La velocidad de His Girl Friday

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Prepárense para una experiencia futurista: si alguna vez pensaron que la velocidad es propia del cine de esta época, y de películas donde Tom Cruise se cuelga de un helicóptero para saltar de un puente que colapsa o una banda de muchachos rápidos y furiosos se sacan chispas en las picadas más vertiginosas, un salto hacia el pasado que nos deje en 1940 puede mostrar cómo Howard Hawks inventó otra clase de velocidad –estrictamente cinematográfica– que por momentos puede hacer sentir a un espectador actual que está a punto de volarle la cabeza. Ayuno de amor (His Girl Friday) comienza y uno ya se siente llevado hacia adelante por una cámara que recorre la redacción de un diario, al compás apurado y masculinamente elegante de la protagonista Rosalind Russell, hasta la oficina del director del periódico, Cary Grant. Ellos son Walter Burns y Hildy Johnson, colegas en lo periodístico y recientemente divorciados no por falta de atracción, sino por no haber podido encontrar la manera de sacarse chispas en la oficina y bajar un cambio en casa. Siempre encendidos, siempre al pie del cañón, Walter y Hildy vivieron la aventura de ser dos periodistas enamorados (de su trabajo, ante todo) hasta que Hildy dio un paso al costado. Ahora, a punto de casarse con el más sosegado Bruce Baldwin (Ralph Bellamy) y dedicarse a una vida hogareña y más tranquila, Hildy cae en la redacción del Morning Post para una última visita y enseguida se tienta con un caso que le vuelve a subir la fiebre periodística: un humilde trabajador está a punto de ser ejecutado en la horca por haberle disparado a un policía, y el periódico pretende conseguirle el indulto.

Tan pronto como Hildy entra en la redacción, un torbellino de palabras y gestos ininterrumpidos, fraguados ante todo por un Cary Grant que acá es un acróbata de la manipulación por la palabra, la lleva a estar metida hasta el cuello en la noticia del día. Y algo parecido le pasa al espectador del presente, que puede sorprenderse todavía más al saber que Hawks armó esta coctelera a partir de la adaptación de una obra de teatro, The Front Page, donde el personaje de Hildy Johnson era un hombre. Pero a fuerza de una edición vertiginosa y actuaciones que están a la altura de la tarea (no por nada el entrenamiento actoral de Grant incluye una llegada a los Estados Unidos desde Gran Bretaña andando en zancos con una compañía de actores), Hawks hizo de este material una de las mejores screwball comedy de su época, con sólo agregar una historia de amor y convertir al “His man Friday” de la obra original (la frase significa algo así como “la mano derecha”) en una chica hiper verborrágica que puede equiparar la energía de Grant y atender tres teléfonos al mismo tiempo. El pasado no viajaba en carreta: con chistes que se superponen con velocidad de dibujo animado y diálogos picantes, casi imposibles de seguir, no se preocupen si para ver y escuchar todo lo que hay en His Girl Friday necesitan una segunda vuelta.

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