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La Masacre de Texas: súbete a mi moto(sierra)

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Película fundacional en muchísimos sentidos que dio lugar a un montón de secuelas, remakes, “inspiraciones” y hasta una canción de los Ramones (“Chain Saw”, de su álbum debut), la ópera prima de Tobe Hooper sigue siendo, incluso a casi 45 años de su estreno, una de las películas más aterradoras, salvajes e incómodas de todos los tiempos. Una placa al comienzo, narrada nada más ni nada menos que por el gran comediante John Larroquette –cuya paga, según cuenta, consistió en un cigarrillo de marihuana– nos mete de lleno en la historia, y nos hace creer que La Masacre de Texas está basada en hechos reales cuando en realidad está vagamente inspirada (al igual que Psicosis) en el famoso asesino y ladrón de tumbas Ed Gein. Pero esa decisión de anclarse en “lo real” se mantiene durante toda la película, filmada en 16 milímetros con un presupuesto bajísimo y un registro crudo y urgente que lo hace todo más cercano y, por lo tanto, insoportable.

vietnam

Hooper no nos da descanso. La pesadilla comienza apenas arrancada la película y no se detiene jamás: todo es violencia, gritos, locura. Incluso la “música incidental” –si así se la puede llamar–, a cargo del mismo Hooper en colaboración con Wayne Bell, resulta altamente perturbadora en su experimentación. Lo más interesante es que el director logra una película así de extrema mostrando muy poca sangre y gore. De hecho, él quería mantener todo esto al mínimo para así obtener una calificación PG (apta para todo público con reservas), pero podríamos decir que le salió el tiro por la culata: la película fue incluso prohibida en varios países del mundo.

Todo en la película es desesperanza. La Masacre de Texas es un retrato perfecto del Estados Unidos más profundo luego de los horrores de Vietnam. Todo en ella está podrido, roto; el sonido satura, el montaje, aunque preciso como pocos, parece hecho a machetazos (o bien a cortes de motosierra). Los gritos de Marilyn Burns, la heroína de la película, y los sonidos guturales y las risas de Leatherface y su familia ensordecen y, como mencionamos antes, la fotografía en 16 milímetros y las ideas de puesta en escena contribuyen a generar esa atmósfera agobiante. Pero entre medio de todo este horror, Hooper logra colar varias imágenes de una belleza inesperada que, igualmente, en ningún momento desentonan con el clima general de la película.

marilyn burns

Como dijimos, La masacre de Texas fue una de las películas más influyentes de la historia del cine de terror: buena parte del subgénero slasher le debe muchísimo a ella y, además de sus secuelas “oficiales” (la mejor de las cuales es Masacre en el infiernoThe Texas Chainsaw Massacre 2–, que dirigió el propio Hooper en 1986 con un tono más burlón), tuvo no pocas imitaciones. Y tal vez la más simpática de todas las películas derivativas de La masacre de Texas sea Mil gritos tiene la noche, españolada de 1982 dirigida por Juan Piquer Simón que en su momento fue vendida con el tagline “¡No tienes que ir a Texas para vivir una masacre de motosierra!”, y en la que un asesino serial –cuya arma de preferencia es la motosierra– asesina a varias chicas en un campus universitario de Boston (interpretada de forma no muy convincente por la ciudad de Madrid).

 


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