El mejor terror

El mejor terror

 

 

Los extraordinarios cuentos de Edgar Allan Poe fueron adaptados al cine infinidad de veces pero en muy pocas ocasiones dieron lugar a películas igual de extraordinarias. Existe, sin embargo, un puñado de obras maestras entre los delirios que los cuentos del bostoniano autor de “El corazón delator” inspiraron en unos pocos guionistas y cineastas. El secreto de estas obras maestras reside en parte en que no tuvieron problema en distanciarse de su fuente literaria, en general cuentos de unas muy pocas páginas, para crear un largometraje autónomo, una cosa nueva que conserva apenas unos elementos claves del original, pero todo su espíritu. Una de estas películas esenciales es El gato negro, de Edgar G. Ulmer, con Boris Karloff  y Bela Lugosi, en la que en la que hay un gato negro, sí, pero donde por lo demás la idea de adaptación “libre” cobra nuevas dimensiones.

 

 

Otra, acaso la mayor, indudablemente la más hipnótica, es de The Pit and the Pendulum, conocida por acá alguna vez como La fosa y el péndulo y luego como El pozo y el péndulo, la segunda de las películas de famoso “ciclo Poe” que el rey de la clase B, Roger Corman, filmó para la productora American International Pictures, contando varias veces con la colaboración de otro autor único: Richard Matheson.

 

 

El mejor terror

 

 

Autor de dos novelas fundamentales del género fantástico (Soy leyenda y El increíble hombre menguante) y guionista imprescindible de la serie La dimensión desconocida, Matheson fue el responsable de tomar las 10 páginas del claustrofóbico cuento de Poe y convertirlo en un brumoso y atmosférico  misterio de angustia, obsesión y posesión. Permanecen del original, por supuesto, el pozo y el filoso y fatal péndulo-hacha de inspiración medievalista del título, así como su origen como aparato de tortura y sadismo de la Santa Inquisición Española. Aparato que, cortesía de la afiebrada imaginación de Matheson y Corman, ahora mora en las catacumbas del castillo de la familia Medina, habitado por su sufrido heredero Nicholas,  a quien interpreta el hombre que le da cuerpo a todo el asunto, la otra pieza clave de esta adaptación: Vincent Price. En la cumbre del Grand Guignol, disparado sin freno al arte de la exageración, el drama, la angustia y el humor, Price es acá un auténtico monstruo en acción, desbocado, riéndose y aterrándose a la vez, la hipérbole de la expresión “alma en pena”, motorizada por el torturado, fantasmal recuerdo de la amada muerta,  ¡que no es otra la scream queen Barbara Steele! Ah, el no va más de Poe en la pantalla.

 

 

Y el resto es cine, del mejor, desde las psicodélicas imágenes del comienzo (¿Es eso plasma? ¡¡¡¿Es de eso que está hecha la atormentada mente de Vincent Price?!!!) hasta los flashbacks monocromáticos y distorsionados en los que se narra el tortuoso pasado familiar que acosa al protagonista, pasando por unos escenarios boscosos que deben ser los más encantadores desde los de la Hammer, toda la película es un viaje pop, lisérgico, irresistible. Y todo fue hecho en 15 días de rodaje con sets reutilizados, que es como deben hacerse –pregúntenle a Corman—las buenas películas de terror.