Cuatro de tiros y piñas

 

 

Rambo, Desafio Mortal, Demoledor, Soldado Universal, Rocky, Stallone, Van Damme y Lundgren

 

 

A propósito del estreno de Los indestructibles 2 que, de haber justicia, iría a parar a los primeros puestos de las listas de mejores películas del año, bien vale la pena ir un poco más atrás y revisitar algunos clásicos del cine de superacción o, en su defecto, a descubrir algunas películas que no recibieron la atención que merecían en su momento. El protagonista y el antagonista de la secuela de Los indestructibles, o sea, Sly Stallone y Jean-Claude Van Damme, son de esas estrellas que entran en lo que el mundo conoce como “malos actores”, como si actuar fuera solamente hacer las morisquetas de Al Pacino en una película como Perfume de mujer.

 

 

Pero no, actuar es también poner el cuerpo, y eso es algo que sobra en gente como Sly y Van Damme. Además, ambos han llegado a dirigir, y dos de las cuatro recomendaciones que vienen a continuación tienen a estas superestrellas tanto delante de la cámara como detrás de ella, mientras que una de las cuatro tiene también al genio* de Dolph Lundgren. A saber, y por orden cronológico: Soldado universal, de 1992, es la primera película de Roland Emmerich dentro del mainstream hollywoodense. Con guión a cargo de su habitual colaborador Dean Devlin y el habitual colaborador de Van Damme Christopher Leitch, la película sigue a dos soldados muertos en Vietnam y reanimados en el presente (Van-Damme y Lundgren) que intentan a toda costa cerrar las historias que dejaron abiertas en el pasado. Con ecos varios de la en ese momento reciente Terminator 2 (ahí está Mario Kassar produciendo), grandes tiroteos y aún mejores peleas (hay que ver a Van Damme cargarse a todos los presentes en un bar luego de comerse unos 20 platos de comida), la película desborda de un humor disparatado que no frena en ningún momento y que tiene como su punto más alto una gran parodia de Psicosis, cuando Van Damme y la periodista que lo acompaña (una Ally Walker que parece sacada de una screwball comedy) paran en un motel al lado de la ruta.

 

 

Pero si de disparates se trata, qué mejor que El demoledor, aquella gran película de 1993 dirigida por Marco Brambilla, escrita, entre otros, por el gran Daniel Waters (Batman vuelve, Hudson Hawk, Heathers) y protagonizada por Sly Stallone, Wesley Snipes y Sandra Bullock.

 

Emblema del noventismo desaforado que a la vez sirve de parodia autoconsciente de dicha década (algo que se puede ver también en Gremlins y su carácter de parodia ochentosa realizada en pleno apogeo del ochentismo), la película resulta actual hoy en día (incluso pareciera mejorar con los años) y pide a gritos ser redescubierta.

 

 

Y pasamos así a las dos subvaloradas de la lista. La primera es Desafío mortal, de 1996, que no es otra cosa que el debut de Jean-Claude Van Damme como director. La película se centra en una competencia ultrasecreta que se lleva a cabo en una ciudad milenaria de Oriente a la que Van Damme acude más bien “de colado”. Como si del Street Fighter (juego cuya versión cinematográfica protagonizó el gran Jean-Claude junto a Kylie Minogue y Raul Juliá y no es tan mala como todo el mundo dice) se tratara, la segunda mitad de la película está estructurada como una serie de rounds entre personajes de distintos países que representan el estereotipo más obvio de su lugar de origen (tenemos, por ejemplo, un luchador de sumo representando a Japón y un español que hace pasos de flamenco). Y Van-Damme filma esas peleas con nervio y oficio. Cada tanto recurre a unos ralentis que son el colmo de la grasada, pero la grasada es tan inherente al género que incluso termina sumando.

 

 

Por último, tenemos una película mucho más reciente. De 2008, más específicamente. Se trata de John Rambo, o Rambo, regreso al infierno, un reencuentro de Stallone con el personaje creado por David Morrell en su novela Primera sangre. Realizada inmediatamente después de haber escrito, dirigido y protagonizado el aclamado retorno de nuestro boxeador favorito en Rocky Balboa, aquí Sly también ocupa esos tres roles. Pero si Rocky Balboa era visceral en el sentido más sentimental de la palabra, una película triste, emotiva y crepuscular, John Rambo es visceral en el sentido más literal del término: se trata de una película desesperada y brutal repleta de sangre y desmembramientos, con una mirada sobre el mundo que, de tan oscura, se remonta a la del primer Rambo dirigido por Ted Kotcheff. Tal vez debido al cambio que significó respecto a Rocky Balboa, la película pasó sin pena ni gloria y fue condenada al olvido, lugar del cual debería salir ya mismo porque se trata de una película enorme.

 

 

*genio (definición):

 

 

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