Polaroids de Patrick Swayze

 

Patrick Swayze

Musculoso. Tierno. Recio. Con cara de gato montés y ojos de un azul grisáceo indefinido que nos obliga a seguir mirando. Patrick Swayze explotó en Dirty Dancing, más como vendaval de sensualidad masculina que como bailarín profesional. Habitualmente el cine, en su historia, magnifica y eleva a la mujer. La descubre a través de la mirada de un hombre.  Nada es así en Dirty Dancing.  Una candorosa Jeniffer Grey es la que busca a Swayze.  Lo sigue, lo persigue. Lo conquista con tenacidad hasta que Swayze abre su cola de pavo real y se transforma en la estrella absoluta en la noche del cine ochentoso. Rebelde pero contenido. Discutidor pero nunca irreverente. Un hermano retraído de Travolta y Jimmy Dean.

 

Swayze supo ser tierno, sí, pero poco edulcorado. Quizás la mayor concentración de azúcar esté en “She is Like the Wind”, esa balada que el mismo escribió  originalmente para una película con Jamie Lee Curtis, pero como no se la aceptaron,  se las mostró, después, a los productores de Dirty Dancing. “She is Like the Wind”, a decir verdad, quedó bastante bien en Dirty Dancing.

 

En las películas de su madurez, como Alto riesgo (Black Dog) o Cartas de un asesino (Letters from a Killer) transitó por distintos géneros y dio pruebas de ductilidad actoral. Un camionero de volantazo preciso en Alto riesgo, un ex presidiario condenado a muerte en Cartas de un asesino.  Camionero y bailarín; como en esa  escena de Cartas de un asesino en la que llega con su amiga al pub en el que se baila música country. Resulta curioso –y gracioso– verlo hacer de  bailarín no experimentado.

 

Swayze nunca fue, ni hubiera sido, uno de esos tipos duros que no bailan en las fiestas. Aunque duro sí. E imponente de estatura. Y texano de nacimiento. Y legítimo cowboy.

[gn_quote style=”1″]Swayze nunca fue, ni hubiera sido, uno de esos tipos duros que no bailan en las fiestas. Aunque duro sí. E imponente de estatura. Y texano de nacimiento. Y legítimo cowboy.[/gn_quote]

Swayze nunca fue, ni hubiera sido, uno de esos tipos duros que no bailan en las fiestas. Aunque duro sí. E imponente de estatura. Y texano de nacimiento. Y legítimo cowboy. Americano cien por cien, en el sentido más políticamente incorrecto del término. Americano y también algo amariconado, pero con esa cuota  de mariconería legítima que explotó cuando el hombre se animó a mover la pelvis.

 

Con el tiempo Swayze no se afeó ni mejoró. Conservó rasgos de belleza intactos y mantuvo, sobre todo, un aspecto juvenil. Esa cara con rastros de niño eterno a la que solo la enfermedad derrumbaría. Yo, por mi parte, habría coleccionado las figuritas de Dirty Dancing pura y exclusivamente por Patrick Swayze. Pero hasta donde recuerdo, nunca salieron.

 

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