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Futuro distópico: películas para pensar que lo que viene puede ser peor

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Así como cada Ying tiene su Yang, el concepto de Utopía acuñado por Tomás Moro allá por 1516 en el libro homónimo tiene su contraparte, y ésta es la distopía.

En la Utopía el sistema político, legal y social es perfecto para el beneficio de su comunidad. La distopía engloba este mismo sistema pero corrupto de tal manera que afecta la libertad de acción en su población.
El futuro distópico es una crítica social a ciertos gobiernos o mandatos, retratado incesantemente en diversas ficciones.

También es una forma de prevenirnos de un porvenir que puede estar más cerca de lo que pensamos.


Las corporaciones como sistema de control 

En Robocop (1987) de Paul Verhoeven, asistimos a una Detroit futurista en la que la delincuencia y la pobreza van de la mano. La corporación OCP decide poner fin a este estadio en la ciudad teniendo como mano ejecutora a la policía.

Como los empresarios creen que los uniformados son “obsoletos”, deciden crear un programa en el que serán reemplazados por agentes robóticos.

El recientemente ejecutado Agente Alex Murphy (Peter Weller) es el candidato perfecto para crear al policía del mañana.

Aquí Verhoeven realiza una obra maestra del cine combinando el western urbano, la crítica social y un poco del Frankenstein de Mary Shelley.


Carrera contra la muerte (1987) comparte el año de estreno con la anteriormente mencionada Robocop, pero también otra coincidencia en el relato: el Estado policial autoritario que le da “pan y circo” a la población como medio de control y sosiego.

Es el año 2017 (por suerte ya lo pasamos y no sucedió nada de esto, ¿cierto?) Ben Richards (Arnold Schwarzenegger), un antiguo militar, es encarcelado falsamente y detenido en un campo de concentración.

Al escapar, se refugia en la casa de Amber Méndez (María Conchita Alonso) quien trabaja para la cadena de televisión que transmite el nefasto programa.

Luego de que las autoridades lo atrapan, Richards es coaccionado para que participe en el nefasto show.


Dios bendiga al Estado

No hay ningún director que haga más crítica social en sus films (y de manera tan perfecta) que John Carpenter.

Por ejemplo, en Escape de Los Ángeles (1996) los Estados Unidos están presididos por un demagogo ultra católico. La ciudad es un hervidero de criminales. A su vez, es controlada por un miembro del Sendero Luminoso (Iglesia-Religión-Secta) de aspecto muy similar al Ché Guevara.

Solamente “Snake” Plissken (Kurt Russell) podrá entrar a la isla-cárcel y cumplir su misión cual cowboy futurista.

¿Algo más para agregar?


Que las fuerzas de la ley son la mano ejecutora del Estado/Gobierno, eso ya lo sabemos, y en Dredd (2012) lo confirmamos.

MegaCity One es una ciudad superpoblada y con 17.000 delitos diarios. Aquí los llamados “Jueces” son responsables de la ejecución de la ley. Ellos desempeñan el papel de juez, jurado y verdugo.

Dredd (Karl Urban) y la novata Anderson (Olivia Thirlby) deberán detener a “Ma-Ma” (Lena Headey) y su imperio narco.

Allí deberán enfrentar tanto la amenaza de los delincuentes como el rechazo de la población que no confía en la ley, ya que ésta siempre está del lado de los poderosos y en contra del que menos tiene.


Por último, no nos olvidemos del más nefasto sistema de control que nos ha dado el mundo: el dogma religioso.

Mucho antes que la famosa serie multipremiada, The Handmaid’s Tale (1990) tuvo su su primera adaptación al celuloide en formato de película con los protagónicos de Robert Duvall y Faye Dunaway.

La obra de la autora Margaret Atwood  se sitúa en un futuro distópico en el que unos políticos teócratas llegan al poder de EE.UU. tras realizar un golpe militar. Este Estado pasa a denominarse Gilead. En él la libertad de prensa y los derechos de las mujeres son cosa del pasado.

La “Criada” es una mujer que se considera única y exclusivamente un objeto. Su único valor está en procrear, ya que las esposas de los Generales son infértiles.

Si bien Atwood retrató una distopía, la situación de Gilead no es tan diferente a muchas de las sociedades que se desarrollan actualmente (sobre todo en Medio Oriente) en las que aún siguen con leyes arcaicas y de fuerte dogma religioso.

Si el futuro que nos espera (cercano o lejano) no tiene el mejor de los augurios, siempre nos quedará el cine para hacernos tomar conciencia de lo que podría llegar a suceder y, en consecuencia, tratar de evitarlo.

 

3 Replies to “Futuro distópico: películas para pensar que lo que viene puede ser peor”

  1. Mariano Rodríguez dice:

    Robocop, que obra maestra. Verhoeven, si fuera menos violento sería considerado uno de los mejores de la historia. Claro que si fuera menos violento no sería Verhoeven. Igual de distópica y genial, Vengador del futuro, y su insuperable Starship Troopers, con unos guiños fascistas deleitables. Black Book? En fin, un maestro.

  2. fer dice:

    Blade Runner sin duda es el mejor ejemplo

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