3 películas de Mario Bava para (re)descubrir el giallo

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En la historia del cine —y del arte en general— hay lugares y momentos señalados. Estallidos de pasión, talento y creatividad abren, en contextos estéticos, sociales y políticos de lo más disímiles, heridas excepcionales en la continuidad espacio-temporal de una forma artística hasta entonces canónica. Hoy los invitamos a jugar con sangre, porque la herida del giallo es profunda y salpica el rostro deformado por la locura, la muerte y el horror.

Vamos por partes:

Noche del demonio, Mario Bava

Letícia Román en Noche del diablo (La ragazza che sapeva troppo, 1963)

El lugar es Italia, el momento es la década del sesenta. Mientras Federico Fellini estrenaba en Roma una de sus películas más poéticas y emblemáticas, 8 ½, un tal Mario Bava exhibía en Turín Noche del demonio (La ragazza che sapeva troppo, 1963) e invocaba con ella, en un aquelarre hitchcockiano, el espíritu maligno del giallo, subgénero que cambiaría para siempre el lenguaje cinematográfico. En ese entonces Bava no era ningún novato. Ya había fotografiado decenas de películas y cosechado elogios por su colaboración —en plan rescate— en el film de terror gótico El vampiro (I Vampiri, 1957) de Riccardo Freda, y por su primer crédito oficial como director en La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960). Sin embargo, con Noche del demonio, el público italiano se enfrentó por primera vez a una extraña mezcla de suspenso, policial y terror en un contrastado claroscuro, y con una carga de sensualidad que en los films subsiguientes del género escalaría al extremo del sexploitation. Pero como suele ocurrir con las nuevas formas narrativas, la película no consiguió recaudar lo suficiente para cubrir sus costos de producción; un infortunio que acechó al giallo hasta la irrupción en la siguiente década de quien, posteriormente, sería considerado su director más reconocido, Dario Argento.

Black Sabbath, Mario Bava

Boris Karloff en Black Sabbath (I tre volti della paura, 1963)

No obstante, el fracaso de taquilla no supuso una derrota sino un simple traspié para este director apasionado por la pintura y la fotografía. En tan sólo seis meses abandonó definitivamente el blanco y negro y estrenó su siguiente película, Black Sabbath, un tríptico de terror presentado nada más y nada menos que por el legendario Boris Karloff, quien además protagonizó el segundo de los relatos que conforman el film. Una extravagante adaptación libre de tres relatos de Chéjov, Tolstoi y Maupassant; toda una rareza. Y aquí estamos por fin en presencia de un giallo con todas las letras. Misterio, sensualidad y fenómenos sobrenaturales en escenarios abigarrados y una fotografía de colores saturados al extremo. La película no sólo dio nombre a la primera banda de heavy metal de la historia, además fue una de las primeras y principales influencias de Quentin Tarantino, quien confiesa haber comenzado a pensar el cine en términos de planos y puesta en escena a partir esta película y de El bueno, el malo y el feo de otro italiano, Sergio Leone.

 

Bahía de sangre, Mario Bava

Brigitte Skay en Bahía de sangre (Reazione a catena, 1971)

Lo mejor para el final. En la década del setenta, el giallo se recorta definitivamente del resto de las producciones de terror, se cristaliza como subgénero, y comienza a gozar de reconocimiento internacional —en gran parte gracias a la “trilogía zoológica” de Dario Argento, iniciada por su ópera prima El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo, 1970)—. Un año después del auspicioso debut de su compatriota, Mario Bava escribe y dirige Bahía de sangre (Reazione a catena, 1971) y tiende un puente hacia el cine del futuro. La obra maestra de Bava —y su favorita— se convirtió en la influencia ineludible del slasher (subgénero de terror que se caracteriza, en líneas generales, por narrar historias de asesinos seriales que ajustician adolescentes promiscuos —Halloween (John Carpenter, 1978) y Martes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) son los ejemplos paradigmáticos—). Bahía de sangre es osada, sensual, psicodélica y violenta. De hecho, maneja unos niveles de violencia explícita inéditos para la época y cuentan que hasta el mismísimo Christopher Lee huyó indignado de la sala durante su estreno.

Hoy estamos curados de espanto. Probablemente estas películas ya no nos generen el mismo impacto a nosotros, los que reímos a carcajadas con las atrocidades de películas como 1000 cuerpos (Rob Zombie, 2003). La violencia explícita es moneda corriente y ya no nos horroriza encontrarnos con cuellos degollados, cuerpos mutilados y entrañas salpicando la cuarta pared. No obstante, es justamente por ésto que no hay mejor tiempo que el que nos toca para revisitar con devoción los clásicos del terror y el giallo en particular. Estos italianos talentosos y delirantes crearon valiosas obras que en su momento muchos ponderaron como una forma de arte menor. A ellos les decimos: ¡errore, ragazzi!. Los autores del giallo cambiaron para siempre la manera de pensar el lenguaje cinematográfico y marcaron el rumbo del cine tal como lo conocemos hoy. Uno de los principales responsables fue Mario Bava, así que, si nunca vieron sus películas, dejen todo lo que están haciendo y entren a QubitTV para conocerlo.

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