El gran fracaso

La película del rey es recordada como uno de los mejores títulos del cine argentino de los ochenta, una época en que todavía se hablaba de “cine argentino” junto a palabras como “crisis”. No es que no hubiera cine –de hecho, la gestión gubernamental había recuperado la media habitual de producción, reducida en los años de la dictadura a una mínima expresión– ni que éste no mostrara cierta calidad y ganara premios internacionales.  Eran todavía los tiempos del fílmico, donde en términos de producción todo era “mega” y requería de un modelo industrial para funcionar; el ambiente del cine era profesional y reducido, vivía en buena parte de la publicidad y se formaba en la única escuela específica que existía entonces, la del Instituto de Cine.  El video-assist era una idea loca que tenía Coppola, y no se veían computadoras en ninguna fase de la producción.  El director rodaba con la esperanza de que, al ver el material revelado días después, éste se asemejara a la idea que había tenido en la cabeza.  El cine era más distante visto desde el llano, casi una quimera.  El gran atractivo de La película del rey era, justamente, mostrar a los no iniciados cómo se hacía el cine “de acá”.  En esto, la película ha crecido con el tiempo hasta convertirse en toda una cifra de su época, por encima de otros títulos de Bemberg, Puenzo o Aristarain.

Era la opera prima de Carlos Sorín y se basaba en un intento fallido de 1972 por filmar la gesta del aventurero francés Orélie Antoine de Toumens, quien se proclamara rey de la Patagonia al frente de una indiada presuntamente deseosa de independencia, allá por 1860 (no pudo ser).  Un equipo de filmación, del que Sorín fue cameraman, viajó a Chubut para hacer la película, luego interrumpida por falta de fondos.  En 2010 se estrenó un documental sobre la película fallida, llamado Un rey para la Patagonia.  Sorín reinterpretó en clave de comedia aquella aventura con la ayuda de Jorge Goldenberg, uno de los líderes del proyecto original, quien para entonces ya era conocido como el guionista de Plata dulce.  Encontraron oro en la piedra: una película atractiva, incluso popular, hecha con un gran elenco de desconocidos para el gran público –Ulises Dumont era casi la única excepción– y que volvió conocidas las caras de Julio Chávez (el director de la película dentro de la película), Miguel Dedovich –el actor publicitario que interpretaba al “no actor” que hacía del falso rey– y Ana María Giunta.

“La película del rey es recordada como uno de los mejores títulos del cine argentino de los ochenta, una época en que todavía se hablaba de “cine argentino” junto a palabras como “crisis”. Eran todavía los tiempos del fílmico”

Como bien señala Fernando Martín Peña en el libro Cien años de cine argentino, la puesta en abismo del film refleja no pocos detalles del pasado de sus realizadores. Sorín también había participado de un corto de 1970, Single, sobre la imposibilidad de representar la realidad en el cine (el director de ese corto, Alberto Yaccelini, fue el montajista de La película del rey).  En este sentido, su film resulta un compendio de la historia de una generación, y la catarsis de una profesión problemática.

Pero, extrañamente, La película del rey también resultó premonitoria, se anticipó.  Fue el último proyecto de gran presupuesto hecho por Sorín, quien entró en una crisis creativa con Eterna sonrisa de New Jersey, el film que rodó en 1989 con Daniel Day-Lewis y luego se negó a estrenar.  Después de una década sin hacer largometrajes, volvió con expectativas más modestas y trabajando por un tiempo con no actores.  Julio Chávez, el director megalómano, hoy es toda una figura del teatro argentino, y no hace mucho generó un escándalo entre compañeros de un elenco televisivo por su… megalomanía.  En un plano más general, la parábola que describe la propia película puede compararse con la del gobierno radical que ayudó a financiarla: si se paran a pensarlo, impresiona el parecido.  Pero Sorín estrenó La película del rey en 1986, cuando todavía faltaban tres años para que ese gobierno terminara.  País de quimeras.

Notas relacionadas

Camila vive

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

8 − siete =