La épica discreta

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Argo, de Ben Affleck

Argo es la tercera película dirigida por Ben Affleck, también el largometraje que hace que su figura como realizador de Hollywood eclipse cada vez más a la de actor-estrella. Después de todo, actores muy famosos en esa industria sobran, lo que escasean son realizadores que puedan sostener tres películas seguidas –las anteriores son las altamente recomendables Desapareció una noche y Atracción Peligrosa– narrativamente sólidas y capaces de ser populares, adultas y prestigiosas. Su último film cuenta la historia real de un experto en extracción de rehenes llamado Tony Mendez –interpretado por el propio Affleck– que es contratado por la CIA para que rescate un grupo de ciudadanos estadounidenses –empleados de la embajada de EE.UU.

recientemente tomada y que pudieron escapar– que están refugiados en la embajada de Canadá en Irán. La razón de su refugio es que se encuentran en un contexto sociopolítico por el cual su sola condición de estadounidenses en ese país de Medio Oriente podría significarles la pena capital. La forma que tendrá Mendez para los sacarlos de allí será haciendo pasar a esas personas como miembros de un equipo de cine canadiense que viene a buscar locaciones para el rodaje de una supuesta película de ciencia ficción llamada, justamente, Argo. Con esta trama, el film de Affleck se propone como una reflexión sobre la política y la diplomacia como artes cuya relación con los artificios no está mucho más lejos de la falsedad que el arte de la industria de Hollywood (que tiene en esta película un rol central para el desarrollo del operativo de rescate). Pero, sobre todo, Argo es un relato dueño de un espíritu de épica discreta, un film lleno de peligro, accionares rebeldes –hay una gran cantidad de desobediencia a presiones sociales, políticas e institucionales– y operaciones secretas que prescinde por completo de cualquier espectacularidad visual o de una construcción de héroes de habilidades vistosas. En vez de eso hay una exaltación del acto heroico sutil (aquí el heroísmo puede venir del lado de dos personas cruzando un rodaje para atender un teléfono o, por el contrario, de una persona que decide cortar una conversación telefónica) por parte de gente que busca no un prestigio personal sino algo tan noble y sencillo como salvar vidas inocentes.  Si Affleck filma esto sin ningún tipo de grandilocuencia impostada es porque confía que hay pocas cosas más emotivas e intensas que mostrar gente tomando enormes riesgos para finalmente tener algo supuestamente tan sencillo como la conciencia tranquila y la seguridad de que se acabó de hacer algo bueno.

Argo es un relato dueño de un espíritu de épica discreta, un film lleno de peligro y accionares rebeldes.”

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