Cine memorable: Algo para recordar

Notaspeliculas

Written by:

Cine romántico

 

En Sintonía de amor, de Nora Ephron, Sam ha quedado viudo y esa pérdida lo sume en una pena profunda, casi existencial. Decide mudarse de ciudad, cambiar de trabajo, recomenzar su vida. Su pequeño hijo quiere ayudarlo a recuperar la alegría y llama a un programa de radio, de esos que van a la medianoche donde la gente cuenta sus pesares y una locutora engolada intenta consolarlos. En una charla trasnochada, Sam finalmente se anima a compartir su nostalgia con millones de radioescuchas. En la otra punta del mapa, Annie escucha atenta el recuerdo de un amor perdido: “Lo supe la primera vez que la toqué… le dí la mano para bajar del auto y lo supe. Fue como magia”. En esas palabras que vienen de la distancia, entrecortadas por la interferencia de la radio, Sintonía de amor rinde uno de los homenajes más cálidos e inolvidables al amor en el cine. Pero no a cualquier amor, sino a ese amor mágico, eterno, a veces imposible, a veces lacrimógeno, que solo ocurre en las películas. Y por ello, la película que se hace omnipresente, que define los sueños de Annie, que marca el lugar de encuentro entre los futuros amantes, que impregna el ambiente de esa melancolía fresca y placentera que solo el cine clásico despierta, no es otra que Algo para recordar. Porque si hay una película que entiende del amor en el cine, es Algo para recordar.

Casi veinte años después de su primera versión de ese affaire contrariado, allá por 1939 -entonces con Rex Harrison e Irene Dunne-, el director Leo McCarey regresa a los encuentros y desencuentros en las puertas del Empire State, a los viajes en transatlántico por las costas de París, a las canciones melosas al piano y en la voz de Vic Damone. En ese regreso, Cary Grant y Deborah Kerr protagonizan el encuentro fortuito de dos personalidades dispares, de dos almas distintas, casi opuestas, que pueden llegar a congeniar y hasta a entenderse. Porque el amor, en definitiva, no deja de ser un acto subversivo, un intento de superar ese encierro hedonista en uno mismo y aventurarse a todos los claroscuros emotivos que ese riesgo comporta.

Jean Renoir dijo una vez que Leo McCarey entendía mejor a la gente que cualquier otro director de Hollywood. Hay algo en esa mezcla de ligereza y sentimentalismo, quizás solo comparable con el estilo de Frank Capra en los 40, que hace de sus digresiones nostálgicas la esencia de su alquimia. Tal vez por ello sus grandes escenas, sus momentos emotivos, sus números cómicos se filtran imperceptiblemente en el cine de hoy. Porque, como el amor de Sam, hay películas que se hicieron para resistir mágicamente en la memoria.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: