Tim Burton: un raro sentimiento

Los personajes del cine de Tim Burton

No debe haber muchos realizadores en el Hollywood de las últimas décadas con un sello visual tan reconocible y personal como el de Tim Burton. Este cineasta empezó su carrera en los ochenta trabajando como dibujante para la Disney y que fuera despedido de ahí a mediados de esa década cuando se consideró que su estética era demasiado oscura para la compañía. Sin embargo, esta persona que fuera desplazada de una gran empresa se convertiría en un director de Hollywood tan exitoso que ya a mediados de los 90 la Warner le permitiría en ¡Marcianos al ataque! hacer un film anárquico (y uno de las más bellos homenajes a la ciencia ficción de los 50 por otro lado) sobre unos marcianos diabólicos y risueños capaces de destrozar a cuanta estrella de Hollywood tuvieran delante.

Esos marcianos, además, reflejarían una de las tendencias más fuertes de Burton: su gusto por las criaturas raras, “freaks” que se diferencian por completo de su entorno. A veces, como en El cadáver de la novia, estos freaks pueden estar desesperados por adaptarse a su contexto y ser amados. En otros casos, como en Beetlejuice, se puede narrar la historia de un fantasma rechazado hasta por el mundo de los muertos que se encuentra orgulloso de su condición de marginal. Y en casos como el Willy Wonka de Charlie y la Fábrica de chocolate (todo un himno a las golosinas, no solo a su sabor sino también a la variedad de sus formas y a sus colores múltiples y festivos) se puede plantear un freak que no solo está orgulloso de su condición, sino que además logra que el mundo termine por adaptarse a sus excentricidades.

En cierta medida, Willy Wonka puede ser tomado como una imagen del propio Burton, una persona que popularizó un imaginario extravagante en el que el mundo de los fantasmas puede ser –como en Beetlejuice o El cadáver de la novia– más alegre y preferible que el de los vivos y en el que lo monstruoso se glorifica (como sucede en Sombras tenebrosas, su última película estrenada aquí, verdadera oda al imaginario terrorífico). Y quizás lo que hizo de su cine algo tan masivo es el enorme cariño que Burton tiene por sus freaks. Reflejo de un sentimentalismo particular, sí, pero también lo suficientemente genuino como para que se haya contagiado a millones de personas, convirtiendo así a muchas criaturas de apariencia inquietante en algunos de los seres de ficción más queribles y populares de los últimos tiempos.

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