Seth Rogen, el gran antídoto de 50/50

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Seth Rogen, el gran antídoto de 50/50

Tienen que conocer a Seth Rogen: no parece gran cosa, y como comediante es algo así como lo opuesto al histrionismo plástico y polimorfo de Jim Carrey o Ben Stiller. Pero 50/50, que podría describirse como una especie de “bromantic con cáncer” (si se la quiere ubicar en el subgénero de la amistad-romance entre dos chicos, del tipo I love you, man), es inimaginable sin el humor contenido y suavemente brutal de Seth Rogen, el mismo que en Ligeramente embarazada y Funny People le permitía rodear asuntos más o menos ríspidos –paternidades abruptas en plena adolescencia tardía, enfermedades terminales– con algo parecido a la inocencia (algo tienen que ver unos dientecitos de castor y una voz rasposa en un cuerpo de nene crecido). Para decirlo sin vueltas: Rogen se ríe como Beavis & Butthead, y justo cuando uno está a punto de mandarlo al casillero de las causas perdidas suelta una frase de una lucidez apabullante, o deja entrever una calidez que se parece a la sabiduría.

En 50/50 Rogen es Kyle y es el mejor amigo de Adam (Joseph Gordon-Levitt), ése que lo pasa a buscar todas las mañanas para llevarlo al trabajo porque Adam no maneja. Frente a la noticia de que a Adam le detectaron un cáncer de médula espinal, Kyle no replica la cara de gravedad funeraria de los otros sino que amenaza: “Me parece que voy a vomitar”, y enseguida le pregunta a Adam si no tiene una foto del tumor. Después, con la misma desubicación lo va a tratar de convencer de que use la enfermedad para levantar chicas, pero también es ese amigo que tiene un libro sobre cómo lidiar con el cáncer bien a mano –y con las hojas marcadas– en el baño.

“Para decirlo sin vueltas: Rogen se ríe como Beavis & Butthead, y justo cuando uno está a punto de mandarlo al casillero de las causas perdidas suelta una frase de una lucidez apabullante, o deja entrever una calidez que se parece a la sabiduría.”

Gracias a él, la película encuentra el tono justo entre el drama sin melodrama y la comedia sin estridencias para contar el proceso de transformaciones que siguen a ese baldazo de agua fría que es la noticia de la enfermedad. Porque si Kyle se desubica también es cierto que desubica muchas otras cosas, empezando por los lugares comunes del padecimiento y de la lástima, así como la enfermedad des-ubica en Adam todo lo que resultaba conocido. Bajo esa nueva luz –oscurísima, pero no todo el tiempo– se modificarán las relaciones de Adam con Kyle, de Adam con una novia que tiene fobia a los hospitales (Bryce Dallas Howard), con una madre que encima carga un marido con Alzheimer (Angelica Huston) y una terapeuta novata (Anna Kendrick) que también se desubica un poco a la hora de poner límites en la relación con un paciente. Y porque elige contar de esa manera y con Seth Rogen como principal antídoto, 50/50 termina por desubicar también las típicas películas sobre enfermedades y hacer foco, sin ostentación ni “mensajes”, en lo que empieza cuando parece que todo se termina.

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