“Zootopia”: Aprendiendo a vivir en sociedad

Zootopia

 

Nunca un film familiar de animación se comprometió tanto con un tema de actualidad -como es en este caso el racismo- de la misma manera que la nueva película de Disney Animation Studios, “Zootopia”. El film, ya disponible en Qubit.tv, cuenta la historia de la entrañable Judy Hopps, una pequeña pero persistente coneja quien sueña con convertirse en la primer oficial de policía de su especie, en la utópica ciudad de Zootopia donde los seres humanos jamás existieron y donde todos los mamíferos del mundo viven en una idílica comunión.

 

Sin embargo, en esta sociedad multiétnica aparentemente perfecta, subyace una profunda herida social que se remonta a tiempos pasados y que aún no ha terminado de sanar. En el interior de la cotidianeidad de su rutina, dentro de esta armoniosa estructura social preestablecida en la que están acostumbrados a vivir los animales, se esconde una contradicción ineludible: los animales se dicen iguales, independientemente de la especie a la que pertenecen, pero no por ello se tratan de igual manera unos con otros. Cualquier similitud con nuestra realidad no es pura coincidencia.

 

“ […] Los animales se dicen iguales, independientemente de la especie a la que pertenecen, pero no por ello se tratan de igual manera unos con otros. Cualquier similitud con nuestra realidad no es pura coincidencia.”

 

Esto se debe a que, a pesar de estar habitada por animales, la ciudad de Zootopia funciona como un reflejo perfecto de nuestra imperfecta raza humana. Los animales del film tienen trabajos, visten ropa, usan smartphones, escuchan a la exótica cantante Gazelle (Shakira) y hasta incluso insultan cuando son multados por estacionar incorrectamente (la personificación de los animales en el film es uno de sus puntos más altos, exhibiendo una gran creatividad por parte de sus guionistas y haciendo uso además de numerosas e hilarantes referencias cómicas). Pero en el fondo de esta simpática sociedad, se esconde una inevitable desconfianza, incertidumbre y hasta incluso miedo de los habitantes de Zootopia respecto de sus co-ciudadanos.

 

Afortunadamente, el film se toma el trabajo de darnos no una mirada unilateral sobre el racismo y la discriminación, sino las dos caras de la misma moneda al incorporar la cosmovisión del otro protagonista del film, el zorro Nick Wilde (interpretado por el siempre genial Jason Bateman). Entonces, lo que en una primera instancia parecía ser meramente un relato de autosuperación de la protagonista débil -no por su personalidad, sino por su especie- logrando vencer la adversidad que le presentaban los más fuertes, el relato en cambio vira hacia algo muchísimo más interesante y valorable: escapando de cualquier tipo de cliché, el film nos regala una entretenida y profunda reflexión sobre los altos niveles de prejuicios existentes en nuestra sociedad.

 

“ […] Escapando de cualquier tipo de cliché, el film nos regala una entretenida y profunda reflexión sobre los altos niveles de prejuicios existentes en nuestra sociedad.”

 

Una apuesta sin dudas desafiante para Byron Howard (Enredados) y Rich Moore (Wreck-It-Ralph), los directores de “Zootopia” quienes enfrentaron la difícil tarea de obligarnos, como espectadores, a realizar una introspección y percatarnos -al igual que la querible oficial Hopps- de que vivimos en realidad en una sociedad arraigada por prejuicios infundados e inculcados por los medios y hasta incluso por nuestros propios (y sobreprotectores) padres. Entonces nuestra protagonista, venciendo sus prejuicios y confiando en aquél que es discriminado, logra resolver el misterio que subyace en nuestra xenófoba sociedad: “el mal” no siempre es cometido por aquel que por su aspecto, raza o antecedentes estamos acostumbrados a juzgar. Muchas veces hasta el más pequeño (y de apariencia inofensiva) de los seres es quien más mal le termina causando al mundo.

 

Resulta inevitable visualizar este hermoso film y no relacionarlo con las innecesarias y violentas represalias policiales hacia ciudadanos de raza negra en los Estados Unidos hace poco más de un año (en este sentido, no es coincidencia alguna la profesión de la protagonista del film), o incluso con el trágico evento ocurrido la semana pasada en una discoteca de Orlando donde cincuenta personas perdieron su vida y otras tantas fueron heridas por un estudiante norteamericano de ascendencia islámica. Al día siguiente de este inhumano evento, un hombre de gran elocuencia y fama emitió un tweet básicamente incentivando la discriminación de aquellas personas que, al igual que al asesino, practican cierto culto religioso o que provienen de determinada zona del planeta, ya que -según él- son estas personas las que ejercen el mal en el mundo. Sin embargo y como nos demuestra “Zootopia”, alguien debería decirle al Sr. Donald Trump -este hombre que detrás de su éxito y excesiva seguridad esconde una ideología digna de un dictador fascista- que es en realidad él quien está sembrando el terror entre los ciudadanos, señalando a quien es distinto como fuente de todo mal, similarmente a lo que les sucede a los animales de esta ciudad animada.

 

Como verán, el análisis de un film como “Zootopia” puede extrapolarse a múltiples ámbitos. Esto sucede porque no nos encontramos bajo ninguna circunstancia ante una más de tantas películas animadas que meramente desean entretener a un público infantil con espectaculares animaciones, mundos extravagantes e ingeniosos chistes. Hay algo de eso en el film, pero “Zootopia” es mucho más. Es una de las películas más valientes y autoconscientes de su tiempo, un afable relato que nos enseña que por más avanzados que creamos ser como raza y por más tecnología que tengamos al alcance de nuestras manos, hasta que no nos liberemos de los numerosos prejuicios que gobiernan nuestra sociedad, nunca terminaremos de evolucionar; contrariamente a los animales del film quienes, si bien reflejan nuestra imperfecta naturaleza humana, lograron -al fin y al cabo- vencer todo tipo de discriminación y, sobre todo, transmitirnos una valiosa lección. Ahora queda en nosotros aprenderla.

 

No dejen de ver “Zootopia” en Qubit.tv.
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