BAFICI [18]: “JeruZalem”

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Hay que ser muy desafortunado para irse de vacaciones a un país extranjero justo en el mismo día en que se desata un apocalipsis de proporciones bíblicas. Para nuestro disfrute como espectadores, esto es lo que le sucede a las ‘inocentes’ protagonistas de este entretenido film de origen israelí, proyectado en la 18va edición del BAFICI.

 

Dirigido por Yoav y Doron Paz, el film -de un gran atractivo turístico- podría ser incluido dentro de un posible subgénero llamado ‘terror en primera persona’, categoría que compartiría con films como la pionera “El proyecto de Blair Witch”, la sorpresiva “Cloverfield” y otras tantas películas realizadas con la técnica del ‘found footage’. “JeruZalem”, cuyo título también podría ser “Atrapadas en Jerusalem”, es una divertida y tensionante experiencia voyeurista en la cual visionamos todas las desgracias ocurridas a las protagonistas del film a través de los anteojos Google Glass de una de ellas.

 

El film se condice con la nueva tendencia mundial que gira en torno al uso de tecnología inmersiva (también conocida como Realidad Virtual, como la disfrutable en el Espacio Qubit del Centro Cultural Recoleta) y a films realizados con una estética muy similar a la de un videojuego, en la cual uno ‘ve todo a través de los ojos del protagonista’, por decirlo en pocas palabras. Existe incluso en “JeruZalem” una genial escena en la que el film literalmente se vuelve un videojuego, explicitando el claro e inevitable parentesco que el espectador reconoce. En un año en el que el film ruso “Hardcore Henry” -también filmado desde la subjetiva de su protagonista- causó un gran furor tras su estreno en el Festival de Toronto, no es casualidad alguna que veamos en este BAFICI [18] una película como “JeruZalem” que explora las posibilidades de este tipo de filmación, pero desde el género de terror y al mismo tiempo, aprovechando otras populares tendencias actuales tal como la constante interacción de los jóvenes con las redes sociales, un recurso que es utilizado brillantemente en el film como fuente de ‘comic reliefs’ (Ej: la ingeniosa escena sexual en la que saltan a la pantalla los mensajes del preocupado padre de la protagonista).

 

Con respecto a esto último, es necesario resaltar que uno de los mayores méritos del film es su adecuado y efectivo uso de la comedia. “JeruZalem” es sin dudas, un film de terror y suspenso, pero es también una hilarante comedia. En casos como la escena mencionada anteriormente o en cada una de las instancias en la que la protagonista comete un error y sus anteojos le dicen “FATAL ERROR”, hay una intención consciente por parte de los realizadores, de explicitar algunos de los inevitables clichés del género, que desencadena un inesperado -y gratificante- efecto de comicidad en el espectador. Es decir, la puesta en evidencia de la estupidez de los personajes -sin llegar a pasarse al lado de la parodia- y el hacer que éstos mismos digan ‘que estúpido plan’, genera un efecto irrisorio en el público conocedor del género, quien en cierto punto incluso llega a festejar las malas decisiones tomadas por los protagonistas. Esta apuesta de los realizadores por hacer un film de terror impregnado de comedia, si bien era muy riesgosa, fue llevada a cabo espléndidamente y es uno de los puntos más altos del film, en conjunto con la filmación de -por ejemplo- una fiesta en primera persona o la utilización del loquero como locación para una de las mejores escenas de suspenso del film.

Uno de los mayores méritos del film es su adecuado y efectivo uso de la comedia. ‘JeruZalem’ es sin dudas, un film de terror y suspenso, pero es también una hilarante comedia.

Lamentablemente, no todo es color de rosas para los Hermanos Paz ya que el film tiene efectivamente numerosas falencias tal como la insistente y poco sutil anticipación del evento apocalíptico o la utilización de efectos visuales de un nivel no muy elevado, pero sobre todo, la pésima caracterización e interpretación del personaje de Kevin, quien parece existir dentro del film meramente para generar (insatisfactoriamente) paranoia entre los otros personajes y para “vomitar” diálogos explicativos acerca de la trama sobrenatural que está ocurriendo.

 

A pesar de todo esto, uno sale de “JeruZalem” con un saldo muy positivo e inesperado. Gracias a logrados momentos de suspenso en los que se explota al máximo la ausencia de visión o el desconocimiento acerca de lo que está sucediendo como fuente de miedo, los directores del film han logrado darle una nueva vuelta de tuerca al subgénero iniciado en los noventa por “El proyecto Blair Witch”, tiñendolo de comedia y actualidad, resultando así en una emocionante experiencia percibida desde la angustiante inmovilidad  de la butaca en la que uno se encuentra sentado.

 

 

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No, no les estamos diciendo que sigan la costumbre, en Argentina bien de country, de salir disfrazados a hacer trick or treat; dejémosle eso a los niños de los suburbios de EE.UU. Pero Halloween es una buena excusa argumental para hacerse una regia maratón de cine de terror. Y acá les presentamos cinco películas con la que, aseguramos, la van a la pasar muy pero muy mal en el mejor de los sentidos:

I)     Rojo profundo: Muchachos y muchachas: si no conocen a Dario Argento, qué mejor manera de adentrarse en uno de los grandes directores del género que con esta película que narra la investigación, a cargo de un músico (David Hemmings) y una periodista (Daria Nicolodi). de una serie de asesinatos brutales. Con una música espeluznante del grupo Goblin y varias de las mejores muertes de la historia (la primera de las cuales interrumpe la secuencia de títulos), Argento logra imprimir el miedo más puro en cada una de sus hiperestilizadas imágenes.
II)   El exorcista: Sí, esta es más bien obvia, pero también es verdad que la película de William Friedkin de 1973 sigue siendo una de las más aterradoras de todos los tiempos. La historia de Regan MacNeil y su posesión demoníaca tarda cerca de una hora en llegar a los vómitos verdes y las cabezas giratorias, pero es en su primera mitad, cuando no sé sabe qué diablos le pasa a Regan y le hacen una batería de análisis, donde aparecen esos aparatos médicos, esas punciones espantosas que meten más miedo que cualquier demonio.
III) Imperio: La última película del gran David Lynch hasta la fecha es tal vez el exponente más puro de su universo. Si hasta ese momento Lynch nos había presentado sus historias retorcidas y repletas de enigmas en un envase de narrativa más bien clásica que resultaba tranquilizadora entre tanta locura, aquí tira por la borda todo atisbo de “narración tradicional” y nos mete de lleno en un mundo espantosamente hermoso. Encima, incluye dentro de la película su serie de cortos llamada Rabbits, que son algo así como una sitcom transmitida desde el mismo infierno.
IV)  El terror: Esta película de 1963 fue algo casi accidental. Luego del finalizar el rodaje de El cuervo, a Boris Karloff le quedaban cuatro días de contrato, y a Roger Corman, maestro del reciclaje, no se le ocurrió mejor idea que utilizar al mismo actor y los mismos sets para rodar otra película. Luego, los directores de segunda unidad (nada menos que Jack Hill, Monte Hellman, Francis Ford Coppola y Jack Nicholson) la completaron en un período de nueve meses. El resultado es una película rarísima: totalmente difusa desde lo narrativo pero atrapante en sus climas y su belleza visual.
V)   Destino final: Primera parte de una de las sagas slasher más novedosas de los últimos años. La película, escrita por Glen Morgan y James Wong (veteranos de Los expedientes X) y dirigida por este último, retomó la tendencia de cierto cine de terror de los 70 (con La profecía a la cabeza) de que su atractivo se encuentre en la creatividad de las muertes. Y al prescindir de un asesino serial de carne y hueso y convertirlo en una entidad abstracta (aquí “el asesino” es la muerte misma, que debe “atar cabos” con un grupo de jóvenes que deberían haber muerto en un accidente), lograron una libertad absoluta para planificar una serie de muertes tan elaboradas como divertidas.

El mejor terror

El mejor terror

 

 

Los extraordinarios cuentos de Edgar Allan Poe fueron adaptados al cine infinidad de veces pero en muy pocas ocasiones dieron lugar a películas igual de extraordinarias. Existe, sin embargo, un puñado de obras maestras entre los delirios que los cuentos del bostoniano autor de “El corazón delator” inspiraron en unos pocos guionistas y cineastas. El secreto de estas obras maestras reside en parte en que no tuvieron problema en distanciarse de su fuente literaria, en general cuentos de unas muy pocas páginas, para crear un largometraje autónomo, una cosa nueva que conserva apenas unos elementos claves del original, pero todo su espíritu. Una de estas películas esenciales es El gato negro, de Edgar G. Ulmer, con Boris Karloff  y Bela Lugosi, en la que en la que hay un gato negro, sí, pero donde por lo demás la idea de adaptación “libre” cobra nuevas dimensiones.

 

 

Otra, acaso la mayor, indudablemente la más hipnótica, es de The Pit and the Pendulum, conocida por acá alguna vez como La fosa y el péndulo y luego como El pozo y el péndulo, la segunda de las películas de famoso “ciclo Poe” que el rey de la clase B, Roger Corman, filmó para la productora American International Pictures, contando varias veces con la colaboración de otro autor único: Richard Matheson.

 

 

El mejor terror

 

 

Autor de dos novelas fundamentales del género fantástico (Soy leyenda y El increíble hombre menguante) y guionista imprescindible de la serie La dimensión desconocida, Matheson fue el responsable de tomar las 10 páginas del claustrofóbico cuento de Poe y convertirlo en un brumoso y atmosférico  misterio de angustia, obsesión y posesión. Permanecen del original, por supuesto, el pozo y el filoso y fatal péndulo-hacha de inspiración medievalista del título, así como su origen como aparato de tortura y sadismo de la Santa Inquisición Española. Aparato que, cortesía de la afiebrada imaginación de Matheson y Corman, ahora mora en las catacumbas del castillo de la familia Medina, habitado por su sufrido heredero Nicholas,  a quien interpreta el hombre que le da cuerpo a todo el asunto, la otra pieza clave de esta adaptación: Vincent Price. En la cumbre del Grand Guignol, disparado sin freno al arte de la exageración, el drama, la angustia y el humor, Price es acá un auténtico monstruo en acción, desbocado, riéndose y aterrándose a la vez, la hipérbole de la expresión “alma en pena”, motorizada por el torturado, fantasmal recuerdo de la amada muerta,  ¡que no es otra la scream queen Barbara Steele! Ah, el no va más de Poe en la pantalla.

 

 

Y el resto es cine, del mejor, desde las psicodélicas imágenes del comienzo (¿Es eso plasma? ¡¡¡¿Es de eso que está hecha la atormentada mente de Vincent Price?!!!) hasta los flashbacks monocromáticos y distorsionados en los que se narra el tortuoso pasado familiar que acosa al protagonista, pasando por unos escenarios boscosos que deben ser los más encantadores desde los de la Hammer, toda la película es un viaje pop, lisérgico, irresistible. Y todo fue hecho en 15 días de rodaje con sets reutilizados, que es como deben hacerse –pregúntenle a Corman—las buenas películas de terror.

 

 

Terror Natural vs. Terror Sobrenatural

Terror

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Supongamos que abrimos el ropero y nos encontramos con el fantasma de una chica asesinada. Tiene la mirada vacía, la piel verdosa y se le ven las marcas de los cuchillazos que pusieron fin a su vida. ¿Nuestra reacción? Seguramente peguemos un tremendo alarido. Ahora supongamos que abrimos ese mismo ropero pero en vez de un fantasma nos topamos con un asesino serial, grandote, enmascarado y cargando una motosierra. ¿La reacción variaría? Probablemente no: en este caso también pegaríamos un tremendo alarido. De hecho, si pudiéramos medir ambos gritos, seguramente nos encontraríamos con que ambos poseen exactamente la misma intensidad, volumen y duración. El pavor y el miedo serían prácticamente iguales. Sin embargo, estaríamos ante dos fenómenos radicalmente diferentes: uno natural (el asesino) y el otro sobrenatural (el fantasma).

De las muchísimas formas de dividir y catalogar el cine de terror, esta es una de las más habituales. El equipo del Terror Natural podría formar así: Al arco, Jack el Destripador; en la defensa, Tiburón, Piraña, Tarántula y Anaconda; en el mediocampo, la Esquizofrenia, la Paranoia y la Psicosis; arriba, Hannibal Lecter, el asesino del Zodiaco y Charles Manson. Son todos fenómenos, personajes y criaturas que pertenecen al orden de lo real. Existen, existieron o podrían haberlo hecho. El director técnico podría ser Sigmund Freud, consumado explorador de los impulsos, fantasías y miedos que anidan en nuestro interior y que pugnan por emerger. Por otro lado, el equipo del Terror Sobrenatural saldría a la cancha así: Al arco, Alien; abajo, Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo y La Momia; en el medio, Freddy Krueger, Carrie, La Cosa y el Bebé de Rosemary; arriba, La Mujer Pantera y alguno de los fantasmas de Amityville. Zombies, extraterrestres, poderes sobrenaturales, asesinos que atacan en pesadillas… Criaturas, fenómenos y personajes que exceden a lo real. El técnico, como no podría ser de otra manera, sería el Amo de lo Sobrenatural, el Señor Diablo.

Por supuesto, hay una gama intermedia de películas de terror que plantan su bandera en el terreno de la incertidumbre: están en ese límite difuso que separa lo natural de lo sobrenatural. ¿A esa nena realmente le están pasando cosas diabólicas o es todo culpa de esas pastillas que está tomando? ¿A esa estudiante de psicología la persiguen criaturas de la noche o es su propia psiquis que se está resquebrajando? El espectador se debate entre una explicación natural y una sobrenatural. Una cita del filósofo e historiador Todorov ilustra a la perfección esta ambigüedad: “En un mundo que es el nuestro, el que conocemos, sin diablos, hadas, ni vampiros, se produce un acontecimiento imposible de explicar por las leyes de ese mismo mundo familiar. El que percibe el acontecimiento debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los sentidos, de un producto de la imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos. O bien el diablo es una ilusión, un ser imaginario, o bien existe realmente, como los demás seres, con la diferencia de que rara vez se lo encuentra. Lo fantástico tiene lugar en esta incertidumbre”. Obviamente, sería imposible armar un equipo del Terror Ambiguo: ¿Quién sabe para qué lado patearía cada jugador?

 

En Qubit.tv tenemos decenas de películas de terror. Te invitamos a verlas y a que nos digas qué tipo de terror preferís y por qué. Películas de Terror en Qubit.tv