La hora del crimen

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Anclada en una esquina, en el encuentro de dos calles complejas (Pasaje David Cronenberg esquina David Lynch), La hora del crimen no se parece en nada de nada a lo que nos tiene acostumbrados el cine italiano contemporáneo. Un robo que sale mal. Una muerte. Una internación. Muertos que reviven. Dobles. Mapas de una cartografía en donde el delirio se confunde con lo real muestran que la dirección de localización le debe bastante a esos dos directores que decretan cruces en la esquina cinematográfica en la que se sitúa la ópera prima de Capotondi. El asunto aquí es saber entrar: mientras la mayoría de los policiales en los que chica/o buena/o conoce a chica/o mala/o que lo lleva por el mal camino suele hacerse presente un demoledor tufillo a moralina, en nuestra película en cuestión todo se vuelve más vaporoso, vueltero y demandante para el espectador, porque debe entregarse atado de pies y manos a una sucesión de cambios con más giros sobre sí que el dibujito animado del demonio de Tasmania.

 

“Anclada en una esquina, en el encuentro de dos calles complejas (Pasaje David Cronenberg esquina David Lynch), La hora del crimen no se parece en nada de nada a lo que nos tiene acostumbrados el cine italiano contemporáneo.”

Quizás en la entrega es en donde radica el mayor de los logros de La hora del crimen : estamos frente a una película que nunca miente, aún en su tendencia a los giros raros. O si quieren, miente pero con la más absoluta frontalidad y franqueza, sin engaños ni baratijas aisladas para atraer al espectador hacia un final efectista. No, nada de eso. Porque en esta ópera prima el director organiza toda una serie de indicios encadenados que nos va ingresando de lleno al interior de una mente traumatizada luego de un crimen. Nos puede hacer pensar en el famoso “finalmente era todo un sueño”, pero nada más falso: ahí donde mucho cine de las alucinaciones y delirios se contrae en torno a las patologías, en esta película se produce una apertura, un salto hacia el vacío de lo desconocido, sin por eso ser abiertamente experimental. Poco puede decirse sin entrar a revelar datos clave de la trama.

No menor es la notable labor de Ksenia Rappoport y Filippo Timi, cuya presencia y fotogenia los vuelve indispensables. Sin ellos nada valdría la pena.

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