Territorio seco

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Olvídense de los plácidos suburbios metropolitanos que la comedia norteamericana tiene como uno de sus puntos geográficos privilegiados: ahí, donde las veredas anchísimas con el pasto recién cortado son el preámbulo de vidas y casas donde todo es confort, confort, confort, los problemas son otros (envejecer, casarse con quién, encontrar el sentido de la vida, etc. etc). Pero Trona es el desierto, un pueblucho de pocos habitantes que apenas subsiste porque a algunas empresas les interesó extraer minerales de un territorio seco, en el que se supone que alguna vez hubo un lago. O por lo menos eso es lo que algunos dicen, y la perspectiva parece tan irreal que el pasado de Trona se siente como un sueño. El presente, en cambio, es bien real, repetitivo y resignado. Así lo vive Ray Tuckby (Dylan Walsh), que alguna vez fue el más lindo de la secundaria y ahora se encierra todo el día en una cabina de peaje, vuelve a casa para saludar a una esposa que tiene fobia de salir a la luz y un hijo adolescente (Jonah Hill) que le pide entre pucheros que lo lleve al prostíbulo.

Si el cine norteamericano se ocupó mayormente de construir una imagen de la abundancia (supermercados repletos de mercadería, autopistas atestadas, anchísimos campos sembrados, grandes territorios vírgenes o ciudades llenas de vida hasta rebalsar), Trona es el reducto de la escasez, lo pequeño, lo infértil en todos los planos, algo que Un nuevo amanecer (Just Add Water, 2008) se ocupa de señalar con pequeñas anécdotas como esta: Ray llega a casa y le pregunta a su esposa qué hay para cenar, ella dice que nada pero que podrían comprar algo, a nadie se le ocurre otra cosa más que pizza, Ray va al supermercado a comprar una pizza congelada y lo único que consigue, entre mostradores raleados donde se marchitan dos plantas de lechuga casi negras, es un par de latas de comida envasada (o esa materia tóxica que muchos norteamericanos insisten en llamar “comida”).

Just Add Water busca la comedia en el fondo del mundo, un Lejano Oeste tardío y sin esperanza donde la pandilla de motoqueros más burda cobra peaje para dejarte pasar o te deja sin electricidad a su antojo.

Just Add Water busca la comedia en el fondo del mundo, un Lejano Oeste tardío y sin esperanza donde la pandilla de motoqueros más burda cobra peaje para dejarte pasar o te deja sin electricidad a su antojo. Pero para que haya historia, a Ray Tuckby se le van a cruzar dos versiones del paraíso: una en la vida optimista y abundante del empresario interpretado por Danny DeVito, una especie de dios petisito y pelado que parece condensar la promesa de un mundo mejor en un cuerpo panzón y sonriente. Y la otra en Nora (Tracy Middendorf), la chica que le gustó en la escuela y que, por razones que Ray apenas se anima a sospechar, nunca se fue del pueblo. Melissa McCarthy y Justin Long también forman parte de la población más-white-trash-imposible de Trona, una película que también dispara sobre el género al plantear una especie de sueño instantáneo como esos jugos en sobrecitos: sólo agregue agua y verá cómo las cosas mejoran, aunque todas las imágenes polvorientas que vimos antes nos hagan, por lo menos, dudar un poco.

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