GRANDES ESCENAS (2): TUYO ES MI CORAZÓN

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Notorious de Alfred Hitchcock

 

Tuyo es mi corazón (Notorious, 1946) es una de varias obras maestras absolutas que Alfred Hitchcock hizo en los cuarenta, su primera década en Hollywood; otras fueron La sospecha, Ocho a la deriva o la menos mentada Saboteur. El film tiene varias escenas justamente famosas como la del “beso encadenado” entre Cary Grant e Ingrid Bergman (con la que el director estiró la duración del beso estipulada por la censura) o el espectacular travelling descendente sobre una fiesta de gala, que termina en un primerísimo plano de la llave que la Bergman esconde en su mano.  Pero don Alfred cuidaba que lo espectacular no entorpeciera el fluir del relato y dedicaba a todas sus secuencias la misma atención.  Veamos otro momento, menos notorio, donde lo funcional de la puesta nos recuerda que en Hitchcock la forma no acompaña al contenido, sino que lo crea.

La escena llega en el exacto medio del film, cuando Alicia (Bergman), hija disoluta de un espía alemán condenado en Estados Unidos, ha vuelto a frecuentar a un amigo de su padre, Alexander Sebastian (Claude Rains) para descubrir información de la célula nazi que éste integraría en Río de Janeiro.  Para entonces ya sabemos que Bergman tiene un affair con Devlin (Cary Grant), el frío agente de la CIA que la ha reclutado, y que éste ha puesto especial empeño en ocultar la relación, así como sus propios sentimientos.

 

Tuyo es mi corazón es una de varias obras maestras absolutas que Alfred Hitchcock hizo en los cuarenta, su primera década en Hollywood”

 

Alicia llega de improviso al edificio donde los jefes de la misión conjunta americano-brasileña están teniendo una reunión de rutina (en una típica gaffe hollywoodense, los cariocas hablan castellano).  La hacen pasar a la sala de reuniones, donde el jefe Prescott (Louis Calhern) y los demás están sentados en la punta de una larga mesa, excepto Devlin, parado de espaldas junto a la ventana.  Alicia anuncia que Sebastian le ha propuesto casamiento, y pide instrucciones.  Tan sorprendidos como la joven, los funcionarios sopesan las opciones mientras ella busca con insistencia la mirada huidiza de Devlin.  “Parece una idea útil” dice él y añade, con un tono ligeramente molesto, “¿puede saberse qué llevó al señor Sebastian a semejante propuesta?”  (Basta escuchar cómo Grant pronuncia “Sebastian” para entenderlo todo.)

-Él me ama –contesta Alicia mirándolo.

-¿Y… él cree que usted también lo ama? –ella vacila un segundo.

-Sí, eso es lo que cree.

-Esto es la cereza sobre la torta –dice alguien.

-Entonces… ¿está bien? –Alicia desvía la vista ocultando su decepción.

-Sí… así parece –contesta Prescott-.  Es un matrimonio perfecto… para nosotros.

-Sólo una cosa –agrega Devlin-.  Este señor Sebastian parece ser un tipo muy romántico, ¿no?

-Sí…

Devlin expone entonces la probabilidad de que Sebastian prepare un viaje de bodas y la necesidad de que éste sea breve, decepcionando a Alicia por segunda vez.  A continuación, se excusa y sale de la habitación rodeando la mesa.  En ningún momento se ha acercado a la espía, que ahora luce abatida mientras Prescott le da más indicaciones.

¿Cómo nos percatamos de todo esto?  François Truffaut decía en su clásico libro El cine según Hitchcock que, en una escena cualquiera del maestro los personajes pueden estar hablando banalidades mientras sus miradas nos dicen otra cosa: hay una historia oculta que transcurre simultáneamente a la que vemos, y la duplicidad genera el suspenso.  El argumento de Tuyo es mi corazón nos ha preparado para buscar indicios de los sentimientos de Alicia y Devlin durante este diálogo.  Lo que hace Hitch es guiarnos sutilmente en esa dirección, encuadrando toda la escena en primeros planos de la pareja.  Lo normal habría sido mostrar al grupo completo, dado que todos participan en la conversación.  Pero el director se limita a mostrarlos recortados detrás de Bergman y Grant, mientras pasan diciendo sus parlamentos.  Sólo Calhern merece algún primer plano, siempre en el momento en que interrumpe su interrogatorio a Alicia para consultar a Devlin, sirviendo de nexo tanto verbal como visual entre ambos.  Así somos conscientes del verdadero diálogo entre los protagonistas, que se lee en sus ojos.

-Si no querés no me caso… pero vas a tener que decirlo –parece suplicar ella.

-No me gusta nada… pero no voy a arriesgar mi carrera por vos –contesta él con sus ademanes y rodeos.

-Acá pasa algo –piensa Prescott.

La escena representa no sólo el auténtico nudo argumental de la película –un drama romántico disfrazado de thriller de espías– sino la esencia del método hitchcockiano: su manera de imbricar forma y contenido para sacar el máximo provecho posible de cada momento.  Han pasado casi setenta años, y uno sigue asombrándose por el poder simbólico de su ejecución.  No por nada decía Truffaut: “Tuyo es mi corazón es Hitchcock en estado puro”.

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