Las películas del Rey I

Stephen King

Stephen King

 

¿Cuántas veces escucharon decir que “la película es siempre peor que la novela”? Por alguna extraña razón, parece haberse instaurado la idea de que la literatura es un arte “mayor” que el cine, y que no hay manera de que el cine le llegue a los talones. De más está decir que esto es totalmente falso y que hay infinidad de películas superiores a los libros en los cuales se basan. Pero, además, el error más grande de todos está en la comparación. Cuando un libro se adapta al cine se convierte en otro objeto, y todo director y/o guionista debe tener la libertad de hacer todos los cambios que crea pertinentes sin que una manada de fans se le tire en contra, ya que se ha convertido en su propia obra. Además, el cine es un arte muy diferente a la literatura, y algo que puede resultar brillante en papel puede ser espantoso en su paso al cine.

La ventaja que tiene alguien como Stephen King es que su escritura es tan cinematográfica que rara vez resulta necesario llenar sus adaptaciones de cambios sustanciales más allá de acortar personajes y situaciones por cuestiones de duración. Pero, nuevamente, un director tiene todo el derecho a hacer lo que le venga en gana con su película sin tener que preocuparse en “ser fiel” al material original. Y Kubrick hizo eso mismo con su adaptación de El resplandor, que difiere tanto de la novela de King que el propio King se sacó las ganas un tiempo después y escribió una miniserie de TV que dirigió Mick Garris en 1997. Y, recientemente, mencionó que lo que más le molesta de la película de Kubrick es su misoginia al retratar al personaje de Wendy que interpreta Shelley Duvall, lo cual no es del todo errado. Y también mencionó la frialdad de Kubrick hacia sus personajes, lo cual es una constante en el cine de Kubrick.

“La ventaja que tiene alguien como Stephen King es que su escritura es tan cinematográfica que rara vez resulta necesario llenar sus adaptaciones de cambios sustanciales más allá de acortar personajes y situaciones por cuestiones de duración.”

Pero esas son críticas puntuales a El resplandor como película y, por tanto, son atendibles, y King también suele decir que El resplandor es una muy buena película de terror. Y lo es: Kubrick finalmente utiliza su perfeccionismo visual para causas nobles (léase: narrar). En cada uno de los paseos del pequeño Danny en triciclo por los pasillos del hotel, filmados con el virtuosismo que caracterizaba al director de 2001, Kubrick está narrando. Y, lo más importante de todo teniendo en cuenta la película que es, está asustando. El resplandor es una película realmente aterradora; el cuentito de fantasmas que narra es lo suficientemente atrapante como para que podamos disfrutarla sin tener que sobre analizarla y desmenuzarla casi cuadro por cuadro como lo han hecho muchos desde su estreno. El resplandor nos regala algunas de las imágenes más inolvidables de la historia del cine de terror (y una música extraordinaria a cargo de la compositora trans Wendy Carlos), y resulta ser una muestra de que se puede hacer una gran adaptación de una gran novela sin que al encargado de adaptarla le importe siquiera un poco la “fidelidad”.

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Stanley Kubrick: sacando las cosas de control

Hay pocos directores más analizados y discutidos en la historia del cine que Stanley Kubrick. También hay pocos realizadores tan famosos por su carácter obsesivo y perfeccionista, algo que hizo que en algunos casos estuviera más de un lustro para planificar una película y más de un año filmándola. Con este particular ritmo de trabajo, Stanley Kubrick realizó, a lo largo de su carrera, trece largometrajes. De estos, varios dejaron imágenes icónicas en la cultura popular: una y mil veces parodiadas y/o homenajeadas en todo tipo de series, publicidades y largometrajes. Después de todo, el cine de Kubrick fue (y sigue siendo en varios casos) muy popular, capaz incluso de influenciar en la estética de no pocos cantantes de pop y de rock (como el caso de David Bowie y su relación con 2001, Odisea del espacio, o Rob Zombie y su admiración siempre presente por La naranja mecánica). Es raro pensar que tamaña popularidad en las películas viniera de la mano de un director conocido por su carácter recluido y ermitaño, una persona reticente a que le saquen fotos para la prensa o a ser entrevistado.

La obsesión mayor de Kubrick fue la de construir películas que fueran lo más particulares posibles. Y quizás ahí es donde resida su costado más ambicioso, en su necesidad de hacer siempre, en cada largometraje, algo radicalmente diferente a lo que se hizo antes, incluso arriesgándose a cambiar totalmente el tono y el género del film que había hecho anteriormente. Así es como este director pudo pasar de la utopía futurista de 2001 a la distopía prepunk y acelerada de La naranja mecánica, de ahí a la calma fatal de una película de época como Barry Lyndon, y de ahí a una película de terror surrealista como El resplandor. Sin embargo, hay cosas que persisten en todos sus films: un humor retorcido y extraño. Hay quienes ven a Ojos bien cerrados o La naranja mecánica sencillamente como comedias, y es fácil ver que El resplandor es menos una película de terror que una sátira alocada del patriarcado.

En Kubrick siempre hubo una obsesión por mostrar que, más allá de todo el control que quiera ejercerse, siempre hay un elemento externo, a veces azaroso hasta lo ridículo y otras sin causa determinable, que termina por imponerse y arruinar cualquier intento por controlar las cosas. Así es como un monolito acaso arbitrario puede controlar a la humanidad en 2001. Y así es cómo el intento por dominar a un joven delincuente mediante un mecanismo de control neurológico en La naranja mecánica puede arruinarse por algo tan inesperado como una sinfonía de Beethoven. Y también ocurre que un padre de familia en El resplandor se ve imposibilitado de controlar sus instintos inconscientes e inexplicables de querer matar a su familia. Y que un soldado perfectamente entrenado en Nacido para matar pueda terminar volviéndose tremendamente loco. Y que el médico de Ojos bien cerrados pueda darse cuenta de que su vida familiar no está tan establecida como imagina cuando se entera de una fantasía pasada de su mujer. En todo caso, fue siempre ese azar extraño, esa fisura imposible de explicar con la lógica y que no puede controlarse lo que siempre le fascinó a Kubrick, un punto en el cual las cosas simplemente suceden de manera arbitraria y sólo parecen estar ahí para persistir en su carácter de misterio.

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