Ruby Gloom: Belleza y monstruosidad

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“Estate preparado, que vamos a mostrarte, el lado claro de la oscurida-a-ad”. Así canta la luna en la presentación de Ruby Gloom y son, sin dudas, lo que se dice explicit lyrics; letras explícitas: queda todo dicho en un verso; este encantador dibujo animado canadiense es precisamente eso, el lado brillante del lado oscuro, la celebración de lo macabro, la belleza entre las telarañas y la mugre. La protagonista, la chica que le da nombre a la serie, es Ruby Gloom (¿Melancolía Rubí?), pero podría bien llamarse Ruby Glam: una nena gótica encantadora, una pequeña heroína para las pequeñas y adolescentes góticas del nuevo milenio, la generación criada bajo los efectos seductores y vagamente mortuorios y escatológicos de El extraño mundo de Jack, El cadáver de la novia, Coraline, Paranorman y The Boxtrolls, y también Monster High (las Barbies modeladas según los monstruos clásicos de la Universal) y los lobizones y vampiros de Crepúsculo, y más recientemente los muertos mexicanos celebrados u olvidados de El libro de la vida; y también para los nenes que vieron todo eso mismo y a s u vez cayeron bajo el hechizo de la actual zombificación de todos los objetos de la cultura popular contemporánea: series, dibujitos y videojuegos.

 

Con su rostro blanquísimo como una calavera, su cabello rabiosamente colorado, su vestido negro y sus medias a rayas, Ruby Gloom es algo así como la última muñeca de diseño creada para engatusar a quienes crecieron con The Cure y Siouxie and the Banshees y hoy son padres. Cuando se estrenó en la televisión canadiense y estadounidense unos pocos años atrás, algunas reseñas la definieron como “la nena que le encantaría a Tim Burton” y es un lugar común pero sí, hay bastante de eso, del inventor del Chico Ostra y su caterva de chicos marginales y locos, sus monstruitos bellos y trágicos con manos de tijeras.

 

Y es que, efectivamente, Ruby Gloom fue primero una muñeca de diseño. La cosa empezó hace apenas más de una década cuando la compañía americana Mighty Fine encargó su creación como una línea de ropa y accesorios; una colección de personajes sencillos y tierna e inofensivamente macabros, perfectos para estamparse en remeras, mochilas, cartucheras, carteras, llaveros y peluches. El sitio oficial la describía como “La chica más feliz del mundo”, pero aclaraba: “feliz a su manera”. Tan feliz, “que podría morir de felicidad”. El principal diseñador de Ruby y sus amigos fue Martin Hsu, un ilustrador y diseñador gráfico nacido en 1978 en Taiwán, que se mudó con su familia a California a los trece años, y lleva ya unos quince dibujando personajes propios y también otros para franquicias ajenas como Hello Kitty y alguna que otra de Disney, y confiando en que algún día será un veterano creador de mundos como su admirado Hayao Miyazaki, el de Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro. Mientras se proyectaba, pudo ver cómo su creación más famosa se adaptaba perfectamente a un  universo en el que los monstruos son los personajes más encantadores del cine –pensar también en Mike y Sully, de Monsters Inc.– y morirse de miedo no sólo tiene morbo sino también gracia y onda. Encanto y espanto como una misma cosa.

 

“La protagonista, la chica que le da nombre a la serie, es Ruby Gloom (¿Melancolía Rubí?), pero podría bien llamarse Ruby Glam: una nena gótica encantadora, una pequeña heroína para las pequeñas y adolescentes góticas del nuevo milenio.”

 

Dos años y pico después de nacer como juguete y remeras, Ruby pasó a la televisión, protagonizando esta serie en la que la luna nos invita a conocer el lado claro de la oscuridad, mientras la protagonista desfila con su banda de bizarritos o monta su bicicleta antigua junto con su gato negro Doom (Maldición), recortados ambos en geométricas siluetas negras sobre blanco que remedan, salvando las ocho décadas de distancia, las hipnóticas imágenes del Príncipe Ahmed de Lotte Reiniger. El programa, la mansión en la que vive Ruby es algo así como el centro social de Gloomsville, el lugar en el que la pequeña reune a todos sus raros amigos: un niño esqueleto, una nena llamada Misery condenada a honrar su nombre sufriendo accidentes todo el tiempo, otra de un solo ojo (Iris), un chico con dos cabezas que congenian bastante bien, un murciélago asustadizo, y un fantasmita que, como el viejo y querido Gasparín (o Casper) debería, pero no puede, cumplir con el mandato de cualquier ánima: asustar a otros. Entre estos y otros bicharracos –como tres cuervos muy educados llamados Edgar, Allan y Poe– conforman una familia muy normal, con una tendencia a tomarse las tareas más cotidianas con macabra literalidad, como cuando el muchacho de dos cabezas –o los dos muchachos con un solo torso– deciden que, para componer una canción que refleje apropiadamente las personalidades de sus amigos, deben meterse en las cabezas de estos, y eso mismo hacen: un trip insólito por cráneos ajenos.

 

El lado claro de la oscurida-a-ad, capítulo a capítulo: por ahí andan Ruby Gloom-Glam y su banda de góticos y bizarros; divirtiéndose con lo asqueroso, desacralizando en un juego –que los chicos pueden incorporar más naturalmente que los adultos, ya formateados– nuestros miedos más básicos y profundos. Tomando sol bajo la tormenta. Bailando en el cementerio. Chupándose hasta los huesitos propios. Mientras el muerto se ríe con el degollado.