Histeria, la historia del deseo

Orgasmo femenino

 

Ahora que el orgasmo femenino es obligatorio (y si es múltiple y ruidoso y volcánico, muchísimo mejor), es difícil creer que hace poco más de un siglo se desconociera totalmente –al menos con el tipo de conocimiento considerado como científico– ese ataque de retorcijones y grititos que dejaba a las mujeres contentas y relajadas. Histeria cuenta parte de esa historia: la de cómo, en plena era victoriana de burguesía prolija, matrimonios purísimos y prostitución generalizada, era admisible que una respetable señora de su casa pidiera un turno para hacerse masturbar por el médico (que por supuesto no consideraba sus “masajes” como algo sexual, sino como un legítimo tratamiento médico).

La premisa es divertida y la película que parte de ahí, difícilmente no lo sea: acalambrados de tanto usar las manos, dos médicos deciden innovar y probar un aparato eléctrico que reemplace los dedos. Así nace el vibrador, y también esta película que elige un tono delicioso para contar su doble peripecia, la del difícil y prejuicioso acercamiento de la ciencia a la sexualidad femenina –que por entonces y durante varias décadas siguió tildando masivamente de “histéricas” a personas que al mismo tiempo reprimía y condenaba a la insatisfacción y otros síntomas de la “histeria”–, y la de Mortimer Granville (Hugh Dancy), el inesperado inventor de dedos agarrotados que contrata el doctor Robert Dalrymple (Jonathan Pryce) para que lo ayude en la atención de un número creciente de señoras entusiasmadas.

Puesto a elegir entre las dos hijas del doctor Dalrymple, Mortimer Granville, como buen representante de su época, se inclina por la ejemplar Emily (Felicity Jones) pero no puede dejar de notar a la salvaje Charlotte, independiente y aguerrida. Porque Charlotte es nada menos que Maggie Gyllenhaal, la chica de simpleza exótica que no tiene una carrera de grandes protagónicos pero que sí convierte en un pequeño papel memorable a cada personaje que le toca, ya sea la enamorada de Batman en The Dark Knight, la de Will Ferrell en la extraña Stranger than Fiction, o aquella desequilibrada que se dejaba azotar por James Spader en La secretaria. Entre el recién estrenado vibrador y la vibrante Charlotte, Granville aprende una o dos cosas sobre las mujeres en esta comedia que sostiene un tono de ligereza y alegría mientras todos sus personajes se abren al placer, desde el doctor enamorado al montón de clientas satisfechas.