La fiesta interminable

Críticas

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La primera actuación de Woody Allen en cine no fue en una película dirigida por él, pero sí en una basada en un guión de su autoría. Si bien posiblemente la historia recuerde más What’s New Pussycat? por la canción de Burt Bacharach compuesta para la película y cantada por Tom Jones, o por haber sido el debut de Allen, esta película de 1965 se sigue disfrutando hoy, posiblemente no con el desparpajo transgresor con que se habrá visto en los sixties, pero sí con una alegría libertaria que el cine ya supo olvidar.

 

Protagonizada por un muy joven Peter O’Toole, por un Peter Sellers un tanto deslucido pero en la cima de su carrera (había filmado para entonces dos de la películas de la serie de la Pantera Rosa y un par con Stanley Kubrick) y por una muy joven Romy Schneider (recién bajada de Sissi, ansiosa por entrar al cine de este siglo), What’s New Pussycat? funciona en buena medida gracias a la libertad que se toma hasta con sus propios personajes. La historia y los problemas de Michael James (O’Toole), un joven que sabe que quiere casarse pero no puede dejar de acostarse con todas las mujeres que se le tiran encima por el camino, es poco más que una excusa para ir recorriendo salones de París, bares de striptease, casas varias y chateaux que funcionan prácticamente como telo, todos poblados por una fauna de maniáticos sexuales de distinta índole y forma, frustrados y ninfomaníacas, maridos cornudos y amigos calenturientos, paracaidistas y campesinos que buscan una orgía, todos arrastrados por mareas incontenibles de deseo. Y todo cubierto por colores extravagantes, mucho terciopelo y cortes de plano recortados con bordes arabescos.

Si bien el guión de Allen resulta un tanto disperso y recuerda todavía ciertos formas de la televisión (rasgos que su cine irá depurando), ya se pueden ver buena parte de sus temas centrales (el deseo, la pareja) y encontramos ya la influencia de Fellini (con una cita directa a 8 y medio) y también la de Groucho Marx en una serie de diálogos afilados aunque no del todo consistentes. La escena de persecución en el hotel hacia el final le debe mucho al cine de los hermanos Marx.

 

“La historia y los problemas de Michael James (O’Toole), un joven que sabe que quiere casarse pero no puede dejar de acostarse con todas las mujeres que se le tiran encima por el camino, es poco más que una excusa para ir recorriendo salones de París, bares de striptease, casas varias y chateaux”.

 

Después idas y vueltas, de las peleas y reencuentros de la pareja protagonista, del momento hermosamente absurdo a orillas del Sena, cuando hacia el final la fiesta alocada y sexual que nos propone What’s New Pussycat? alcanza su clímax, se produce una escena hermosamente juguetona. Los personajes se reúnen y se enredan, se cruzan y se descruzan, salen corriendo e intentan escapar de la policía y para hacerlo no encuentran medio mejor que unos karting que aparecen a un costado. Empieza entonces la persecución: una secuencia ridícula, absurda, hermosa, confusa, ilógica y cómica. La cámara filma de frente a Romy Schneider, que avanza sonriendo por las calles de un pueblito francés con su pequeña excusa de auto, su pequeña excusa de huida, su pequeña excusa de argumento. Ese momento, esa sonrisa de Romy, esa alegría juguetona y liberada de una gran actriz a la que pusieron a andar en karting posiblemente sea uno de esos milagros fortuitos que el cine sabe ofrecer. Y solo era posible en una película como esta.

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