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Mi villano (padre) favorito

gru

 

Olvídense de los Minions: Mi villano favorito es una película para padres. Porque todos los padres somos villanos, más tarde o más temprano. A algunos les pasa antes de tener hijos, cuando miran horrorizados los cochecitos ajenos que pasan por al lado en la vereda como calcados, uno detrás de otro. A otros, con el descubrimiento de lo tierno y encantador que puede ser estar con un chico pero también lo fastidioso, irritante o francamente aburrido. Gru (con la voz de Steve Carrell) está dentro del primer grupo, no tiene compasión por los niños y disfruta de reventarles los globos con forma de perrito o de tirarles el helado al piso, se burla cuando los ve llorar. Y eso porque la mamá –una Julie Andrews que se descubre mejor como mamá-villana que como monja buena– lo trató de la misma manera, no le festejó ningún jueguito y se burló de él cuando le dijo ilusionado, desde su traje de astronauta de cartón, que de grande quería ir a la luna.

 

Mi villano favorito es una película para padres. Porque todos los padres somos villanos, más tarde o más temprano.”

 

Además, Gru forma parte de una estirpe especial, la de los tontos o genios del mal que lo cultivan por el sólo placer de competir a ver quién es más malo, más vivo, más sofisticado en esa especie de carrera artística que es cometer la fechoría por la fechoría misma. De la mano de la maldad viene la astucia, y esta corporación de villanos trae consigo toda clase de aparatos, inventos y dispositivos que harán el deleite de una generación de viejunos que crecimos con Bond y el Inspector Gadget. Para muestra basta un botón: el archienemigo de Gru se llama Vector (porque comete crímenes con dirección y magnitud, explica con la voz de Jason Segel), tiene armas que disparan calamares y un tiburón gigante nadando bajo el piso transparente de su fortaleza. Sobre ese piso, sentado en un sillón, se dedica a jugar a la play y comer chizitos, porque los villanos tienen mucho de niños mal crecidos.

 

La cuestión es que Vector se roba la pirámide de Giza y cuando Gru se entera, la posibilidad de ser desbancado como villano número uno del mundo lo pone a concebir febrilmente un nuevo plan para superarlo. Que será nada menos que robarse la luna, aquel viejo y pequeño sueño del niño Gru filtrado por su presente como delincuente-artista. Para eso necesita, primero que nada, una nave espacial, pero eso es fácil y se lo puede encargar a su secuaz, el Dr. Nefario. Segundo, un rayo encogedor que le permita –lógicamente– achicar la luna y llevársela en su nave. Y tercero, un plan para entrar en la fortaleza de Vector. Ahí es donde intervienen tres huerfanitas que recorren el barrio vendiendo galletas, y cuando Gru las adopte para usarlas como parte de su diabólico plan, no se imagina con qué rapidez le va a tomar el gusto a llevarlas al parque de diversiones, apagarles la luz antes de que se duerman o sentarse con ellas a jugar al té. Porque Gru no es más un nene despreciado por su mamá, es un adulto que entiende rápidamente lo que esas tres nenas necesitan: alguien que las quiera seguro, aunque no se fascine con sus morisquetas o sus libritos con gatos a los que jamás les pasa nada. Cómo ese solitario de nariz afilada y perfil de pingüino se convierte en papá –al punto que la luna sólo le va a interesar si es para mostrársela a ellas– es la historia que cuenta Mi villano favorito. Ah, también hay un montón de Minions.

 

Notas relacionadas: 

. Sorpresas animadas

. Como nenes

. Malditos niños

 

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