BAFICI [18]: ’11 Minutes’

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El gran Orson Welles alguna vez dijo: En el cine, el montaje no es un aspecto. Es el aspecto. Lo esencial es la duración de cada imagen y lo que sigue a cada imagen. Lo que le otorga al cine toda elocuencia es lo que se gesta en la sala de montaje. Luego de asistir a una proyección del film 11 Minutes, en el marco de la 18va edición del BAFICI, resulta casi imposible no relacionar la nueva obra de Jerzy Skolimowski con la frase adjudicada al director de El Ciudadano. Incluso se podría argumentar que el más reciente film del realizador polaco es indudablemente un claro ejemplo de que el cine es esencialmente montaje, y siendo este último –de acuerdo con Welles– el aspecto troncal del primero, entonces nos atreveremos a decir que 11 Minutes es cine (montaje) en su estado más puro.

En pocas palabras, la nueva película del aclamado director de Essential Killing gira en torno a una serie de diversas historias que se desarrollan simultáneamente en el centro de la ciudad de Varsovia, en el transcurso de tan sólo 11 minutos. Ante dicha premisa y como espectador prejuicioso, uno podría pensar que Skolimowski –quien además escribió el guión del film– se enfrentaba, mínimamente, a un enorme desafío: sostener la tensión dramática a lo largo de los 81 minutos del film transitando un espectro temporal extremadamente limitante. Sin embargo, y para la grata sorpresa de los espectadores, el film no sólo logra mantener el suspenso y una sólida progresión dramática a lo largo de todo su metraje, sino que, además, lo realiza de tal magistral manera que uno no puede evitar arrimarse ansioso hasta el borde de la butaca esperando la épica conclusión de éste, un verdadero tour de force.

“En pocas palabras, la nueva película del aclamado director de Essential Killing gira en torno a una serie de diversas historias que se desarrollan simultáneamente en el centro de la ciudad de Varsovia, en el transcurso de tan sólo 11 minutos.

Entre las herramientas de las que se provee Skolimowski para lograr tan loable hazaña figura una caracterización de los personajes tan acertada que resulta imposible perder el hilo conductor de la historia de cada uno de ellos. Similarmente, el director también realiza un tratamiento –tanto visual como sonoro– del film que hace que cada plano, cada pieza musical, capte férreamente la atención del público. Hay un gran mérito en el diseño sonoro de 11 Minutes, así como también en las precisas posiciones de cámara desde las cuales el director elige narrar las diversas tramas. De cualquier modo, aún no hemos mencionado aquello que efectivamente hace que el film logre “sostenerse” dramáticamente de principio a fin. Se trata de la dosificación de la información.

Existe en 11 Minutes un trabajo milimétrico sobre la cantidad –y calidad– de información que se le entrega paulatinamente al espectador a medida que avanza el relato. Dicho trabajo se remonta obligatoriamente al guión literario del film, y su planteo de los límites de cada historia, los enlaces entre ellas, cuánto llegamos a conocer a los personajes (lo suficiente como para interesarnos en ellos pero no tanto como para anticipar su accionar) y, finalmente, hasta qué punto podemos tolerar la asfixiante tensión de una escena antes de descomprimir con otra, volver a construir desde cero y así sucesivamente hasta generar no una, sino numerosas bolas de nieve que avanzan firmes y rápidamente prometiendo la llegada de un épico y explosivo clímax, el cual –una vez que arriba– no decepciona en absoluto.

Pero, como si ello no fuera poco –bajo ninguna circunstancia lo es– y una vez ocurrido el ansiado clímax, el director aún tiene más para ofrecernos: una conclusión a la que, si la describiésemos como “excelente”, le estaríamos faltando el respeto. En efecto, el film cierra con una pequeña semilla que fue plantando progresivamente a lo largo del relato, pero que nosotros, embadurnados por su orgásmica, inconscientemente dejamos pasar. De esta manera, finalmente acabamos completamente sorprendidos por lo que posiblemente sea, me atrevo a decir, uno de los mejores films del año y una de las experiencias cinematográficas más gratificantes que nos ha regalado esta nueva edición del BAFICI.

 

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