Comedia independiente y argentina

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Comedia independiente argentina

Sí, existen; sí, son buenas; sí, hay un malentendido con las comedias independientes argentinas, las que no tienen a Francella o a Natalia Oreiro al frente, las que parecen hechas al margen de la industria aunque no sean marginales (ni lo nuestro realmente una industria).  Suelen presentarse en festivales de cine como el BAFICI, donde la crítica las trata un poco de soslayo, porque no tienen complicación ni enjundia ni nada de eso que justifica la presencia de un crítico que “explique”.  Y cuando se estrenan comercialmente, los logos de esos mismos festivales operan como pianta-público: “¿comedia?  Pero debe ser media rara, si estuvo en el BAFICI…”

Un doble prejuicio que complica la difusión de buen cine, porque los indies argentos suelen ser muy buenos en el género.  Dos films que pueden verse acá en Qubit, Sofacama (de Ulises Rosell) y Rompecabezas (de Natalia Smirnoff) no tienen nada que envidiarle a las comedias “tanque”, de hecho la envidia tendría que ser en sentido contrario.  Sofacama fue la revelación de Martín Piroyansky, protagonista absoluto como un adolescente que tiene un subidón hormonal cuando una amiga de su madre se muda a su casa por unos días (la amiga es María Fernanda Callejón, tardía pero también revelación).  Comedia de situaciones con un elenco afiatado, con naturalidad y timing: basta ver a Cecilia Roth como la mamá distraída pero siempre presente, lejos del rictus de actriz seria que otros directores le imponen.

La más sutil Rompecabezas parte del aburrimiento de una ama de casa (María Onetto) que encuentra en un jugador culto y profesional (Arturo Goetz) una alternativa para entretenerse, que puede llevar a algo más, mientras su marido (el Puma Goity, aquí ferretero) no se entera de nada porque también tiene sus cosas.  Comedia dramática donde, como corresponde, todo está a punto de salir mal… pero no.

Martín Rejtman se construyó un estilo especial en Silvia Prieto y Los guantes mágicos: diálogos cortantes y rápidos, dichos con una displicencia que al principio parece defecto actoral pero, a medida que corren los minutos, se revela perfecta representación del “quiero y no puedo” de sus post-adolescentes de clase media, siempre pretendiendo estar de vuelta de lo que no conocen.  Rejtman no desperdicia planos, y la visión de Silvia Prieto (la cantante Rosario Bléfari) troceando pollo de freezer se repite una y otra vez (el plano se repite literalmente) provocando una risa cada vez más fuerte: la del que ha pasado el sábado esperando que sonara el teléfono y se encontró mirando a Gujis…  Los guantes mágicos, con similar tono, presenta al cantante Vicentico como un remisero a punto de concretar uno de esos emprendimientos “para zafar” que parecen encaminados al fracaso desde el vamos.

Néstor Frenkel trabajó en Silvia Prieto y algo del humor rejtmaniano se le pegó en su único largo de ficción, llamado Vida en Marte y con cierto surrealismo deadpan en situaciones y personajes.  Una película casi amateur pero con toques de genio (ahí está ese locutor que habla modulando en cualquier ocasión, anti-timing absoluto).  Más tarde Frenkel iría encontrando lo bizarro en la propia realidad, en documentales como Amateur o Buscando a Reynols.  Pero ésa es otra historia.  Ya tienen cinco películas para ver y descubrir: Sofacama, Rompecabezas, Silvia Prieto, Los guantes mágicos y Vida en Marte.  Después no digan que el nuevo cine argentino es raro…

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