La tradición

Críticas

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Ocho años antes del Oscar a Mejor Director, las ovejas y los vaqueros de Secreto en la montaña, el director taiwanés Ang Lee había filmado ya una historia que incluía el amor entre dos hombres en El banquete de bodas. Este segundo largometraje de Lee se estrenó en 1993, se filmó en Nueva York y está hablado en inglés y en chino. Pero la historia de un emigrado taiwanés que se encuentra radicado en Estados Unidos (situación que compartía el propio Lee en ese momento) no se concentra en ese amor homosexual, ni siquiera en los posibles problemas de discriminación que sufre, sino en la relación de ese joven profesional con su familia taiwanesa y, a través de esa familia, con una tradición milenaria que pesa todavía sobre él. El argumento podría parecer el de una comedia fácil: el hijo moderno y homosexual, los padres que lo presionan para que les dé un nieto y los enredos y cruces que comienzan a tejerse cuando las mentiras se vuelven más complejas. Pero El banquete de bodas es otra cosa.

Las tres primeras películas de Ang Lee, un director que con el correr de los años se volvería el mejor ejemplo de un cine trasnacional exitoso y prestigioso (un mismo director taiwanés que supo dirigir una adaptación de la muy inglesa Sensatez y sentimientos, que supo abrir el mercado occidental a los wu xiapian con El tigre y el dragón, y que hasta llegó a filmar Hulk), están todas atravesadas por un mismo conflicto: el problema (generacional) de la tradición en el mundo moderno. Su primera película, Pushing Hands, trataba el tema de la forma más frontal y posiblemente más amarga: un joven taiwanés emigrado a los Estados Unidos (y casado con una estadounidense) recibe en su casa a su padre, un viejo maestro de tai chi que viene a instalarse con su hijo. Los conflictos dentro de la familia son los que se verán de nuevo en El banquete…: la incomprensión entre el modo tradicional y el moderno (asociados respectivamente con la cultura china y la occidental), los roces en la convivencia entre la generación anterior y los jóvenes y, fundamentalmente, la posibilidad/imposibilidad de encontrar una forma de que la tradición sobreviva en un mundo que la ha olvidado. Menos amarga y más lúcida que su primera película, El banquete de bodas explora estos mismos conflictos, como lo hará un año más tarde Eat Drink Man Woman (esta última filmada en Taiwán, a diferencia de las anteriores, que transcurren en Nueva York).

Las tres primeras películas de Ang Lee, un director que con el correr de los años se volvería el mejor ejemplo de un cine trasnacional exitoso y prestigioso, están todas atravesadas por un mismo conflicto: el problema (generacional) de la tradición en el mundo moderno.

A lo largo de estas tres películas resulta fundamental la figura de Sihung Lung, el actor que interpreta al padre de estas tres familias que se encuentran atravesadas por este mismo conflicto: Taiwán contra Estados Unidos, lo viejo contra lo nuevo, el deseo contra el deber. Lee volvería a trabajar con Lung en El tigre y el dragón.

Hay algo en las primeras películas de Lee que parece haberse perdido con el éxito: un tono amable, de entre casa, sencillo pero honesto en su conflicto. En El banquete de bodas el tono que roza la comedia le permite además a Lee encontrar el resquicio justo entre tragedia y ligereza por el que nos permite ver que sus personajes no son simples estereotipos (ni del lado moderno ni del tradicional), que las relaciones se van construyendo y que todos pueden tener sus razones para ser como son.

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