24 Hour Party People: Nada que vender

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24 Hour Party People cuenta la historia (reinventada, mitologizada) de la música en Manchester entre fines de los 70 y mediados de los 90, un arco que va del punk al techno, desde los músicos muertos de hambre hasta el silencio, pasando por el éxito y todos sus excesos. Steve Coogan interpreta a Tony Wilson, un periodista de la televisión local que tras asistir a un concierto de The Sex Pistols decide meterse en el mundo de la música como dueño de un club y como director de una compañía discográfica. Entregado a la pasión por la música (mientras hace aburridas notas de color para la tele), Wilson habla a cámara, adelanta hechos que todavía no ocurrieron, comenta sobre la acción, explica y deja lugar también a distintas referencias que, por ejemplo, señalan que algunos de los actores secundarios y extras que aparecen en pantalla son en realidad las personas que vivieron hace décadas esos hechos que se nos están narrando. Así, entre excesos narrativos (la historia, su comentario, su destrucción al poner en evidencia la mentira) y excesos narrados (la música, las drogas, hasta el crimen), 24 Hour Party People avanza ligera, leve y canchera, y termina por construir un gran personaje alrededor de Coogan.

El gran Steve Coogan parece finalmente haber alcanzado la gran fama gracias a una película en la cual casi no se pueden apreciar sus dotes como cómico: en 2013, Philomena (escrita y protagonizada por él) estuvo nominada al Oscar como Mejor Película. Desde mucho antes, Coogan venía trabajando en televisión en Gran Bretaña, y también en cine. Su estilo de humor, seco y distante, puede resultar difícil (o, incluso, imperceptible) para quien está acostumbrado a una tradición diferente. Pero una vez que nos abrimos al universo Coogan, las cosas cambian.

 

24 Hour Party People cuenta la historia (reinventada, mitologizada) de la música en Manchester entre fines de los 70 y mediados de los 90, un arco que va del punk al techno, desde los músicos muertos de hambre hasta el silencio, pasando por el éxito y todos sus excesos.”

 

Hay algo en la ligereza y en la distancia posmoderna de 24 hour party people que calza perfecto con Coogan y le ofrece el oxígeno que necesita para desplegarse como actor. Esta película fue la primera colaboración entre Coogan y el director inglés Michael Winterbottom, rey de los posmodernos, director irregular pero no malo. Unos años después vino Tristram Shandy… (lo posmoderno al extremo) y la serie de televisión/devenida película The Trip.

Una de las características más interesantes de Coogan como actor (además de ese humor que uno no percibe hasta que ya tiene la cachetada encima) es su capacidad de ir trabajando como hormiga para construir personajes que, incluso a pesar del rechazo que llegan a producirnos, finalmente se completan como seres humanos. Tony Wilson es un hombre excesivo, bastante ridículo y feo, pero no podemos evitar ponernos de su lado. Más allá de sus éxitos y sus fracasos, más allá de su ego, Wilson encuentra justificación en su amor por la música, en ese amor también ridículo pero en última instancia, noble, que no le permite al final de su carrera tener nada que vender y lo condena a la nada.

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