha pasión se ve atravesada por un afecto tan fuerte como el que exhiben las protagonistas de su film, ni el pasaje del tiempo, ni el deterioro de la salud ni nada podrán detenerlo. A través de seis de los más entrañables personajes que el género documental haya tenido, el film no sólo nos presenta una desprejuiciada mirada hacia lo que significa ser cinéfilo (a no confundir con ‘espectador’, como bien dice una de las señoras); pero también, un amable y jocoso retrato de sus vidas, atravesadas por su inconmensurable amor por el cine.

“[…] el film no sólo nos presenta una desprejuiciada mirada hacia lo que significa ser cinéfilo (a no confundir con ‘espectador’, como bien dice una de las señoras); pero también, un amable y jocoso retrato de sus vidas, atravesadas por su inconmensurable amor por el cine.”

 

Desde los anecdóticos recuerdos de su juventud cuando veían todo el cine del Neorrealismo Italiano y la Nouvelle Vague, hasta sus admirables esfuerzos por cuidadosamente seleccionar, filtrar y organizar sus grillas del Festival de Mar del Plata, la cinefilia de estas mujeres cobra vida a lo largo de cada fotograma del film. Uno incluso podría suponer que no hace falta escucharlas hablar de lo apuesto que era George Clooney o de cómo prefieren ver una película “cachonda” antes que una de Bergman o Rossellini (pues ya han visto la filmografía completa de dichos autores) para entender lo interiorizadas que se encuentran con el séptimo arte. Empero, además de constituir algunas de las escenas más irrisorias del film -el cual, cabe mencionar, posee elevados y muy bien logrados niveles de comicidad-, dichos momentos reflejan el enorme talento de Álvarez como narradora de este documental. En lugar de forzar a las “cinéphilas” a exhibir mediante convencionales preguntas y respuestas aquello que más las moviliza del cine, la paciente directora elige, con una enorme confianza en sus protagonistas, dejar que ellas mismas sean quienes transmitan aquello que verdaderamente sienten, una acertada decisión por la que no podríamos estar más agradecidos.

 

Antes de concluir, resulta pertinente destacar uno de los momentos más enternecedores del relato, cuando hacia su final una de las protagonistas cita la película “Madadayo” (1993), de Akira Kurosawa. El título de dicho film -dice Lucía- proviene de una frase que el personaje interpretado por Tatsuo Matsumura se dice a sí mismo al cumplir años y que se traduce como “aún estoy aquí”. Con total naturalidad, Lucía le confiesa a la cámara que, a partir de aquel film, ella misma ha adquirido el hábito de repetir la frase cada vez que le toca festejar su natalicio, denotando -una vez más- la arraigada cinefilia que la invade. Si bien es Lucía quien cita la frase en cuestión, pareciera como si -de alguna manera- las otras cinco protagonistas y su debutante directora también estuviesen diciendo, a través de este maravilloso documental, “aún estamos aquí… gracias al cine”.

 

Es efectivamente gracias a ese profundo amor por el séptimo arte que, en el último día del festival, en una colmada función “sorpresa” (organizada luego de que el film fuera galardonado con el Premio del Público la noche anterior), los espectadores nos hayamos visto indefectiblemente contagiados por esa innegable vitalidad que “Las cinéphilas” exhibe; por ese pasional -e infinito- compromiso con el cine que cada una de ellas predica; y, sobre todo, por esa rejuvenecedora cinefilia que de manera tan transparente han compartido con nosotros a lo largo de los apenas setenta minutos de duración del film. Gracias a ellas y a films como el orquestado por María Álvarez, en este [19] BAFICI el amor por el cine ha dicho -una vez más- “madadayo”.

 

 

Del relax a la catástrofe

 

 

En el post anterior hicimos referencia a todo aquello que nos transmitían los paisajes en las películas, al deseo de sol y al calor de verano que nos transportan rápidamente a una playa de arena blanca y agua cristalina. Pero, ¿suele ser así? ¿siempre estar en esa situación es placentero? Parece que no, y en Qubit.tv te mostramos por qué.

 

 

Pirañas: El regreso

 

 

En 1982 conocíamos de la mano de James Cameron, una secuela del mítico film de Joe Dante de 1981, un ejemplo del cine de terror de los años 80 filmada en playas de Jamaica: Pirañas – El regreso. Se trata de pirañas mutantes capaces de volar (sí, vuelan) que aterrorizan a la sociedad  y el número de muertos crece cada vez más.

 

 

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Tiburón – Jaws

 

 

En 1975, el joven Steven Spielberg estrenaba una de las películas que muchos consideraron como la mejor de la historia: “Tiburón”. El film fue el que definió el concepto de ‘blockbuster’ (película comercial de gran éxito, estrenada en el periodo de vacaciones) siendo la más taquillera de la historia hasta el estreno de Star Wars.

El pánico se desata en Amity Island cuando se suceden una serie de ataques a bañistas y navegantes por un tiburón blanco gigante y  el jefe de la policía local deberá unir fuerzas con un oceanógrafo y un veterano cazador de tiburones para detenerlo.

 

 

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The Shallows

 

 

Para superar la muerte de su madre,  Nancy viaja a una alejada playa paradisíaca. Pero su jornada de placer se convierte en una pesadilla cuando un enorme tiburón blanco inicia una brutal masacre. Volvemos a encontrarnos con esta temible especie, pero en este caso acecha a una joven y bella surfista en un desesperante thriller de la mano del creador de “La Huerfana” y “La casa de cera”.

 

 

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Mood Veraniego

 

 

Los veranos en las películas siempre son una mezcla entre diversión, locura, playas paradisíacas y amores a primera vista que empiezan en el minuto cero y terminan con la palabra FIN.  El verlas nos transmite calor, ganas de salir al sol y de escuchar una canción alrededor de una fogata. Qubit.tv te invita a sentir esas sensaciones y a transportarte a algunas de estas historias.

 

 

Juego de Gemelas

Tras descubrir que son hermanas gemelas en un campamento de verano, las traviesas Annie y Hallie idean un plan para hacer que sus padres -quienes las separaron al nacer- vuelvan a estar juntos como familia.

 

 

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Como si fuera la primera vez

Las hermosas playas de Hawaii son el escenario que rodea el amor entre Henry y Lucy. Henry es el clásico soltero por vocación hasta que conoce a la encantadora Lucy y se enamora de ella. Pero hay un problema: la joven sufre una extraña amnesia que cada mañana borra sus recuerdos del día anterior.

 

 

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The Shallows

Para superar la muerte de su madre, la joven surfista Nancy viaja a una alejada playa paradisíaca. Pero su jornada de placer se convierte en una pesadilla cuando un enorme tiburón blanco inicia una brutal masacre.

 

 

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Madres perfectas

Lil y Roz, dos mejores amigas desde la infancia viven en un lugar paradisíaco con sus respectivos hijos. Lo que parecería una vida ideal se complica cuando cada una se enamora del hijo de la otra.

 

 

Lo que no sabías de La Vida de Adele

 

 

En Qubit.tv te contamos el detrás de escena de uno de los films franceses más celebrados por crítica y público en los últimos años: La Vida de Adele, un sensible y exquisito drama amoroso.

 

 

1- Tardaron diez días en rodar la escena de sexo que dura unos diez minutos. Además, fue la primera escena que las protagonistas rodaron juntas.

 

 

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2- Jérémie Laheurte y Adèle Exarchopoulos son pareja desde aquel rodaje.

 

 

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3- Adèle Exarchopoulos se cortó cuando Léa Seydoux la empuja fuera de la puerta de cristal durante la escena de la pelea, sin embargo el director Abdellatif Kechiche se negó a cortar a pesar de que estaba sangrando por todas partes.

 

 

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4- A Léa (Emma) no le importó teñirse el pelo de azul para la película, pero le molestaba que la ropa también fuera de color azul. Según ella, el contraste con su piel le hacía parecer enferma.

 

 

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5- A muchos franceses no les alegró el triunfo de esta película en Cannes. Su rodaje coincidió con la polémica que se desató en el país por la ley que intentaba aprobar el matrimonio igualitario.

 

 

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Fin de una etapa, comienzo de otra

 

Puede ser la época más problemática, o la mejor y más emocionante de nuestras vidas. El cine supo reflejar en numerosas películas, una etapa tan mágica como compleja. Amor, desamor, aventura, confusión y rebeldía, en Qubit.tv te recomendamos 5 películas que retratan momentos puntuales de la adolescencia.

 

 

The Spectacular Now

Una historia que refleja lo difícil que puede ser atravesar la adolescencia y lo que puede ser vivir una historia de amor en esa etapa. “Vive el ahora” se repite a sí mismo Sutter, el rey de las fiestas del colegio. Pero sus excesos hacen que su novia lo deje y su vida comienza a derrumbarse. Hasta que conoce a la tímida Aimee y su mundo se resignifica. The Spectacular Now es un sensible Coming of age acerca de dos adolescentes de carácter radicalmente opuesto y una historia de amor que cambiará sus vidas.

 

 

 

Ni Idea – Clueless

Típica historia de adolescentes que prefieren por sobre cualquier cosa estar a la moda, bien vestidas, y ser las personas más populares de la escuela. Cher es una adinerada y superficial adolescente en un colegio de Beverly Hills. Junto a su amiga Dionne intentan embellecer a la chica nueva Tai, mientras descubren que la sola belleza no alcanza para ser felices.

 

 

 

La vida de Adele

A los 15 años Adele tiene dos cosas muy claras: es una adolescente, y le gusta salir con chicos. Pero todo su mundo va a cambiar cuando conoce a Emma. El deseo por otra mujer comenzará un camino de autoconocimiento y liberación. Interiorizando todos los problemas de la adolescencia en un rincón de su mente, cambiará su forma de ver el mundo y la manera en la que otros la miran, pero la mentalidad cerrada de sus padres, y una dura moral, se interpondrán en su camino hacia la libertad y la felicidad.

 

 

Chicas pesadas – Mean girls

Ser la chica nueva, adaptarse a vivir en otro lugar y que te guste el exnovio de la chica más popular del colegio es la razón por la que a Cady le comenzarán a hacer la vida imposible y por la que ella no tendrá más remedio que defenderse. En Chicas Pesadas rige la ley del más fuerte, pero entre adolescentes.

 

 

 

Las ventajas de ser invisible

Pese a la timidez, los complejos, el primer día de escuela y el trato hostil de algunos, Charlie encuentra en Sam y Patrick dos amigos que lo ayudarán a sobrellevar su carga. Un emotivo Coming of Age acerca de un adolescente inteligente y sensible que aún no ha superado el suicidio de su mejor amigo y se encuentra a punto de enfrentarse nada menos que a su primer gran amor.

 

“Zootopia”: Aprendiendo a vivir en sociedad

Zootopia

 

Nunca un film familiar de animación se comprometió tanto con un tema de actualidad -como es en este caso el racismo- de la misma manera que la nueva película de Disney Animation Studios, “Zootopia”. El film, ya disponible en Qubit.tv, cuenta la historia de la entrañable Judy Hopps, una pequeña pero persistente coneja quien sueña con convertirse en la primer oficial de policía de su especie, en la utópica ciudad de Zootopia donde los seres humanos jamás existieron y donde todos los mamíferos del mundo viven en una idílica comunión.

 

Sin embargo, en esta sociedad multiétnica aparentemente perfecta, subyace una profunda herida social que se remonta a tiempos pasados y que aún no ha terminado de sanar. En el interior de la cotidianeidad de su rutina, dentro de esta armoniosa estructura social preestablecida en la que están acostumbrados a vivir los animales, se esconde una contradicción ineludible: los animales se dicen iguales, independientemente de la especie a la que pertenecen, pero no por ello se tratan de igual manera unos con otros. Cualquier similitud con nuestra realidad no es pura coincidencia.

 

“ […] Los animales se dicen iguales, independientemente de la especie a la que pertenecen, pero no por ello se tratan de igual manera unos con otros. Cualquier similitud con nuestra realidad no es pura coincidencia.”

 

Esto se debe a que, a pesar de estar habitada por animales, la ciudad de Zootopia funciona como un reflejo perfecto de nuestra imperfecta raza humana. Los animales del film tienen trabajos, visten ropa, usan smartphones, escuchan a la exótica cantante Gazelle (Shakira) y hasta incluso insultan cuando son multados por estacionar incorrectamente (la personificación de los animales en el film es uno de sus puntos más altos, exhibiendo una gran creatividad por parte de sus guionistas y haciendo uso además de numerosas e hilarantes referencias cómicas). Pero en el fondo de esta simpática sociedad, se esconde una inevitable desconfianza, incertidumbre y hasta incluso miedo de los habitantes de Zootopia respecto de sus co-ciudadanos.

 

Afortunadamente, el film se toma el trabajo de darnos no una mirada unilateral sobre el racismo y la discriminación, sino las dos caras de la misma moneda al incorporar la cosmovisión del otro protagonista del film, el zorro Nick Wilde (interpretado por el siempre genial Jason Bateman). Entonces, lo que en una primera instancia parecía ser meramente un relato de autosuperación de la protagonista débil -no por su personalidad, sino por su especie- logrando vencer la adversidad que le presentaban los más fuertes, el relato en cambio vira hacia algo muchísimo más interesante y valorable: escapando de cualquier tipo de cliché, el film nos regala una entretenida y profunda reflexión sobre los altos niveles de prejuicios existentes en nuestra sociedad.

 

“ […] Escapando de cualquier tipo de cliché, el film nos regala una entretenida y profunda reflexión sobre los altos niveles de prejuicios existentes en nuestra sociedad.”

 

Una apuesta sin dudas desafiante para Byron Howard (Enredados) y Rich Moore (Wreck-It-Ralph), los directores de “Zootopia” quienes enfrentaron la difícil tarea de obligarnos, como espectadores, a realizar una introspección y percatarnos -al igual que la querible oficial Hopps- de que vivimos en realidad en una sociedad arraigada por prejuicios infundados e inculcados por los medios y hasta incluso por nuestros propios (y sobreprotectores) padres. Entonces nuestra protagonista, venciendo sus prejuicios y confiando en aquél que es discriminado, logra resolver el misterio que subyace en nuestra xenófoba sociedad: “el mal” no siempre es cometido por aquel que por su aspecto, raza o antecedentes estamos acostumbrados a juzgar. Muchas veces hasta el más pequeño (y de apariencia inofensiva) de los seres es quien más mal le termina causando al mundo.

 

Resulta inevitable visualizar este hermoso film y no relacionarlo con las innecesarias y violentas represalias policiales hacia ciudadanos de raza negra en los Estados Unidos hace poco más de un año (en este sentido, no es coincidencia alguna la profesión de la protagonista del film), o incluso con el trágico evento ocurrido la semana pasada en una discoteca de Orlando donde cincuenta personas perdieron su vida y otras tantas fueron heridas por un estudiante norteamericano de ascendencia islámica. Al día siguiente de este inhumano evento, un hombre de gran elocuencia y fama emitió un tweet básicamente incentivando la discriminación de aquellas personas que, al igual que al asesino, practican cierto culto religioso o que provienen de determinada zona del planeta, ya que -según él- son estas personas las que ejercen el mal en el mundo. Sin embargo y como nos demuestra “Zootopia”, alguien debería decirle al Sr. Donald Trump -este hombre que detrás de su éxito y excesiva seguridad esconde una ideología digna de un dictador fascista- que es en realidad él quien está sembrando el terror entre los ciudadanos, señalando a quien es distinto como fuente de todo mal, similarmente a lo que les sucede a los animales de esta ciudad animada.

 

Como verán, el análisis de un film como “Zootopia” puede extrapolarse a múltiples ámbitos. Esto sucede porque no nos encontramos bajo ninguna circunstancia ante una más de tantas películas animadas que meramente desean entretener a un público infantil con espectaculares animaciones, mundos extravagantes e ingeniosos chistes. Hay algo de eso en el film, pero “Zootopia” es mucho más. Es una de las películas más valientes y autoconscientes de su tiempo, un afable relato que nos enseña que por más avanzados que creamos ser como raza y por más tecnología que tengamos al alcance de nuestras manos, hasta que no nos liberemos de los numerosos prejuicios que gobiernan nuestra sociedad, nunca terminaremos de evolucionar; contrariamente a los animales del film quienes, si bien reflejan nuestra imperfecta naturaleza humana, lograron -al fin y al cabo- vencer todo tipo de discriminación y, sobre todo, transmitirnos una valiosa lección. Ahora queda en nosotros aprenderla.

 

No dejen de ver “Zootopia” en Qubit.tv.
Notas relacionadas:

 

 

BAFICI [18]: “JeruZalem”

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Hay que ser muy desafortunado para irse de vacaciones a un país extranjero justo en el mismo día en que se desata un apocalipsis de proporciones bíblicas. Para nuestro disfrute como espectadores, esto es lo que le sucede a las ‘inocentes’ protagonistas de este entretenido film de origen israelí, proyectado en la 18va edición del BAFICI.

 

Dirigido por Yoav y Doron Paz, el film -de un gran atractivo turístico- podría ser incluido dentro de un posible subgénero llamado ‘terror en primera persona’, categoría que compartiría con films como la pionera “El proyecto de Blair Witch”, la sorpresiva “Cloverfield” y otras tantas películas realizadas con la técnica del ‘found footage’. “JeruZalem”, cuyo título también podría ser “Atrapadas en Jerusalem”, es una divertida y tensionante experiencia voyeurista en la cual visionamos todas las desgracias ocurridas a las protagonistas del film a través de los anteojos Google Glass de una de ellas.

 

El film se condice con la nueva tendencia mundial que gira en torno al uso de tecnología inmersiva (también conocida como Realidad Virtual, como la disfrutable en el Espacio Qubit del Centro Cultural Recoleta) y a films realizados con una estética muy similar a la de un videojuego, en la cual uno ‘ve todo a través de los ojos del protagonista’, por decirlo en pocas palabras. Existe incluso en “JeruZalem” una genial escena en la que el film literalmente se vuelve un videojuego, explicitando el claro e inevitable parentesco que el espectador reconoce. En un año en el que el film ruso “Hardcore Henry” -también filmado desde la subjetiva de su protagonista- causó un gran furor tras su estreno en el Festival de Toronto, no es casualidad alguna que veamos en este BAFICI [18] una película como “JeruZalem” que explora las posibilidades de este tipo de filmación, pero desde el género de terror y al mismo tiempo, aprovechando otras populares tendencias actuales tal como la constante interacción de los jóvenes con las redes sociales, un recurso que es utilizado brillantemente en el film como fuente de ‘comic reliefs’ (Ej: la ingeniosa escena sexual en la que saltan a la pantalla los mensajes del preocupado padre de la protagonista).

 

Con respecto a esto último, es necesario resaltar que uno de los mayores méritos del film es su adecuado y efectivo uso de la comedia. “JeruZalem” es sin dudas, un film de terror y suspenso, pero es también una hilarante comedia. En casos como la escena mencionada anteriormente o en cada una de las instancias en la que la protagonista comete un error y sus anteojos le dicen “FATAL ERROR”, hay una intención consciente por parte de los realizadores, de explicitar algunos de los inevitables clichés del género, que desencadena un inesperado -y gratificante- efecto de comicidad en el espectador. Es decir, la puesta en evidencia de la estupidez de los personajes -sin llegar a pasarse al lado de la parodia- y el hacer que éstos mismos digan ‘que estúpido plan’, genera un efecto irrisorio en el público conocedor del género, quien en cierto punto incluso llega a festejar las malas decisiones tomadas por los protagonistas. Esta apuesta de los realizadores por hacer un film de terror impregnado de comedia, si bien era muy riesgosa, fue llevada a cabo espléndidamente y es uno de los puntos más altos del film, en conjunto con la filmación de -por ejemplo- una fiesta en primera persona o la utilización del loquero como locación para una de las mejores escenas de suspenso del film.

Uno de los mayores méritos del film es su adecuado y efectivo uso de la comedia. ‘JeruZalem’ es sin dudas, un film de terror y suspenso, pero es también una hilarante comedia.

Lamentablemente, no todo es color de rosas para los Hermanos Paz ya que el film tiene efectivamente numerosas falencias tal como la insistente y poco sutil anticipación del evento apocalíptico o la utilización de efectos visuales de un nivel no muy elevado, pero sobre todo, la pésima caracterización e interpretación del personaje de Kevin, quien parece existir dentro del film meramente para generar (insatisfactoriamente) paranoia entre los otros personajes y para “vomitar” diálogos explicativos acerca de la trama sobrenatural que está ocurriendo.

 

A pesar de todo esto, uno sale de “JeruZalem” con un saldo muy positivo e inesperado. Gracias a logrados momentos de suspenso en los que se explota al máximo la ausencia de visión o el desconocimiento acerca de lo que está sucediendo como fuente de miedo, los directores del film han logrado darle una nueva vuelta de tuerca al subgénero iniciado en los noventa por “El proyecto Blair Witch”, tiñendolo de comedia y actualidad, resultando así en una emocionante experiencia percibida desde la angustiante inmovilidad  de la butaca en la que uno se encuentra sentado.

 

 

Notas relacionadas:

 

 

BAFICI [18]: “11 Minutes”

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El gran Orson Welles alguna vez dijo: “En el cine, el montaje no es un aspecto. Es el aspecto. Lo esencial es la duración de cada imagen y lo que sigue a cada imagen. Lo que le otorga al cine toda elocuencia es lo que se gesta en la sala de montaje”. Luego de asistir a una proyección del film “11 Minutes”, en el marco de la 18va edición del BAFICI, resulta casi imposible no relacionar la nueva obra de Jerzy Skolimowski con la frase adjudicada al director de “El Ciudadano”. Incluso se podría argumentar que el más reciente film del realizador polaco es indudablemente un claro ejemplo de que el cine es esencialmente montaje, y siendo este último -de acuerdo con Welles- el aspecto troncal del primero, entonces nos atreveremos a decir que “11 Minutes” es cine (montaje) en su estado más puro.

 

El nuevo film del director de “Essential Killing” gira en torno a una serie de diversas (y numerosas) historias que se desarrollan simultánea y paralelamente, en el centro de la ciudad de Varsovia, en el transcurso de tan sólo 11 minutos. Ante dicha premisa, uno podría pensar como espectador prejuicioso que Skolimowski -quien además escribió el guión del film- se enfrentaba, mínimamente, con un enorme desafío: sostener la tensión dramática a lo largo de los 81 minutos de duración del film, girando exclusivamente en torno a un espectro temporal tan reducido y limitante. Sin embargo, y para la grata sorpresa de los espectadores, el film no sólo logra mantener el suspenso y la progresión dramática a lo largo de todo su metraje, sino que además, lo realiza de tal magistral manera que uno no puede evitar estar ansiosamente sentado al borde de su butaca, esperando la épica conclusión de este increíble tour de force.

 

“El nuevo film del director de “Essential Killing” gira en torno a una serie de diversas (y numerosas) historias que se desarrollan simultánea y paralelamente, en el centro de la ciudad de Varsovia, en el transcurso de tan sólo 11 minutos.

 

Entre las herramientas de las cuales se provee Skolimowski para lograr tan admirable hazaña, figura una caracterización de los distintos personajes -desde el guión y casting- tan correcta que resulta imposible perder el hilo conductor de la historia de cada uno de ellos. Similarmente, el director también realiza un tratamiento -tanto visual como sonoro- del film, que hace que cada plano, cada pieza musical, capte férreamente la atención del público. Hay en “11 Minutes” un gran mérito en torno al diseño sonoro de la película y a las precisas posiciones de cámara desde las cuales el director elige contar las diversas historias. Sin embargo, aún no hemos mencionado aquella tarea -brillantemente llevada a cabo desde el montaje y desde su previa escritura en el guión- que hace que efectivamente el film se sostenga de principio a fin. Se trata de la dosificación de la información.

 

Si bien nadie que haya visto el film estaría en desacuerdo al decir que el mismo es una maestría de montaje alterno, cabe destacar que además existe en él un trabajo milimétrico sobre la cantidad -y calidad- de información que se le da paulatinamente al espectador a medida que avanza el relato. Dicho trabajo se remonta obligatoriamente al guión literario del film, que plantea -desde un comienzo- hasta qué momento llega una historia antes de cambiar a otra, cuánto llegamos a conocer a los personajes (lo suficiente como para interesarnos en ellos pero no tanto como para ya anticipar su accionar) antes de conocer a los demás, y finalmente, hasta qué punto podemos tolerar la asfixiante tensión de una escena antes de descomprimir con otra, volver a construir desde cero y así sucesivamente hasta generar no una, sino numerosas bolas de nieve las cuales avanzan firme y rápidamente por la empinada montaña que es el montaje del film, anticipando así la llegada de un épico y explosivo clímax, el cual -una vez que llega- no decepciona en lo absoluto.

 

Pero como si ello no fuera poco -bajo ninguna circunstancia lo es-, una vez ocurrido el tan ansiado clímax, el director aún tiene más para ofrecernos: se trata de una conclusión que de ser descrita como ‘excelente’, sería faltarle el respeto. El film cierra con una pequeña semilla que se fue plantando progresivamente a lo largo de todo el relato, pero que nosotros, embadurnados por la orgásmica tensión del film, dejamos pasar inconscientemente, tan solo para dejarnos sorprender una vez más por lo que posiblemente sea -me atrevo a decir-, uno de los mejores films del año y sin lugar a dudas, una de las experiencias más cinematográficamente gratificantes que nos ha regalado esta nueva edición del BAFICI.

 

 

Notas relacionadas:

 

 

BAFICI [18]: ‘El último (gran) director’

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Para alegría del mundo cinéfilo, ha comenzado la decimoctava edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, y con él, celebramos la llegada de más de 400 películas y cortometrajes, numerosas -y excelentes- muestras en el Centro Cultural Recoleta, pero sobre todo celebramos la llegada de un cineasta como pocos: Peter Bogdanovich.

 

El famoso director de clásicos inolvidables como “Luna de papel” y “Míralos morir” es el invitado de lujo de este BAFICI [18] y como tal, algunos de los eventos más emocionantes del festival han ocurrido en torno suyo. Principalmente me refiero a la inolvidable charla que brindó el sábado pasado en el Auditorio El Aleph, donde habló para un grupo de privilegiados espectadores acerca de su filmografía, su vida privada y sus envidiadas amistades con algunos de los hombres que personifican al cine en su máxima expresión: Welles, Ford y Hitchcock, entre otros.

 

Además de dicha charla y de la presentación de un libro en su honor, el director de “Una cosa llamada amor” es el centro de una de las retrospectivas más atractivas y concurridas del festival, junto a aquella dedicada al difunto Fabián Bielinsky. En dicha sección, figuran algunos de los films más significativos y maravillosos del crítico, guionista y director. Entre ellos, los mencionados anteriormente, el interesantísimo documental “One Day Since Yesterday” (dirigido por Bill Teck), la hilarante “¿Qué pasa, doctor?”, el genial documental que realizó sobre la vida de Tom Petty, su última película “Terapia en Broadway” y finalmente, la hermosa “The Last Picture Show”.

 

“El director de ‘Una cosa llamada amor?’ es el centro de una de las retrospectivas más atractivas y concurridas del festival, junto a aquella dedicada al difunto Fabián Bielinsky.”

Ésta última, estrenada en nuestro país a comienzos de 1972 bajo el nombre “La última película”, gira en torno a un grupo de adolescentes de un pequeño pueblo de Texas el cual es descrito, por uno de ellos mismos, como ‘un lugar llano y vacío, sin nada para hacer’. Entonces, este grupo de jóvenes sin divertimento alguno e interpretados magistralmente por Timothy Bottoms, Jeff Bridges y Randy Quaid, se ve obligado a recluirse al interior de la vieja sala de cine del pueblo (donde se hace presente un tema recurrente en la obra de Bogdanovich: el cine dentro del cine), o de la cafetería en decadencia, o incluso al interior de sus autos, donde caerán víctimas de los encantos de las mujeres del pueblo. Corrección, de LA mujer del pueblo: Cybill Shepard, quien -en su primer papel cinematográfico- despliega su hipnótica belleza en cada plano donde aparece, asemejando así dichos planos a los de una estilizada publicidad debido a la seducción que transmiten, seducción de la cual también fue víctima el propio Bogdanovich en la vida real.

 

Entre los mayores méritos del director en “La última película”, figuran -obviamente- su trabajo con los actores (nótense las brillantes interpretaciones de Ben Johnson, Ellen Burstyn y Cloris Leachman), pero también su clarividencia al entender la esencia del libro en el cual está basado el film, ideando irrisorias y tensionantes secuencias en las cuales ‘la incomodidad’ irrumpe con el conformismo y con el gris de la vida cotidiana que se viven en este desmejorado pueblo.

 

Al visualizar el film, uno puede notar además, cierta reminiscencia a “El Ciudadano” de Welles. Efectivamente, el mismo Bogdanovich contó en la hilarante charla previa a la proyección, que el film de ‘Orson’ -así lo llamaba a su amigo- fue una inspiración muy presente al momento de pensar “La última película”, principalmente en torno decisiones narrativas relacionadas con la fotografía y los encuadres. La presencia del cine de Welles y Ford en Bogdanovich es casi tan notoria como la influencia que la obra de Bogdanovich ejerció sobre directores como Linklater, Lynch, Payne y hasta en el mismísimo Spielberg.

 

Al momento de su estreno, la segunda película de Bogdanovich fue definida por un importante medio de crítica norteamericano como “una de las mejores películas de lo que sería, si no fuera por ella, un año cinematográfico bastante poco interesante”. Al día de hoy, dicha declaración se sostiene firme, tal como lo hace el mismo Peter Bogdanovich, un talentoso director que entabló amistad con los más reconocidos directores del llamado ‘viejo Hollywood’, mientras él mismo daba inicio, junto a realizadores como Scorsese, Coppola y DePalma, al ‘nuevo Hollywood’. A sus 76 años Bogdanovich es, sin lugar a dudas, la figura sobreviviente de un cine lejano pero inoxidable y al igual que éste, ‘Peter’ demuestra la misma vitalidad, el mismo humor y la misma brillantez que sus películas siempre irradiaron y que siguen irradiando hasta el dia de hoy.

 

 

 

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