Al filo del mañana: una vez más, con sentimiento

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Wikipedia tiene una rara entrada dedicada enteramente a películas con “time loops”: argumentos en los que una fracción del tiempo se reitera al menos una vez. Films sobre “el rulo del tiempo”: los hay más o menos conocidos; la lista puede revelar historias que no conoce el cinéfilo más curtido en este tipo de cachivaches. Hay una, por ejemplo, titulada 12:01, un telefilm dirigido por el veterano Jack Sholder en 1993, que en Argentina solía darse cada tanto en televisión abierta. 12:01 estaba protagonizada por un oficinista común que quedaba atascado en el peor día de su vida; el día en que presenciaba la muerte de la chica de sus sueños. Mediante un golpe de magia (del guión) a la hora señalada en el título el protagonista vuelve a empezar el mismo fatídico día, una y otra vez. Eventualmente, el muchacho decide que puede sacar ventaja de la posibilidad de examinar en detalle los eventos de la jornada. Vive y aprende. Si el argumento les suena es porque, claro, se parece bastante en su estructura básica al de Hechizo del tiempo (Groundhog Day), la comedia de Harold Ramis estrenada en cines ese mismo año, y en la que el protagonista, condenado a volver a vivir una y otra vez el mismo día, también aprende, y cambia, y logra cambiar a otros.

Veinte años después nadie recuerda a la más que decente 12:01, pero cada vez que aparece una película que le hace ese mismo rulo al tiempo es inevitable pensar en Groundhog Day, Phil Connor y la marmota que predice el clima y su vive-vuelve a vivir-aprende. Este año volvió a ocurrir cuando se estrenó Edge of Tomorrow, o Al filo del mañana, y la verdad es que es una premisa perfecta y aun en el cambio de género –esta es más bien de ciencia ficción y acción pesada con extraterrestres y kick-ass girl– y aunque está basada en una novela japonesa para adolescentes (All You Need is Kill, según su título internacional) sigue teniendo algo de remake libérrima de Hechizo del tiempo: por su humor, porque hay interés y conquista romántica, porque su héroe es, en principio, y aunque se trate de Tom Cruise, un antihéroe.

El slogan con que llegó a los cines Al filo del mañana funciona como una especie de postulado de modernidad:  “Vive. Muere. Repite”, que equivale al vivir y volver a vivir para aprender de sus antecesoras pero aludiendo a la dinámica más fugaz de un videojuego. Las primeras secuencias de la historia son, de hecho, puro videojuego, pero narradas con un timing y un manejo del montaje asombrosos: la elipsis consigue un efecto particularmente gracioso cada vez que parece que vamos a ser sometidos, de nuevo, a la reiteración de las escenas iniciales. El que queda atrapado sin comerla ni beberla en esta reiteración es el mencionado anti-héroe de Tom Cruise, que no, no interpreta al soldadito-modelo y action hero que esperarán los fans de Misión: Imposible, sino que por el contrario, es el militar-de-escritorio, un experto en relaciones públicas y marketing que solo ocasionalmente se encuentra trabajando para el ejército justo cuando la humanidad está perdiendo la guerra contra una invasión extraterrestre. Y al que, sin consultarlo ni entrenarlo, de pronto lo mandan al campo de batalla.

“Ah, no, lo mío no es la acción”, le explica con su mejor sonrisa de acá-evidentemente-hay-un-error” al general que lo quiere despachar al frente ya mismo, “De hecho, ni siquiera tolero la visión de la sangre. Ni un corte con papel”. Este tipo de escenas convierten Al filo del mañana en la película perfecta tanto para los seguidores de Tom Cruise como para sus detractores: quienes siempre estuvieron convencidos de que es uno de los grandes actores de su generación, acá podrán constatar su versatilidad; quienes siempre lo consideraron un poco limitado, habrán podido comprobar que este es el Cruise de más de 50 años que ha decidido reinventarse un poco a sí mismo y en el proceso va descubriendo un sentido del humor que antes estaba ausente de sus personajes, que se burla un poco de ese carácter de action-hero. Quienes hayan visto Tropic Thunder (Una guerra de película) ya tuvieron una prueba breve pero asombrosa del Cruise comediante que Hollywood y el mundo se estaban perdiendo. Ahora ese comediante es protagonista. Mientras Bill Murray se pone más serio y melancólico, Cruise se desata.

 

“El slogan con que llegó a los cines Al filo del mañana funciona como una especie de postulado de modernidad:  “Vive. Muere. Repite”, que equivale al vivir y volver a vivir para aprender de sus antecesoras pero aludiendo a la dinámica más fugaz de un videojuego.”

 

Y está la chica, por supuesto, “siempre hay una chica”. Y antes de cumplir 30 la inglesa Emily Blunt ya había probado su fuerza todo terreno, poniendo en pantalla un remolino de erotismo (Mi verano de amor), conservadurismo y resistencia (El diablo viste a la moda) y hasta la parodia de este conservadurismo (Los Muppets), haciendo drama de corset (La joven Victoria); y comedia matrimonial (Eternamente comprometidos); siempre irresistible. Ahora hace la que le faltaba: heroína de acción, la fatal Rita Vrataski, icono de la guerra contra el invasor, la que eventualmente se une al atribulado Cruise para dejar de dar vueltas en redondo y ponerle fin a la masacre. Y mejor no contar más.

El director de la película es Doug Liman, un cineasta surgido del indie cuya revelación fue con dos films pequeños de cierta repercusión en los noventa, Swingers y Go: Viviendo sin límites, que luego inició la saga Bourne con Identidad desconocida;  juntó a Brad Pitt y Angelina Jolie en El Sr. y la Sra Smith y luego alternó una carrera en la televisión con un par de films más. A este no le fue particularmente bien en los cines, pero lo cierto es que tocó competir en algunos territorios con películas mucho menos buenas y mucho más promocionadas (Maléfica). De todos modos, parece el tipo de película destinada a construir un pequeño culto a su alrededor, a ser redescubierta; a revivir, y a ser vista una y otra vez, replicando su encantador truco argumental, su loop, su irresistible hechizo del tiempo: Vive. Muere. Repite.

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