Una comedia romántica negativa

amante a domicilio spread

 

No pasa muy seguido que uno tenga el placer de ver una buena película negativa, en el sentido más profundo del término. Y si esa película, además, pertenece al no tan amplio género de la comedia romántica, estamos directamente frente a un objeto raro y fascinante, indigerible y tentador. Porque la comedia romántica, se sabe, es el reino del “todo termina bien en un mundo básicamente bueno”. Y si una comedia romántica tiene la osadía de terminar mal, suele dejarse en claro que el protagonista fracasó trágicamente en un universo que por otra parte es puro amor y encuentro entre las almas. Spread (Amante a domicilio)–película donde Ashton Kutcher muestra el máximo de cuerpo que se puede mostrar fuera del cine independiente– retuerce el género al punto de constituir el negativo de otra película feliz y posible para contar la historia de Nikki (Ashton Kutcher), alguien que llega con un sueño a la ciudad donde todos sueñan pero que, ojo, no es ninguna joyita.

Es que Nikki tiene el cuerpazo de Ashton Kutcher y, bueno, ¿qué se puede hacer en un lugar como Los Ángeles con ese cuerpo más que, digámoslo suavemente, ofrecerlo para toda clase de placeres? Fiesta va, fiesta viene, la película nos presenta a Nikki en el momento en que encuentra una nueva presa con forma de rubia empresaria y exitosa (Anne Heche) que vive sola en una de esas casas que parecen cajas de vidrio, con una o más piletas distribuidas en terrazas, vista a toda la ciudad, y los conceptos de hogar y de intimidad como recuerdos vulgares y lejanos. Nikki pasa por la vida de la rubia como quien para en una estación de servicio para comprar una coca, mirar un poco la tele de reojo, ir rápido al baño y seguir viaje, mientras Spread despliega los valores de un mundo que en la película es bien concreto y es tan protagonista como Nikki o más, siempre a punto de devorarse a los individuos: L.A., el inabarcable laberinto geográfico y social de escala difícilmente humana donde nadie parece realmente gozar o divertirse.

Hasta que en uno de esos diners que le dieron tanto al cine, Nikki se cruza con Heather (Margarita Levieva, la chica cool que mascaba chicle en Adventureland) y una ráfaga de romance sentido y real desvía a Nikki del camino ya demasiado conocido. Con Ashton Kutcher en un papel de esos que suelen considerarse “arriesgados” por su potencial desagradable, una Los Ángeles que insiste en ser soleada sin calentar a nadie y un extraño final que está más cerca de Herzog que de la comedia mainstream, Spread es uno de esos tragos amargos que refrescan en serio, o, para decirlo sin metáforas, una de esas películas de las que nadie hablará pero que nadie se podrá sacar del paladar una vez que la vea.

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