Unidad básica

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Es difícil explicar la magia de los dúos cómicos. Cuando se produce la chispa, de pronto descubrimos algo nuevo, que es mucho más que la suma de las partes. No se trata (no alcanza) con juntar dos buenos comediantes (o, en otra variante más clásica, un comediante y un actor serio) para que se produzca: la yuxtaposición de los talentos no garantiza el dúo. El dúo se produce por otro lado, por otras cosas. Hay algo en la relación, en la interacción, en el intercambio de frases, de gestos, de algo que no se explica. El dúo es una unidad fundamental de la comedia.

 

“Es difícil explicar la magia de los dúos cómicos. Cuando se produce la chispa, de pronto descubrimos algo nuevo, que es mucho más que la suma de las partes.”

 

Ben Stiller y Owen Wilson trabajan en varias películas juntos. Coinciden, por ejemplo, en Los excéntricos Tenembaum y en la serie de La familia de mi novia. Pero su primer verdadero trabajo como dúo se da en la gloriosa Zoolander: dirigida y (en sentido estricto) protagonizada por Ben Stiller, la película alcanza sus momentos más altos como vehículo de esta nueva pareja del cine. Después de Zoolander, Stiller y Wilson volvieron a protagonizar otra película, la injustamente olvidada Starsky y Hutch, dirigida por Todd Phillips (quien luego filmaría las hermosas ¿Qué pasó ayer? y Todo un parto). Y trabajaron otra vez juntos en la serie de Una noche en el museo, con Wilson en un papel muy secundario y deslucido por la falta de interacción real (efectos especiales mediante) entre Stiller y Wilson. La magia y el culto alrededor de Zoolander hicieron que 15 años después de su estreno esté a punto de estrenarse Zoolander 2, un tiempo entre secuelas apenas superado por El padrino.

 

Owen Wilson nace al cine dentro de un dúo: el que forma con su hermano Luke en Bottle Rocket (primera película también de Wes Anderson) y una y otra vez a lo largo de su carrera ha compuesto diferentes parejas cómicas. Algunas más improbables (como la que formó con Jackie Chan), otras un poco más chatas (sus trabajos con Vince Vaughn), Wilson forma parte de esos actores generosos, colaborativos, que saben entregarse a una película sin buscar un protagonismo llamativo (como, por ejemplo, en esa maravilla que no nos cansaremos de elogiar: How do you know). No exento de cierta melancolía (inevitable en las películas de Wes Anderson), con el correr de su carrera Wilson también ha protagonizado diferentes películas de diferentes tonos (como las recientes Terapia de Broadway, Sin escape, Medianoche en París, Vicio propio).

 

Ben Stiller (hijo de comediantes) formó en cine desde muy temprano una carrera más variada y oscura, no solo por haber trabajado como director, sino por el tono de muchas de sus películas (su primera película como director, Generación X, estaba lejos de la comedia), que muchas veces se acercan al cine independiente (sus trabajos con Noah Baumbach) y la mayoría se sumergen sin dobleces en el mainstream más llano (desde voces de animación hasta secuelas innecesarias de uno de sus primeros éxitos, La familia de mi novia). Stiller puede y busca ser una figura levemente obsesiva, escondida, con por lo menos una nota de seriedad.

 

Su perfil de comediante nunca brilló tanto (y con tanta alegría) como en Zoolander. Y una pieza clave de esa alegría es la presencia de Wilson, un actor que porta su sonrisa con felicidad, que nunca tiene pruritos para entregarse plenamente al papel que está haciendo. La levedad de Wilson como Hansel y la libertad que se permite Stiller como Zoolander son lo que terminan por componer esa hermosa pareja del cine feliz.

 

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