En defensa de Halloween III

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A tan sólo un día del estreno en Argentina del reboot de la franquicia a manos de David Gordon Green, nos propusimos revisitar no la película que lo originó todo*, aquella obra maestra de 1978 dirigida por John Carpenter, sino la que probablemente sea la más subvalorada y menos popular de sus secuelas: Halloween III: Season of the Witch.

Season of the Witch

Un poco de contexto

Luego de haber “asesinado” a Michael (es sabido que el asesino serial de un slasher nunca está 100% muerto) en el final de la desequilibrada Halloween II, el plan de su creador era aprovechar la oportunidad y hacer de su ausencia el puntapié inicial para una nueva saga de películas sin relación alguna con el pueblo de Haddonfield, Laurie Strode o el psicópata de la máscara blanca. En cambio, se trataría de una antología de films independientes, cuyo único punto en común sería su ambientación en las vísperas de la “Noche de brujas”.

Las posibilidades eran infinitas. Lamentablemente, muchos no lograron –o no quisieron– comprender aquello que Season of the Witch nos dijo desde un primer momento: éste no es otro film de Michael Myers. Tanto su secuencia de títulos (más cercanos a los de Tron que a los de cualquier slasher) como su slogan (“The night no one comes home”, un claro guiño al de la Halloween original: “The night he came home”) lo anticipan con claridad. Se trata de otro tipo de película de terror. Sí, su título incluye la palabra Halloween, pero acá nadie encontrará a un montón de adolescentes muertos. También hay máscaras, es cierto, pero la lógica de su uso fue invertida: ya no es el mal (encarnado en la figura del imparable e imponente antagonista) el que se esconde detrás de ellas, sino sus potenciales víctimas (nada más y nada menos que indefensos niños).

Masks

Un Halloween diferente

Más de uno atribuye el fracaso del film en la taquilla a la decisión de sus realizadores de dejar de lado al subgénero y, con él, a la emblemática figura de su asesino. Irónicamente, fue esa controversial decisión en particular la que les permitió, como quien esquiva una piedra rodadora gigante haciendo un paso al costado, eludir el aplastante legado de la franquicia, librándose así de las limitaciones creativas que continuar la historia de Michael Myers implicaba (obstáculo que las secuelas que sí lo resucitaron no lograron superar) y, en cambio, apostar por otra cosa; por otra historia, por otro género, por otro Halloween.

Ojo, Halloween III: Season of the Witch está muy lejos de ser una película perfecta: hay en ella varios personajes desechables creados con el solo fin de acelerar la narración, numerosos momentos en que ésta pierde su ritmo a causa de secuencias que se beneficiarían de una menor duración, muchos de sus “golpes de efecto” –destinados a inquietar/asustar al espectador– fallan estrepitosamente, y algunas de las resoluciones del tercer acto carecen de la fluidez o potencia emotiva que uno desearía hubiesen tenido. Dicho esto, ninguna de las falencias aquí citadas está siquiera cerca de opacar el hecho de que nos encontramos frente a una de las películas de terror más audaces de los ochenta y, sin dudas, la secuela que mejor abrazó el legado de su creador.

Asalto al presinto 13

Un claro homenaje a Asalto a la prisión 13, película de Carpenter en la que Wallace se desempeñó como director de arte.

Un Carpenter bastante presente

Suele decirse que Halloween III es la más carpenteriana** de las secuelas y, si bien es verdad que el director de La cosa estuvo involucrado en el proyecto –participó como productor, compositor de la banda sonora y guionista (aunque por esta tarea no recibió crédito alguno)–, la influencia de su obra en el resultado final es verdaderamente innegable. Dirigida por Tommy Lee Wallace (amigo cercano, frecuente colaborador y hasta compañero de banda de Carpenter), la película exhibe una economía narrativa verdaderamente notable que nos remite, indefectiblemente, al autor de la Halloween original. Sí, la música de sintetizadores ayuda en gran medida, pero hay también una búsqueda genuina por narrar desde la cámara, por entregarnos información mediante los desplazamientos del dispositivo, sus cambios de foco y encuadres cuidadosamente compuestos; algo que muy pocas –sino ninguna– de las otras entregas de la franquicia se tomó la molestia de hacer.

john carpenter

De hecho, hasta la caracterización de su protagonista resulta carpenteriana: decidido a descubrir la verdad detrás del asesinato ocurrido en su hospital y ayudar a la hija de la víctima, el Dr. Challis (Tom Atkins) emprende un peligroso viaje que lo distancia –aún más– de su familia, y en el que debe arriesgar su vida en múltiples ocasiones. Pero nada de ello importa porque, como todo personaje nacido en el universo del autor, su profesionalismo es inquebrantable.

tom atkins

Puede que el film de Wallace esté más cerca del Carpenter de They Live! que del de Halloween, pero bajo ninguna circunstancia ello le quita el (enorme) mérito de haber sido –hasta el momento– la única de las secuelas que se animó a dejar de lado a Michael y redoblar la apuesta, regalándonos una de las muertes más escalofriantes de la saga (el sacrificio del niño), uno de los leit motifs más desgastantes y, al mismo tiempo, inquietantes del género (el jingle publicitario devenido en cuenta regresiva para el horror), y una paciente y paulatina construcción de la tensión que culmina en uno de los finales más carpenterianos posibles (tanto por su potencia como ambigüedad).

 

En síntesis, antes (o después) de ver la nueva Halloween en cines, los invitamos a ver Halloween III: Noche de brujas en QubitTV.

 

 

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*Refiriéndonos no sólo a la saga de films protagonizados por Michael Myers, sino también a todo el subgénero de películas que el slasher fundacional de John Carpenter antecedió e influenció.

**Hace no mucho se anunció la incorporación de las palabras tarantinesco, kubrickiano y lynchiano al diccionario Oxford de la lengua inglesa, pero de lo carpenteriano ni noticias. Es muy curioso cómo, tras décadas de ser ignorado por la industria, las audiencias y la crítica, el legado de Carpenter continúa siendo dejado de lado, ahora desde la lingüística.

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