Clásicos inoxidables

Cine clásico

La palabra clásico parece hoy un poco gastada de tanto uso. Las reiteradas modas de pastiche y resignificación, que absorben retazos del pasado y los degluten escupiendo nuevas formas, ha esmerilado el valor concreto de lo hecho en otra época. Pero más allá de los sucesivos homenajes, ese cine de un tiempo lejano aparece hoy, en sus clásicos, con la magia intacta de la primera vez. Y sí, hablamos de clásicos. Porque son películas que tienen algo en común: han sobrevivido al paso del tiempo con la vigencia de lo eterno y lo perenne. Apoyadas en la fuerza de la narrativa y el dominio del lenguaje cinematográfico, conjuran desde la modestia de su sutil autorreflexión la plenitud de su presencia.

En la madurez del clasicismo, Joseph L. Mankiewicz estrena La malvada, una ácida radiografía de un Hollywood mezquino y despiadado. El ascenso al estrellato de una joven ambiciosa se convierte en una visión audaz y maquiavélica de un espectáculo que tiene tanto de gloria como de olvido. Con el regreso de la gran Bette Davis, ícono del melodrama ardiente y pasional, Mankiewicz obtiene el récord de nominaciones al Oscar y augura una década de obras memorables.

En el período más fructífero de la obra de Alfred Hitchcock llega una de sus películas más lúcidas. Reflexión sobre el placer de la mirada intrusa y culposa, La ventana indiscreta pone en escena, en la figura de un James Stewart inválido y confinado a los límites de su habitación, las mayores obsesiones del director emblema del autorismo. Asediado por la culpa y la frustración, el alter ego de Hitchcock vive con plena pasión lo que ocurre en la vida de sus vecinos, imaginando crímenes y deseos violentamente consumados en un espiral de tensión que demuestra que es imposible domesticar la fantasía.

La diligencia de John Ford representa el cimiento de un género que se constituiría en la clave de representación del pasado mítico de los Estados Unidos. Aquella travesía de John Wayne a bordo de una diligencia amenazada por indios y bandidos consagra al western como esencia de la épica americana, retrato de un lento camino que oscila entre la civilización y la barbarie. Años después, Fred Zinnemann haría su introspectiva reflexión sobre el héroe solitario a quien su pueblo abandona, por miedo o indiferencia, casi como alegoría de la sospecha y delación que se respiraba en el los años duros del macartismo. Western moderno y ambicioso que aspira a convertir al género en cáscara de las grandes preocupaciones de su tiempo.

Los clásicos viven una y otra vez en las múltiples miradas de los espectadores. Su plena actualidad se apoya en un lenguaje simple e intenso, basado en la acción más pura y en el honesto amor por sus personajes. Fábulas del pasado que renacen cada vez que las vemos, y nos contagian de aquella emoción que creíamos haber olvidado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

diecinueve + uno =