El mejor cine

Los dueños de la noche

 

 

A veces es difícil darse cuenta de por qué una película que vimos es buena. A veces hasta es difícil darse cuenta de que una película que acabamos de ver es realmente muy buena. Algunas películas están hechas para sorprender en una primera mirada, pero después descubrimos que abajo del brillo no queda mucho; otras películas, que parecen más modestas, a veces tienen mucho más para ofrecer.

Es un poco lo que pasa con Los dueños de la noche de James Gray: la historia de policías y ladrones, lealtades y familias, se parece a muchas cosas que ya vimos antes. Hay clubes nocturnos, tradiciones policiales, mujeres, noche. No se trata de falta de originalidad: Gray filma dentro de una larga tradición del cine de Estados Unidos. Muchas de las mejores películas de Hollywood, casi desde el principio de su historia, fueron policiales. Gray filma también pensando en las películas de lo que para muchos es uno de los momentos más brillantes de Hollywood: los setenta, la época de las primeras películas famosas de Scorsese y de Coppola.

Por eso, por ejemplo, es que resulta difícil ubicar la época de la película. La historia está ambientada en 1988, en Brooklyn, pero Gray no llena la pantalla de colores fluorescentes y pósters de Madonna. Brooklyn es un barrio como cualquier barrio, donde hay familias, hay clubes, también hay policías y calles. Y drogas. La sensación que nos queda es casi atemporal: esta historia está ambientada a fines de los ochenta, pero podría ocurrir hoy y podría haber ocurrido también antes.

Como en la mejor tradición del cine de Hollywood, Gray confía en la historia que está contando y se preocupa por filmarla de la mejor forma posible. No hay grandes parlamentos, movimientos de cámara nerviosos, actuaciones fuera de control, música llamativa. Lo que cuenta Los dueños de la noche es una de policías y ladrones. Esa historia se va llenando de momentos, de tensión (moral y sexual), de personajes hermosos por lo que tienen de cinematográficos, pero a la vez de humanos. En el medio, casi sin que nos demos cuenta, se meten temas como las relaciones familiares, la culpa, la responsabilidad frente a las propias decisiones, el amor y la lujuria, el paso del tiempo, la muerte.

Puede ser que cuando recién termina de ver Los dueños de la noche uno no piense que acaba de ver una obra maestra. No es eso lo que busca. Busca ser algo tal vez mucho mejor: una buena película.

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