Tengo un monstruo en el bolsillo

titanes del pacifico

Titanes del Pacífico nació mucho tiempo antes del 2013. Guillermo del Toro soñó con esta historia cuando tenía tan solo doce años. “Si ahora tuviera una máquina del tiempo e invitara a mi otro yo de doce años a ver lo que estoy haciendo, se pondría loco de contento al ver mi versión de cuarenta y ocho años”, confesó en una reciente entrevista. Los monstruos y los robots son la debilidad del director mexicano desde muy pequeño y nada de eso ha cambiado hasta el día de hoy. La permanencia de ese fetichismo infantil por los bichos extraños y la maquinaria pesada es lo que convierte a su cine en un planeta amorfo, impregnado de un espíritu mágico que oscila entre lo vital y lo mortuorio. Guillermo del Toro es un niño con licencia de conducir. De conducir como un Dios, con cuernos rojos y tridente, los mundos que crea en cada una de sus películas.

 “Titanes del Pacífico nació mucho tiempo antes del 2013. Guillermo del Toro soñó con esta historia cuando tenía tan solo doce años.”

La abismal diferencia entre Hellboy (I y II) y Titanes del Pacífico es que las dos primeras se ajustaban a la fidelidad de otro autor: el historietista Mike Mignola. Su octavo largometraje, prima segunda de Ultraman, encuadra en sus típicos planos sumergidos en papel crepe azul de cobalto a la salvaje riña entre los Kaiju y los Jaegers. Los alienígenas, que en vez aterrizar a la tierra salen de la superficie, atacan a los humanos disfrazados de monstruos como en Titanes en el ring pero vestidos de frac. Raleigh Becket (Charlie Hunnam) pelea contra Godzillas evolucionados y modernistas bajo el agua, en el aire o sobre tierra firme, pero la lucha más salvaje habita dentro de su segundo traje: su piel. Como en Hellboy, el personaje principal sufre la metamorfosis de convertirse en un hombre adulto. Pero, ¿qué hace que un hombre sea hombre? Del Toro no está aún preparado para abandonar la niñez -tiene una casa familiar y otra, solamente para que coman, duerman y sueñen pesadillas sus monstruos-, pero como buen padre ficticio provoca, a través de giros narrativos, crecimientos abruptos en los protagonistas del relato. Le arranca a su hermano Yancy (Diego Klattenhoff) del interior del Jaeger y lo reemplaza con una mujer: Mako Mori (Rinko Kikuchi)

 

En cada nueva película, Del Toro se enfrenta desnudo, sin coraza ni engranajes, a una batalla interna: creer o no en la humanidad. Un Kaiju flotando en su hombro izquierdo y un Jaeger en el derecho gritándole al oído mensajes contradictorios. Como sus propios personajes, el director encarna la lucha entre el bien y el mal; entre su pesimismo y su optimismo.“Lo que hace un hombre son las elecciones que hace. No cómo empieza las cosas…sino cómo decide terminarlas”, relataba la voz en off de John Myers en el desenlace de Hellboy. Del Toro es un pesimista innato sobre el futuro de la humanidad, sin embargo, siempre termina exponiendo cierta esperanza en la especie. Los monstruos son la amenaza del apocalipsis pero también son su salvación porque, como la fuerza de la naturaleza, no son ni buenos ni malos. Asustan porque tienen demasiada fuerza e impunidad como la tristeza de un tsunami o la angustia de un huracán.

 Notas relacionadas: Tierra de gigantes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × cinco =