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Apostar por el cine, en todas sus formas

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En el diario online Hoy Día de la provincia de Córdoba se publicó una interesante nota titulada “Simulacros del fin del mundo”, firmada por Lucas Asmar Moreno. Nos llamó la atención la seguridad con la que el autor expuso varias conjeturas respecto a QubitTV sobre las que nos parece importante precisar y aportar nuestra visión, porque se trata —como hace Lucas— de visión, y de defender eso que tanto nos gusta: el cine.

 

Aquí pueden leer la nota en cuestión, y a continuación va nuestra perspectiva —esta es, la del equipo de curadores de QubitTV— sobre muchos de los temas que se plantearon en ella, para lo cual creemos que es útil citar los párrafos del texto original y responder puntual y específicamente a lo planteado.

 

El ‘on demand’ (a demanda) es un cine doméstico y domesticable. La primera cualidad es literal: un desplazamiento del espacio del visionado: la propia casa, el ámbito privado, en contraposición al espacio público de una sala. La segunda cualidad, el aspecto domesticable, concierne al esfuerzo del espectador para que el cine se ajuste a las reglas de su hogar. Una película se acoplará a los hábitos de una casa, deberá respetar tiempos, diseños arquitectónicos, cuestiones obvias como la ubicación de la pantalla, el ingreso de la luz externa, la acústica, e inclusive preverá movimientos de personas ajenas a la experiencia del visionado. El espectador incorpora el on demand al ritmo de su cotidianeidad.

Si bien las particularidades de cada casa son ciertas (el tamaño de la pantalla, la arquitectura, el sonido, la acústica, y un largo etc.), todas ellas también están presentes en las salas de cine. Ver una película en un gran cine es muy distinto a verla en uno deteriorado, con una defectuosa proyección o un cuestionable balance de sonido. De hecho, incluso dentro de un mismo cine no es lo mismo ver una película en la fila 1 que en el medio de la sala, en una butaca cerca de un pasillo, etc. Por otro lado, y respecto a las personas ajenas, puede sonar un tanto obvio, pero es incluso más fácil no tenerlas en la propia casa que en un cine. Las interrupciones y molestias que uno puede experimentar al momento de ver una película en su hogar son considerablemente menores (o, en su defecto, mucho más controlables) que en una sala de cine donde los celulares iluminan rostros, los espectadores comentan en voz alta y las bolsas de pochoclo emiten más ruido que los propios parlantes. En síntesis, de la misma manera en que el on demand no necesariamente es domesticable, no todo cine en el cine está libre de ser domesticado.

 

Existe un tipo de cine que por su blandura se adaptaría mejor a esta domesticación: el ‘mainstream’. No reclama demasiada hermenéutica y se concibe de buena fe como entretenimiento puro. Propone una intensificación de la experiencia que soporta distracciones; es el triunfo de la unidireccionalidad.

Es cierto que el mainstream suele mantener -aunque no deja de haber excepciones- al espectador en una zona de confort que no implica mayores esfuerzos y que tiende a brindarle a su público una experiencia estética más bien pasiva. No obstante, el mainstream obtiene sus mayores ingresos del consumo en cines. Es justamente el tipo de película que más necesita de una pantalla lo más grande posible y del sonido más agresivo para generar impacto. Y es también un producto que juega sus estrategias de venta en ser consumido “apenas se estrena”, porque así es la lógica del “evento que todos tienen que comentar rápido”, como los capítulos nuevos de una serie. La lógica de consumo de películas en VOD, sean entretenimiento puro o no —si es que algo así existe—, es radicalmente diferente.

 

Existe otro tipo de cine que suele denominarse independiente y supone un público especializado: el itinerante de festivales, el crítico, el programador, el realizador que milita poéticas indies. Un público que busca dialogar con una película que se sabe beneficiada por una atención más potente. Estas obras buscan matices, se toman su tiempo, sofistican el diseño sonoro, afinan actuaciones, anhelan el sentido figurativo. El on demand aquí se torna defectuoso porque debe violentar al máximo la disciplina hogareña para que el pacto se concrete con éxito.

Esta probablemente sea una de las mayores generalizaciones de la nota. No sólo sobre las supuestas condiciones de ver películas en el hogar, sino también sobre el tipo de películas que pueden o no ser visualizadas en él; como si de algún modo el espacio fuera determinante en grado extremo para el contenido. Es cierto que muchas películas-espectáculo están hechas para ser consumidas idealmente en una sala de cine, pero lo mismo ocurre con todas las películas: salvando las TV Movies, ningún director del planeta filma una película pensando que la proyectará en otro lugar que no sea una sala de cine. De forma similar, considerar que X película puede ser vista en un cine pero no en un hogar y otra a la inversa, es una premisa, por lo menos, discutible. ¿O acaso un film como Transit de Christian Petzold, una película de fuertes emociones, pierde toda su potencia narrativa por ser visualizada en otro lugar que no sea una sala? En absoluto. Y, por otro lado, convengamos que las oportunidades de verla en una sala son poquísimas debido a la austera presencia en las pantallas (y con poca llegada fuera de contadas ciudades) que este tipo de cine obtiene en la cartelera local, una falencia que nuestro servicio on demand busca remediar activamente.

 

También existe un cine liminal o fronterizo representado por directores de convocatoria masiva que sostienen su impronta artística, como Tarantino, Almodóvar o Cuarón. Complacen tanto al espectador formado como no formado y resulta llamativo que sus estrenos no tengan espacio en plataformas como MUBI o QubitTV, que buscan contrarrestar el imperio de Netflix. Estratégicamente, la incorporación de tales cineastas sería crucial para reclutar usuarios que balanceen el monopolio. Pero los costos para hacerse con los derechos no encajan en los libros contables. Las películas que aúnan dos públicos van hacia Netflix, monstruo que aspirando megaproducciones de Michael Bay suma alguna que otra obra de culto para redimir un catálogo paupérrimo. ¿En dónde intentan MUBI y QubitTV marcar la diferencia? Sólo en el área de archivología, en la compra de un material encajonado que invitará a un revisionismo histórico. Lamentablemente esto va a contracorriente del on demand y de la industria cultural en general, que reivindica lo desconocido nuevo ante lo desconocido viejo.

¿Acaso la curaduría museística es trasladable al on demand? ¿Puede el on demand imponer algún terror ritual que posicione al espectador como intérprete? Lejos de una concepción romántica que nos haga creer que todo tiempo pasado fue mejor, lejos del quejido nostálgico, debemos asumir que el aterrizaje del on demand reconfiguró al espectador sin darle tiempo a la industria para reconfigurarse también.

Más generalizaciones. En primer lugar, hay muchos más cineastas que pueden unir esos “dos públicos” que los tres citados. Muchos más, y nuestra constante observación de los consumos de la plataforma es prueba efectiva de ello. En segundo lugar, porque estamos lejos de ofrecer solamente “archivología”. Pero, antes de aportar datos, protestemos contra la connotación negativa que se le adjudica a poner a disposición del público la valiosa historia del cine. Esto no sólo no es poca cosa —sobre todo, teniendo en cuenta que la oferta en “formato físico” (videoclubes, venta de DVDs, etc.) se achica cada vez más y la búsqueda por otros métodos requiere de un saber especializado—, sino que es además uno de los aspectos más celebrados por los usuarios del VOD. Contar con películas de Kenji Mizoguchi, David Lynch, Howard Hawks e innumerables autores más, en su idioma original, con subtítulos en español, en HD y presentadas con información relevante a tan sólo clicks de distancia no es algo para despreciar; más bien todo lo contrario.

Dicho esto, hoy el cine sería más variado y el público tendría otra amplitud para recibirlo si se difundiera en mayor medida el conocimiento de las grandes películas de ayer. Y, claro, también de las de hoy. Por eso, QubitTV ofrece más de medio centenar de películas de los últimos dos años, muchas en carácter exclusivo. Y muchas con especial potencia y que nos demuestran semana a semana, por la cantidad de visionados y los pocos “abandonos”, que su carrera en los cines -esos pocos cines que suelen conseguir- no agotó en absoluto su potencial de conectar con más público. En una época en la que los grandes tanques han llegado a ocupar el 80% de las pantallas con un sólo título, el on demand defiende y exhibe la riqueza y la variedad del cine, también del actual. Ese es uno de nuestros objetivos en QubitTV.

A modo de ejemplo, mucha más gente accedió a ver Esto no es un golpe y Las hijas del fuego gracias a QubitTV y a que sus creadores, directores de la actualidad, confiaron y confían en nuestra plataforma, nuestro catálogo y en nuestra apuesta por el cine. Y en buena parte lo hacen porque sienten a sus obras “en buena compañía” con muchas películas imprescindibles del presente y del pasado. Por otro lado, la década de la que ofrecemos más películas, por un amplio margen, es esta que estamos transitando. Además, nuestra cantidad de películas del siglo XXI es casi la misma que la de todo el siglo XX. No suena mucho a un catálogo de “archivología” o con olor a naftalina, para nada. Y queremos insistir: las grandes películas del pasado son las que renuevan sus sentidos y prueban una y otra vez su valor en el presente.

 

Las salas de cine imponen una tiranía positiva: decidir ir a ver una película a un espacio público genera mayor distancia entre la interrupción del visionado y la obligación de establecer una posición crítica con lo que se está viendo. El índice de personas que se levanten de la butaca en la oscuridad será infinitamente menor al índice de personas que pausen una película en sus hogares y la olviden. El on demand ofrece la impunidad del desagrado, le da al espectador el don de la impaciencia, lo aísla en su berrinche, lo excluye de un acontecimiento social en donde su gusto fricciona con el gusto de los otros.

Esa “impunidad del desagrado” empezó hace unos cuarenta años con el VHS.

 

Es entendible que el lazo entre oferta y demanda se descomponga cuando no se aprecia qué producto está a la venta. El on demand ofrece un infinito, es decir nada en concreto. Al no saber el espectador cuál es su propósito, se inventa algo llamado algoritmo, el GPS del deseo. Pero el algoritmo no frena la inestabilidad del control remoto, más bien la potencia al dar por sentado que esa recomendación aleatoria nos complacerá. El compromiso con la obra será cada vez menor y más irritable.

El dilema al que se enfrenta MUBI y QubitTV no concierne al contenido, sino a la obsesión del on demand para que el espectador autogestione su ocio. La tiranía del control remoto resulta antinómica a la tiranía de una sala de cine, porque ahora estamos obligados a no seguir viendo. El espectador siquiera alcanza a pensar en la naturaleza de su deseo: rechaza de cuajo lo desconocido. Los nuevos paradigmas no son malvados, son algo mucho peor: inevitables. Así como la imprenta degradó la capacidad de escucha y el audiovisual alteró el proceso de lectura, el on demand deberá adulterar algo para abrir otro espectro sensitivo. Todo indica que se reformulará el espacio de ocio y su consecuente consumo artístico. Una simple y temible pregunta deberán hacerse los CEOs de MUBI y QubitTV: ¿cómo lograr que el arte habite lo doméstico sin por ello hacerse domesticable? ¿Cómo ejercer autoridad cuando el on demand propone un espectador ridículamente omnipotente?

Mientras estos interrogantes no se aclaren, será inútil un on demand alternativo. Porque toda tecnología antecede a su contenido, elegir hoy entre MUBI o Netflix es exactamente lo mismo.

 

En QubitTV trabajamos también para orientar al espectador con diferentes acciones (newsletters y posteos diarios en redes sociales, notas de análisis y curiosidades varias en nuestro blog) y para alentarlo a que se anime a probar aquello que no conoce; un incentivo que creemos necesario para combatir la homogeneidad cada vez más presente en las salas, probablemente una de las principales causantes de aquella comodidad demasiado sedentaria y del prejuicio hacia lo desconocido. Y si un espectador abandona tres películas, pero a la cuarta que se anima a probar descubre algo nuevo, algo que le gusta y que desconocía, entonces su mirada se ha enriquecido y el cine tiene un mejor futuro. Por otro lado, no existe tal “infinito” en el on demand (esto es perogrullo), y en QubitTV nos preocupamos por ofrecer una selección, un menú curado de características diversas pero que no maree ni abrume al espectador por la mera acumulación de títulos. Por el contrario, nuestros suscriptores confían en nosotros y nosotros confiamos en su curiosidad por el cine. Por último, la afirmación “toda tecnología antecede a su contenido” puede querer decir que el cine se inventó antes que las películas, pero ni así es del todo cierta (recordemos que muchos films nacieron a partir de libros preexistentes que fueron posteriormente adaptados, por ejemplo). Quizás, probablemente, sea en verdad una licencia, una inexactitud, una provocación -bienvenida, así hablamos de lo que nos gusta: el cine- destinada a llegar a la conclusión de que todo da lo mismo. No es así.

4 Replies to “Apostar por el cine, en todas sus formas”

  1. Ruben Aunchayna dice:

    Deseo borrar la suscripción a Qubit Tv dado que no puedo incoporarlo al televisor. Gracias. Quiero explicación que procedimieno debo seguir.

    • QubitTV dice:

      Hola. Le pedimos que por favor nos escriba vía mail a nuestra casilla de Atención al Cliente (soporte@qubit.tv) para que podamos ayudarlo. Saludos.

  2. gerardo cappello dice:

    Queridos curadores de QubitTV: Seré breve. Todas las generalizaciones tienen que ser falsas en algún momento y en algún lugar. Si tenemos una reunión con amigos, conecto la pc a un Smart, a un home theatre y apago las luces, pues es lo mas próximo a una sesión en un cine. Gracias a su plataforma he visto y he revisionado películas difíciles de encontrar excepto en algún cine club especializado. No nombraré autores pues ustedes saben bien lo que ofrecen y les agradezco la oportunidad de descubrir y redescubrir películas y directores que serían catalogados como figuritas difíciles. En nombre de algunas personas a las que les gusta el cine van las felicitaciones a ustedes y su esfuerzo para poner a nuestra disposición estas joyas que no deben ser olvidadas. Gracias nuevamente a todos los que participan en QubitTV.

    • QubitTV dice:

      Gerardo, le agradecemos enormemente por sus emotivas palabras. Es un honor y un placer para nosotros alimentar la cinefilia de nuestros usuarios y permitirles, como bien menciona, descubrir y redescubrir el buen cine. Nuevamente gracias y un fuerte abrazo.

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