[19] BAFICI: “Las cinéphilas”

 

El amor es, sin lugar a dudas, una de las emociones humanas más complejas de comprender y transmitir. Frecuentemente escapando a cualquier tipo de lógica y raciocinio, plantea un imponente desafío ante cualquier artista que se proponga representarlo. A pesar de ello, en esta decimonovena edición del BAFICI hemos podido apreciar algunos notables retratos de este intrincado sentimiento, tal como aquel dirigido con gran maestría por el cineasta brasileño Gabe Klinger -en torno al “amor a primera vista” entre un hombre y una mujer-, en su impecable film “Porto”. Sin embargo, uno podría preguntarse qué sucede cuando ese amor que se intenta reflejar en la pantalla grande no puede ser representado a través de las miradas, las caricias o los besos entre los personajes. A este intrincado dilema se enfrenta con gran aplomo la realizadora María Álvarez, quien, al querer representar el genuino amor que seis mujeres septuagenarias sienten por el séptimo arte, logró un sobresaliente documental titulado “Las cinéphilas”.

 

Si el film ganador del Oscar de Juan José Campanella pretendía transmitirnos que ningún hombre puede cambiar de pasión, el film de Álvarez de alguna manera viene a confirmarnos que cuando dicha pasión se ve atravesada por un afecto tan fuerte como el que exhiben las protagonistas de su film, ni el pasaje del tiempo, ni el deterioro de la salud ni nada podrán detenerlo. A través de seis de los más entrañables personajes que el género documental haya tenido, el film no sólo nos presenta una desprejuiciada mirada hacia lo que significa ser cinéfilo (a no confundir con ‘espectador’, como bien dice una de las señoras); pero también, un amable y jocoso retrato de sus vidas, atravesadas por su inconmensurable amor por el cine.

“[…] el film no sólo nos presenta una desprejuiciada mirada hacia lo que significa ser cinéfilo (a no confundir con ‘espectador’, como bien dice una de las señoras); pero también, un amable y jocoso retrato de sus vidas, atravesadas por su inconmensurable amor por el cine.”

 

Desde los anecdóticos recuerdos de su juventud cuando veían todo el cine del Neorrealismo Italiano y la Nouvelle Vague, hasta sus admirables esfuerzos por cuidadosamente seleccionar, filtrar y organizar sus grillas del Festival de Mar del Plata, la cinefilia de estas mujeres cobra vida a lo largo de cada fotograma del film. Uno incluso podría suponer que no hace falta escucharlas hablar de lo apuesto que era George Clooney o de cómo prefieren ver una película “cachonda” antes que una de Bergman o Rossellini (pues ya han visto la filmografía completa de dichos autores) para entender lo interiorizadas que se encuentran con el séptimo arte. Empero, además de constituir algunas de las escenas más irrisorias del film -el cual, cabe mencionar, posee elevados y muy bien logrados niveles de comicidad-, dichos momentos reflejan el enorme talento de Álvarez como narradora de este documental. En lugar de forzar a las “cinéphilas” a exhibir mediante convencionales preguntas y respuestas aquello que más las moviliza del cine, la paciente directora elige, con una enorme confianza en sus protagonistas, dejar que ellas mismas sean quienes transmitan aquello que verdaderamente sienten, una acertada decisión por la que no podríamos estar más agradecidos.

 

Antes de concluir, resulta pertinente destacar uno de los momentos más enternecedores del relato, cuando hacia su final una de las protagonistas cita la película “Madadayo” (1993), de Akira Kurosawa. El título de dicho film -dice Lucía- proviene de una frase que el personaje interpretado por Tatsuo Matsumura se dice a sí mismo al cumplir años y que se traduce como “aún estoy aquí”. Con total naturalidad, Lucía le confiesa a la cámara que, a partir de aquel film, ella misma ha adquirido el hábito de repetir la frase cada vez que le toca festejar su natalicio, denotando -una vez más- la arraigada cinefilia que la invade. Si bien es Lucía quien cita la frase en cuestión, pareciera como si -de alguna manera- las otras cinco protagonistas y su debutante directora también estuviesen diciendo, a través de este maravilloso documental, “aún estamos aquí… gracias al cine”.

 

Es efectivamente gracias a ese profundo amor por el séptimo arte que, en el último día del festival, en una colmada función “sorpresa” (organizada luego de que el film fuera galardonado con el Premio del Público la noche anterior), los espectadores nos hayamos visto indefectiblemente contagiados por esa innegable vitalidad que “Las cinéphilas” exhibe; por ese pasional -e infinito- compromiso con el cine que cada una de ellas predica; y, sobre todo, por esa rejuvenecedora cinefilia que de manera tan transparente han compartido con nosotros a lo largo de los apenas setenta minutos de duración del film. Gracias a ellas y a films como el orquestado por María Álvarez, en este [19] BAFICI el amor por el cine ha dicho -una vez más- “madadayo”.

 

 

Del relax a la catástrofe

 

 

En el post anterior hicimos referencia a todo aquello que nos transmitían los paisajes en las películas, al deseo de sol y al calor de verano que nos transportan rápidamente a una playa de arena blanca y agua cristalina. Pero, ¿suele ser así? ¿siempre estar en esa situación es placentero? Parece que no, y en Qubit.tv te mostramos por qué.

 

 

Pirañas: El regreso

 

 

En 1982 conocíamos de la mano de James Cameron, una secuela del mítico film de Joe Dante de 1981, un ejemplo del cine de terror de los años 80 filmada en playas de Jamaica: Pirañas – El regreso. Se trata de pirañas mutantes capaces de volar (sí, vuelan) que aterrorizan a la sociedad  y el número de muertos crece cada vez más.

 

 

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Tiburón – Jaws

 

 

En 1975, el joven Steven Spielberg estrenaba una de las películas que muchos consideraron como la mejor de la historia: “Tiburón”. El film fue el que definió el concepto de ‘blockbuster’ (película comercial de gran éxito, estrenada en el periodo de vacaciones) siendo la más taquillera de la historia hasta el estreno de Star Wars.

El pánico se desata en Amity Island cuando se suceden una serie de ataques a bañistas y navegantes por un tiburón blanco gigante y  el jefe de la policía local deberá unir fuerzas con un oceanógrafo y un veterano cazador de tiburones para detenerlo.

 

 

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The Shallows

 

 

Para superar la muerte de su madre,  Nancy viaja a una alejada playa paradisíaca. Pero su jornada de placer se convierte en una pesadilla cuando un enorme tiburón blanco inicia una brutal masacre. Volvemos a encontrarnos con esta temible especie, pero en este caso acecha a una joven y bella surfista en un desesperante thriller de la mano del creador de “La Huerfana” y “La casa de cera”.

 

 

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Lo que no sabías de La Vida de Adele

 

 

En Qubit.tv te contamos el detrás de escena de uno de los films franceses más celebrados por crítica y público en los últimos años: La Vida de Adele, un sensible y exquisito drama amoroso.

 

 

1- Tardaron diez días en rodar la escena de sexo que dura unos diez minutos. Además, fue la primera escena que las protagonistas rodaron juntas.

 

 

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2- Jérémie Laheurte y Adèle Exarchopoulos son pareja desde aquel rodaje.

 

 

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3- Adèle Exarchopoulos se cortó cuando Léa Seydoux la empuja fuera de la puerta de cristal durante la escena de la pelea, sin embargo el director Abdellatif Kechiche se negó a cortar a pesar de que estaba sangrando por todas partes.

 

 

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4- A Léa (Emma) no le importó teñirse el pelo de azul para la película, pero le molestaba que la ropa también fuera de color azul. Según ella, el contraste con su piel le hacía parecer enferma.

 

 

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5- A muchos franceses no les alegró el triunfo de esta película en Cannes. Su rodaje coincidió con la polémica que se desató en el país por la ley que intentaba aprobar el matrimonio igualitario.

 

 

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Fin de una etapa, comienzo de otra

 

Puede ser la época más problemática, o la mejor y más emocionante de nuestras vidas. El cine supo reflejar en numerosas películas, una etapa tan mágica como compleja. Amor, desamor, aventura, confusión y rebeldía, en Qubit.tv te recomendamos 5 películas que retratan momentos puntuales de la adolescencia.

 

 

The Spectacular Now

Una historia que refleja lo difícil que puede ser atravesar la adolescencia y lo que puede ser vivir una historia de amor en esa etapa. “Vive el ahora” se repite a sí mismo Sutter, el rey de las fiestas del colegio. Pero sus excesos hacen que su novia lo deje y su vida comienza a derrumbarse. Hasta que conoce a la tímida Aimee y su mundo se resignifica. The Spectacular Now es un sensible Coming of age acerca de dos adolescentes de carácter radicalmente opuesto y una historia de amor que cambiará sus vidas.

 

 

 

Ni Idea – Clueless

Típica historia de adolescentes que prefieren por sobre cualquier cosa estar a la moda, bien vestidas, y ser las personas más populares de la escuela. Cher es una adinerada y superficial adolescente en un colegio de Beverly Hills. Junto a su amiga Dionne intentan embellecer a la chica nueva Tai, mientras descubren que la sola belleza no alcanza para ser felices.

 

 

 

La vida de Adele

A los 15 años Adele tiene dos cosas muy claras: es una adolescente, y le gusta salir con chicos. Pero todo su mundo va a cambiar cuando conoce a Emma. El deseo por otra mujer comenzará un camino de autoconocimiento y liberación. Interiorizando todos los problemas de la adolescencia en un rincón de su mente, cambiará su forma de ver el mundo y la manera en la que otros la miran, pero la mentalidad cerrada de sus padres, y una dura moral, se interpondrán en su camino hacia la libertad y la felicidad.

 

 

Chicas pesadas – Mean girls

Ser la chica nueva, adaptarse a vivir en otro lugar y que te guste el exnovio de la chica más popular del colegio es la razón por la que a Cady le comenzarán a hacer la vida imposible y por la que ella no tendrá más remedio que defenderse. En Chicas Pesadas rige la ley del más fuerte, pero entre adolescentes.

 

 

 

Las ventajas de ser invisible

Pese a la timidez, los complejos, el primer día de escuela y el trato hostil de algunos, Charlie encuentra en Sam y Patrick dos amigos que lo ayudarán a sobrellevar su carga. Un emotivo Coming of Age acerca de un adolescente inteligente y sensible que aún no ha superado el suicidio de su mejor amigo y se encuentra a punto de enfrentarse nada menos que a su primer gran amor.

 

En busca del grito perfecto

Blow Out

Blow Out

 

 

Como ocurre a menudo con las películas de Brian De Palma, Blow Out (El sonido del miedo) es un thriller hitchcockiano, una de suspenso, pero por encima de todo, una película sobre el cine. Blow Out descompone y reconstruye el proceso de hacer cine, desarma sus elementos y los vuelve a armar delante de nosotros. Empieza de una manera inmejorable, con una película dentro de la película, con las imágenes de una producción clase B de terror. El contenido de las imágenes es erótico y sangriento y también un poco berreta y trillado, pero su forma es magistral: seguimos el recorrido de una mirada externa, amenazante, en un plano secuencia que recuerda a la por entonces reciente Noche de brujas de John Carpenter. La mirada de la cámara es la mirada del voyeur, el espía, el peeping tom, uno de los tópicos por los que De Palma fue tan comparado –a veces con desdén, como si se hubiera tratado de un burdo imitador—con el director de Psicosis y La mirada indiscreta. Que la película dentro de la película es una producción de calidad dudosa queda en evidencia cuando llega al grito de la chica (porque, por supuesto, hay una chica que grita): un desastre. No suena como debe sonar una mujer aterrada en un cine, a lo sumo como un maullido ahogado. Jack Terry, el sonidista de la película (un veinteañero John Travolta) sabe que tiene una misión: salir a conseguir un grito apropiado.

Blow Out descompone y reconstruye el proceso de hacer cine, desarma sus elementos y los vuelve a armar delante de nosotros.

Y entonces, todo lo anterior, ese comentario sobre el cine en el prólogo que podría haber quedado como una mera marca de estilo del De Palma obsesivo de la puesta en escena, cobra una nueva dimensión. Por la noche, mientras intenta capturar con su micrófono alrededor de una laguna en Filadelfia sonidos del viento y de la naturaleza, Terry se convierte en el testigo involuntario de un accidente: un auto desbarranca y cae al agua. Él se zambulle y consigue rescatar a la mujer que viaja dentro, pero al lado de ella va un hombre al que no llega a salvar. El hombre no es otro que el gobernador, y un importante candidato presidencial, y que la mujer que lo acompañaba es una prostituta. En el entorno de la familia del gobernador le pedirán que calle, pero en el sonidista se ha despertado una obsesión, y en el estudio obsesivo de su grabación aparecen los indicios de que la caída del auto no fue un accidente, sino un crimen político.

Corría 1981, De Palma venía de filmar uno de sus más hitchcockianos éxitos, Vestida para matar, y el cine americano venía de una de sus décadas más productivas y más políticas, y era imposible no encontrar en Blow Out intensas resonancias de la era Watergate –las grabaciones clandestinas que depusieron a un presidente—, a la vez que condensaba referencia de un par de antecedentes notables –La conversación de Francis Ford Coppola, otra obra maestra producto del mismo zeitgeist paranoide– y Blow Up de Antonioni (donde un registro fotográfico, no sonoro, adquiría un efecto similar al de las grabaciones de Blow Out: en aquello que había sido grabado podía alojarse la evidencia de un crimen). Pero, lo dicho: Blow Out es una película sobre varias cosas, pero en especial sobre el cine. Cuando un periodista hace aparecer fotos del “accidente” del gobernador, Terry las pone en secuencia (animándolas como un flip-book: ese juguete óptico fundamental de los inicios del cine) y luego las sincroniza con su registro sonoro, dando vida, en un truco extraordinario del relato, a su propia película del atentado.

Aunque a lo largo de su carrera De Palma ha tenido una suerte dispar con los críticos, en el momento de su estreno dos periodistas legendarios recibieron Blow Out como lo que es: una obra maestra. Uno de ellos, Vincent Canby (que señaló que era película a la que no había que reclamarle una lógica argumental inquebrantable, ya que en ella “el estilo es el contenido”), lo hizo en el New York Times. La otra, la casi mítica Pauline Kael, en The New Yorker, donde escribió que el director había llegado al “mismo lugar que Coppola alcanzó con sus dos películas de El Padrino: un lugar donde se trasciende el género y lo que nos conmueve es la visión de un artista”. Blow Out es hoy una de las películas favoritas de los seguidores de De Palma, entre ellos Tarantino, que quedó además impresionado por la perfecta actuación de Travolta (y por eso lo llamó para Pulp Fiction). Todavía lo aguardaban varias obras maestras más, plagadas de homenajes cinéfilos –Los intocables, Mujer fatal– pero el amor de De Palma por el artificio, la mentira, la puesta en escena, en fin, por el cine, nunca llegó más alto.

Notas relacionadas: La maldicion clouzot 

¿Y a vos quién te llamó, futuro?

Películas Online

Películas online - ¿Y a vos quién te llamó, futuro?

En una época todo era más fácil. Uno iba al cine, elegía una de las películas en cartelera (o más de una, si era cine continuado), la veía y a otra cosa. Felizmente las cosas se fueron complicando a un ritmo estratosférico a medida que aparecieron, en orden cronológico: (a) los cineclubes, (b) los festivales de cine, (c) la televisión, (c) los reproductores hogareños, (d) Internet y el mundo de las películas online. Consideren, por ejemplo, cuántas películas podía ver una persona por año en 1920 y cuántas ahora. No, mejor: Consideren cuántas películas se perdía una persona en 1920 y cuántas ahora. El menú de opciones se amplió exponencialmente, llegando a límites salvajes. Sin exagerar mucho, se puede decir que prácticamente toda la historia del cine está al alcance de un click.

¿Esto quiere decir que estamos en el paraíso cinéfilo? No del todo. En las salas de cine, el mejor lugar para ver… bueno, cine… el panorama no es tan alentador. Además de ser cada vez más caro, lo que puede verse no es variado bajo ningún criterio, ni estético, ni geográfico, ni temático, ni ningún otro que se nos ocurra. En relación al número de películas que se filman por año, podemos ver en pantalla grande un porcentaje realmente ínfimo. Los festivales de cine y los cineclubes ayudan a paliar la situación, pero tampoco pueden hacer magia. De modo que muchas películas, por no decir la mayoría, solo pueden verse en pantallas de televisión o computadora. Lo cual tampoco es tan grave, considerando que los formatos hogareños se ven y escuchan cada vez mejor. Lo cierto es que, lo queramos o no, nos guste o no, lo hayamos previsto o nos haya tomado por sorpresa, en la actualidad este es el modo de consumo más extendido y no parece que vaya a cambiar en un futuro cercano.

[gn_quote style=”1″] ¿Esto quiere decir que estamos en el paraíso cinéfilo? No del todo. En las salas de cine, el mejor lugar para ver… bueno, cine… el panorama no es tan alentador. Además de ser cada vez más caro, lo que puede verse no es variado bajo ningún criterio, ni estético, ni geográfico, ni temático, ni ningún otro que se nos ocurra. [/gn_quote]

Paralelamente, y a raíz de estos cambios, los espectadores actuales están en un estado de mutación constante. Si en una época remota la gente iba al cine, veía lo que había y volvía a su casa, en las últimas décadas empezaron a aparecer nuevos tipos de espectadores. Está el público más “festivalero”, el  público de televisión por cable o satelital, el público que solo ve series, el público de DVDs o Blurays, el público cibernauta… Algunos son muy proactivos y se mueven como pez en el agua en este nuevo panorama: buscan lo que quieren ver y van y lo ven. Pero hay muchos otros que están un poco a la deriva, en un limbo: por ejemplo, se sientan frente a una computadora y se paralizan. No saben dónde buscar o ver películas online, o no saben dónde conseguir subtítulos, o cómo usarlos, o se bajan una película para chicos y termina siendo una pornográfica (¡pasa!), o cualquier otro “o” que a uno se le ocurra, porque en muchos aspectos y para mucha gente Internet es una verdadera selva. Pero además de este aspecto más técnico, está el tema de la cantidad, que de tan grande puede marear: ¿Qué ver? ¿A quién hacerle caso? ¿Vale la pena arriesgarse con esa película experimental checa sobre amebas? ¿Es garantía de algo que una película haya estado en 73 festivales? ¿O que la hayan visto 300 trillones de personas? Hay muchísimas películas para descargar o ver online, sí, pero no siempre sabemos qué.

Por eso, la máxima aspiración de este blog es convertirse en una especie de brújula (o, más acorde con estos tiempos, un GPS) más o menos confiable, más o menos interesante, que ayude a recorrer los cada vez más inciertos territorios del cine. La idea es recomendar y proponer y hablar y pelearnos y discutir sobre las películas para ver online que tenemos en  Qubit.tv y de esa forma recuperar, al menos un poco, eso que se pierde cuando uno ve una película desde su sillón y no desde una butaca: la dimensión más social y colectiva del cine. Ojalá nos acompañen.