Ethan Hunt: el hombre imposible

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Cuando se estrenó Misión Imposible: Nación Secreta, allá por mediados del 2015, ya nadie dudaba de las capacidades de Ethan Hunt. La franquicia llevaba cuatro entregas en su haber y una infinidad de misiones imposibles vueltas posibles y devenidas realidad por el infalible agente inmortalizado por Tom Cruise. Con una admirable autoconsciencia la película de Christopher McQuarrie abrazaba dicho saber y, en lugar de retratar a su protagonista como un superhéroe (convengamos que siempre fue una suerte de súper-hombre), lo elevaba al estatuto de deidad.

En una de las primeras escenas de aquel film, Hunt ingresa a una disquería y, con el fin de obtener su nueva misión y mediante un veloz y melómano proceso de comprobación de identidades, se revela ante la cajera como el famoso agente de la IMF. Anonadada, ésta confiesa haber escuchado hablar de él y le dice, incrédula, que no es posible que todas las historias que se le adjudican sean verdad. Ethan, quien se sabe Ethan, sonríe.

Más tarde, durante el planeamiento de la tradicional misión imposible del punto medio del relato (la bóveda de De Palma, el laboratorio de Woo, El Vaticano de Abrams, el rascacielos de Bird), Benji (Simon Pegg) propone llevarla a cabo haciendo que Ethan contenga su respiración durante un mínimo de tres minutos, bajo toneladas de agua y con un gran esfuerzo físico incluido. En pocas palabras, lo imposible. Pero Ethan sabe que es la única manera de hacerlo, por lo que accede sin protestar y se sacrifica por la misión. Literalmente. No se preocupen, esto no es un spoiler y, aunque lo fuese, sería irrelevante. No es la primera ni será la última vez que Ethan Hunt pierde la vida y resucita milagrosamente. Pero lejos de tratarse de la reiteración del cliché del héroe que no puede morir, en el contexto de la notable película de McQuarrie, se trata más bien de una resurrección crística.

De hecho, el ascenso a los cielos de Hunt ya había sido retratado al inicio del film en la inolvidable secuencia del despegue del avión con el propio Cruise aferrado a su puerta (probablemente una de las mejores secuencias iniciales de la serie). Dicho esto, si Nación Secreta de algún modo signaba la ascensión divina del personaje, entonces su secuela, la recientemente estrenada Repercusión es nada menos que su parusía, su segunda venida. Una de sus escenas más impactantes –en parte por su forma (filmada en plano secuencia), pero sobre todo por su audacia y espectacularidad– es precisamente el descenso de los cielos de Hunt: a más de 7.500 metros de altura, el mismísimo Cruise realizó un peligroso salto HALO (High Altitude-Low Opening: paracaidismo militar de elevada altitud que implica una larga caída libre con una apertura del paracaídas a una baja altitud), tan sólo una de las tantas increíbles hazañas que llevó a cabo para el film.

“Hunt es la manifestación viva del destino”, decía el personaje de Alec Baldwin en Nación Secreta, la película que se empeñó –y triunfó– en demostrarlo. Pero tras completar aquella misión, McQuarrie y Cruise se habían autoimpuesto una nueva, de una dificultad mucha mayor: habiendo hecho de Hunt el héroe invencible, el dios que logró vencer al diablo (Solomon Kane) encerrándolo bajo tierra (lo atrapa en una celda subterránea), sus futuras misiones corrían peligro. Pero no por la dificultad de sus resoluciones, sino porque el núcleo narrativo de la saga reside en la mera posibilidad de que el infalible Ethan falle.

En consecuencia, la decisión de volver un paso “hacia atrás” en esta nueva entrega es absolutamente comprensible. Sin que ese retorno represente una involución, los responsables de M:I entendieron que, para continuar deleitándonos con misiones plagadas de suspenso y acción, era necesario reforzar que aún hoy, a 22 años de iniciada la saga, Ethan Hunt puede fallar. Habiendo sido elevado en Nación Secreta, Repercusión hace honor a su título y se vuelve la consecuencia de dicho ascenso, un tomar carrera para volver a saltar.

Sumido en la oscuridad, Hunt desciende y es humanizado nuevamente. Su moral inexorable es cuestionada, su accionar salvador de vidas es convertido en una debilidad y, principalmente, su deber es puesto en duda. En el mundo de Repercusión, uno en el que las agencias gubernamentales calculan el fin y no los medios, donde el daño colateral no es más que un estorbo para que “el martillo” (el personaje de Henry Cavill) prospere por sobre “la aguja” (Cruise), el Dios-Hunt es puesto en jaque. Y gracias a ello, la película se vuelve la primera de la franquicia en poner el énfasis de la frase “su misión, si decide aceptarla…” no en la misión, sino en la decisión.

Agradecido por este necesario y valiente viraje, los invito a revisitar Nación Secreta en QubitTV, y luego comprobar cómo el sobresaliente dúo de McQuarrie-Cruise logró, una vez más, estar a la altura de las circunstancias. Es decir, de Ethan Hunt.

 

 

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