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Stop Making Sense: del punk al Talking Heads de Jonathan Demme

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Talking Heads? Qu’est-ce que c’est?

En mi adolescencia llegué a los Talking Heads al desandar el camino del punk. Pese a que se formó en 1974 y su disco debut es de 1977 el año del punk, en su momento no entendí del todo bien por qué se vinculaba a esta banda ecléctica, con elementos de pop, R&B y funk, al espíritu salvaje, simple y frontal de unos Sex Pistols o Ramones.

Indagué un poco más y llegué a la conclusión de que Talking Heads es una banda intempestiva, y que el punk en sus inicios estuvo plagado de adelantados. Fue la escena en la que anidó la vanguardia del rock desde 1974 hasta, por lo menos, 1980. Probablemente haya sido el cambio de década y de tendencias lo que suscitó la migración de la vanguardia hacia otros espacios, pero me gusta pensar, por pura melancolía romántica, en la muerte de Ian Curtis y la irremediable transformación de Joy Division en New Order como punto de inflexión.

En este espacio desfilaron bandas de diferentes corrientes y estilos, algunas de ellas muy difíciles de catalogar. De hecho, David Byrne, Tina Weymouth, Chris Frantz y Jerry Harrison se diferenciaban notablemente de sus coetáneos por una actitud mesurada arriba del escenario, diametralmente opuesta al pogo violento y la lluvia de escupitajos del punk más salvaje.

Estos estilos alternativos luego recibieron etiquetas más o menos acertadas, a veces intercambiables, como proto-punk, garage-punk, post-punk, new wave, hardcore-punk, etc.

This Must Be The Place

En la historia del rock también hay elementos extramusicales que determinan los géneros y estilos. El tiempo y el espacio suelen ser factores decisivos: Talking Heads surgió en Nueva York y de las entrañas del CBGB, antro punk por excelencia en el que oficiaron como teloneros de los Ramones y compartieron escenario con bandas como Blondie o Television.

Pero independientemente del casillero donde decidamos ubicar a la banda liderada por el carismático Byrne, hay algo estrictamente musical que la define y la emparenta con su época; es esto mismo lo que Jonathan Demme logra capturar con maestría en Stop Making Sense. Talking Heads fue, por sobre todas las cosas, pura energía.

Thank You For Sending Me A Jonathan Demme

Algunos cineastas, cuando no hacen cine, se dedican a filmar conciertos. Otros, al filmar conciertos, hacen cine con todas las letras. Jonathan Demme al igual que Martin Scorsese con El último vals (1978) o Shine a Light (2008) pertenece sin lugar a dudas al segundo grupo. Stop Making Sense es más que un recital filmado; es un documental-concierto que retrata de forma inmejorable el presente de su artista-objeto.

Cuando alguien me pregunta qué es Talking Heads, mi respuesta es: mirá Stop Making Sense de Demme y escuchá el disco “More Songs About Buildings and Food”, co-producido por el maestro de los maestros Brian Eno.

 

Once In A Lifetime?

Claro que no. Demme logra lo mismo más de una década después con su segundo documental-concierto Storefront Hitchcock (1998), proyectado en la primera edición del Bafici; un retrato fiel del talentosísimo e injustamente subvalorado cantautor inglés Robyn Hitchcock (escuchen el disco “I Often Dream of Trains” y miren la película de Demme, claro).

También hace una de las películas más bellas e inspiradas de su carrera al filmar a la leyenda del folk Neil Young en dos presentaciones en Nashville en 2005. De ese registro nació Neil Young: Heart of Gold (2006), otro soberbio retrato musical del director neoyorkino.

Si bien es más conocido por el thriller que le dio su primer y único Oscar a mejor director, El silencio de los inocentes (1991), Demme fue además un verdadero especialista en filmar la música. Los ejemplos son numerosos pero Stop Making Sense quizás es la prueba más irrefutable de esto.

 

Burning Down The House

Desde el comienzo se vuelve imposible despegar la vista de la pantalla y mantener el cuerpo inerte cuando arranca esa versión acústica, casi lo-fi, del mega-hit “Psycho Killer”, y vemos a Byrne zapatear en solitario luego de insertar ¡un cassette! con la línea de percusión ¡en un radiograbador! Tan ochentas que duele.

De ahí en adelante, y hacia arriba, y hacia todas partes, el documental es una escalada de energía irrefrenable. Excepto por la segunda canción, una estupenda interpretación acústica de “Heaven”, uno de mis temas preferidos del disco “Fear of Music” de 1979.

 

What A Day That Was

Pese a estar filmado con una precisión y belleza envidiables la fotografía es de Jordan Cronenweth (Estados alterados, Blade Runner), no todo el mérito es de su director y equipo. El desempeño de la banda sobre el escenario es una verdadera performance en el sentido estético; en 1984, a casi diez años de su debut en el CBGB, el grupo había incorporado a sus shows en vivo un compendio de bailes estrafalarios, corridas furiosas, extrañas coreografías, arengas y alaridos de todo tipo (comparen la versión temprana de “Psycho Killer” en el video de arriba con la que abre el documental de Demme. Allí vemos a un Byrne algo retraído y un poco geek, aquí a su Mr. Hyde, un excéntrico frontman recargado en metanfetaminas y poseído por el espíritu de Fred Astaire).

Por todo lo anterior, este recital -estrictamente un montaje de tres recitales- en el teatro Pantages de Los Ángeles es una experiencia vibrante, única e irrepetible.

Solo resta decir: vean Stop Making Sense y agradezcan que nos enviaron un Jonathan Demme para inmortalizarlo.

 


 

En QubitTV también podés encontrar los documentales:

Neil Young: Heart of Gold (2006, Jonathan Demme)

Neil Young: Heart of Gold

Pulp: una película sobre la vida, la muerte y los supermercados (2014, Florian Habicht)

Pulp: una película sobre la vida, la muerte y los supermercados

The Stone Roses: Made of Stone (2013, Shane Meadows)

The Stone Roses: Made of Stone

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