Novias-madrinas-15 años: mirar bien

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Lejos de la formalidad de la voz en off y los letreros informativos de esos documentales predigeridos de la tele; pero también lejos de los tiempos muertos y “cuelgues” de los otros que suelen premiarse en festivales, Novias-madrinas-15 años apuesta por la sencillez. Los personajes se presentan a sí mismos y hablan mirando a cámara; sus entrevistas sucesivas se van picando con momentos donde se los ve en acción, en la sedería del Once donde se dedican a vender telas para vestidos a las clientas que indica el título del film (copiado de una frase de la marquesina).  Es decir, este es un documental sobre una sedería –de hecho casi nunca abandona el interior del local– donde conocemos a los que allí trabajan.  No se trata de una investigación de campo sobre el negocio de la tafeta y el voile (pronúnciese “vuál”) ni sobre el gremio de los vendedores: se trata de conocer a los personajes.

Y vaya que lo son.  Los hermanos Levy, hijos del dueño de la firma, partieron de un lugar común que se escucha en las charlas de empleado a empleado, en cualquier lugar donde haya aburrimiento compartido, conversaciones, mañas: “éste tendría que estar en una película” (dicho con displicencia mientras se señala a alguien que se mandó alguna, o contó alguna, para llamar la atención o romper la rutina).  Partieron de ahí, entonces, y llegaron a una película que nos convence de que en cualquier local, oficina o taller hay material para hacer una película.

En Novias-madrinas-15 años los personajes cuentan sus cuitas con una combinación de nobleza, miradas nerviosas a la cámara y la ingenuidad del que la tiene delante por primera vez.  El fondo ante el que posan para la entrevista es una de las telas estampadas que venden al público y que eligieron especialmente para la ocasión.  Como en cualquier lugar de trabajo, están el serio, el “loco”, el jugador…  que nos muestran cómo hace media docena de varones para convencer a una infinita sucesión de mujeres –cumpleañeras, novias, modistas, madres– de que la tela que le están mostrando es la que más le conviene.  Y así nos abren, por un rato, una ventana a sus vidas.  Para cuando le llega la hora de hablar a papá Levy, algo cortado, casi hosco (pero en el fondo orgulloso), entendemos que para contar el mundo alcanza con mirar acá nomás.  Mirar bien.

Así, sin pretensiones pero con la puntería de un cazador experto, Novias-madrinas-15 años divierte, asombra y genera una extraña empatía con estos veteranos que miran a cámara como oteando, tratando de calar a los espectadores –aunque no puedan verlos– desde el mostrador donde pasan sus días.

 

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