Perversidad

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Fritz Lang

Perversidad (Scarlet Street) aparece luego de la “trilogía social” con la que Fritz Lang aterriza en los Estados Unidos en 1936 (y que conforman Furia, Solo se vive una vez y You and Me). Y se ubica temporal y temáticamente junto a La mujer del cuadro, con la cual mantiene una muy cercana y enfermiza relación espejada, que el crítico e historiador alemán Tom Gunning analiza con precisión y profundidad en su libro dedicado a los films del director.

En esta, George G. Robison interpreta a un cajero, leal y confiable, y pintor en sus ratos libres, que se siente revivir cuando conoce a Kitty (Joan Bennett), una mujer manipuladora y algo ingenua que comienza aprovecharse de él pero que, al mismo tiempo, le ofrece la posibilidad de liberarse de todas las situaciones y personas que lo oprimen en su vida. El cerebro malvado detrás de ella es en realidad su novio (Dan Duryea), un vividor con un particular sentido de la moda. Los tres personajes son tan malvadamente definidos, sus miserias tan finamente descriptas, que es imposible no rendirse antes sus imperfecciones y desestimar las acusaciones misóginas que se le atribuyen al film. Que el protagonista se llame Christopher Cross (ninguna relación con el cantante) hace imposible no mencionar sus implicancias: Chris Cross = crisscross = entrecruzado / traicionado. Dudley Nichols, guionista de los primeros filmes de Renoir en Estados Unidos, es el responsable de adaptar la historia original de Georges de La Fouchardière en un clásico relato de ambición y traiciones. Y que se permite numerosas críticas al cine, a la mediocridad cultural y al mercado del arte. Perversidad es también la primera remake que Lang realiza (y la última, vale aclarar) ya que esta misma historia había sido convertida en película unos años antes (en 1931) por Jean Renoir con La chienne.

“Los tres personajes son tan malvadamente definidos, sus miserias tan finamente descriptas, que es imposible no rendirse antes sus imperfecciones”

Analizando cierta obra de literatura, el escritor y crítico inglés Cyril Conolly expresaba sobre ella que “no se trata de una obra de arte, porque carece de composición interna”. Frente a esta película de Lang, de las menos mencionadas en una importante filmografía (que incluye Metrópolis, M, el vampiro y El testamento del Dr. Mabuse) se puede asegurar que sus múltiples composiciones y niveles de lectura la convierten en una pequeña obra de arte a descubrir.

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