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Cleopatra: la película maldita de la Edad de Oro

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Un 12 de junio de 1963 se estrenó Cleopatra, una producción épica que ganó gran notoriedad por sus numerosos cambios de elenco, director y locaciones, problemas de guión y, sobre todo, por el sensacional escándalo de su pareja protagonista: Elizabeth Taylor y Richard Burton.

Un proyecto clave en la historia de los rodajes fallidos que, en un momento, hasta le fue ofrecido al mismísimo Alfred Hitchcock (quien lo rechazó para filmar, en cambio, Los pájaros).

Con el fin de convencerlos de preparar un buen termo de café y disfrutar de uno de los últimos grandes exponentes de la Edad de Oro de Hollywood, he aquí un listado de tan sólo cuatro (podrían ser muchas más) razones por las que deberían ver Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz.


1) Un cine que ya no se ve

hollywood

La espectacular entrada de Cleopatra a la ciudad de Roma, una de las mejores secuencias del film.

El cine épico del sand & sandals fue furor en los años cincuenta y sesenta. Miles de extras, decorados gigantes, elencos multiestelares, presupuestos abultados y un formato visual (CinemaScope, Panavisión, etc.) que humillaba a la pantalla chica, tan popular por aquel entonces. Era la época del cine-espectáculo, y Cleopatra es, sin dudas, uno de sus mayores exponentes.

Desde el arribo de los inmensos barcos de la reina egipcia a las costas italianas (se dijo en su momento que 20th Century-Fox era dueña de la tercera flota más grande del mundo) hasta su espectacular entrada a la ciudad de Roma (que nada tiene que envidiarle a las portentosas aperturas de los Juegos Olímpicos), la película de Mankiewicz no escatimó en gastos al encarar el diseño de su producción.

Con un despliegue visual que haría sonrojar hasta a Cecil B. DeMille, Cleopatra nos invita a embarcarnos en un viaje en el tiempo: hacia los días del Imperio Romano, sí, pero también hacia una época, no muy distante, en la que el cine estadounidense apostaba por películas de proporciones (y temáticas) bíblicas que, difícilmente, tenga correlato alguno en la actualidad.

Algunos dicen que las franquicias de superhéroes, con sus toneladas de efectos especiales, son lo más cercano al péplum que tiene esta generación. Pero comparar el rodaje de una película filmada con tres pantallas verdes y un año de postproducción con el de una en la que el horizonte queda oculto frente al sinnúmero de extras en plano, sinceramente, resulta un tanto irrespetuoso.


2) Un sólido melodrama

melodrama

Julio César y Cleopatra hacen planes a futuro: un heredero al trono, conquistar el mundo y, tal vez, un finde largo en Las Toninas.

Por alguna razón, al escuchar la palabra “melodrama”, las personas parecen pensar inmediata y únicamente en alguna telenovela barata de origen turco. Sin embargo, el género que consagró a Douglas Sirk, y que persiste hasta nuestros días (bajo sables láser y dragones que escupen fuego, por ejemplo), es de una gran riqueza narrativa.

El guión de Cleopatra, coescrito por el propio Mankiewicz, es prueba irrefutable de ello. Libremente inspirado en el libro La vida y los tiempos de Cleopatra de Carlo Maria Franzero, ubica la acción en el extenso periodo que va desde sus días como la hermana despechada del Príncipe (y autoproclamado Rey) de Egipto, hasta convertirse en la mujer con más poder y autoridad de todo el mundo.

Todo un viaje de transformación y autodescubrimiento en el que conviven armoniosamente las manipulaciones amorosas de la dupla protagónica, las infaltables conspiraciones por el poder, los avatares bélicos de la época y muchas, muchas subtramas más.


3) Unos cuantos inconvenientes

Elizabeth Taylor

Cleopatra observa el asesinato de Julio César con el mismo rostro con el que los ejecutivos de 20th Century-Fox debieron haber contemplado su billetera al finalizar el rodaje.

Enumerar la cantidad de problemas y traspiés que la producción de Cleopatra debió enfrentar implicaría escribir toda otra nota (o libro, por qué no). Por ello, simplemente reparemos en algunos de ellos que, dejando de lado su carácter anecdótico, dan cuenta de la inmensidad del proyecto y del verdadero milagro que significa su existencia como película terminada.

Un rodaje demorado durante meses; actores enfermos, indignados y que hasta abandonaron el proyecto y fueron reemplazados por otros de escaso parecido físico; extras en huelga; dos estrellas tan populares como problemáticas que comenzarían, en el set, uno de los amoríos más famosos de la historia de Hollywood; un presupuesto que, de entrada, subestimó los costos de producción; múltiples directores, uno de ellos despedido en la post-producción y posteriormente recontratado (cuando los directivos del estudio se percataron de que era el único que sabía cómo unir las más de seis horas de material filmado); y hasta una huelga de actrices (que acusaban a los extras varones de propasarse con ellas), que demandó la contratación de un guardia que las protegiera y que acabó siendo titulada como “La Revuelta de las Esclavas”.


4) Un exitoso fracaso de taquilla

Richard Burton

Richard Burton y Elizabeth Taylor muy contentos con el éxito de su primer film juntos.

Sí, el título puede resultar un poco confuso, pero no por ello menos cierto. Cleopatra fue, efectivamente, la película más recaudadora de 1963. Pese a ello, este ambicioso proyecto no pudo solventar sus elevados costos de producción y acabó siendo el único film en la historia del cine que, tras coronarse como el número uno en la taquilla anual mundial, experimentó pérdidas. De hecho, fueron dichas pérdidas las que eventualmente destruyeron las carreras de Mankiewicz y su productor, Walter Wanger, quienes jamás volverían a trabajar en un film de tal magnitud y, en el caso de Wanger, de cualquier magnitud (Cleopatra fue su último film).


 

En síntesis, ver Cleopatra no es simplemente ver un melodrama de época de cuatro horas. Es ver a la historia del cine cobrar vida delante nuestro, en los ojos de Elizabeth Taylor, en su atrapante guión lleno de intriga, traiciones, confabulaciones y amores prohibidos, en su despampanante despliegue visual, en su privilegiado lugar dentro de la mitología hollywoodense como la película maldita que, pese a todo, jamás será olvidada.

Además, teniendo en cuenta la desmedida cantidad de tiempo (y energía) que muchos dedican viendo series (para luego quejarse de sus decepcionantes finales)… ¿qué son cuatro horas? Vamos, pongan la cafetera. El cine lo merece.

 


Cleopatra los espera en QubitTV.

La Reina del Nilo


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