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Sylvester Stallone al cubo

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Uno de los mayores íconos de los 80, del género de acción y del cine en general. Les guste o no, Sylvester Enzio Stallone (a que no sabían su segundo nombre) se ha ganado su merecido lugar en el Olimpo de Hollywood.

Si no nos creen, pregúntenle a la última edición del Festival de Cannes. En ella no sólo se proyectó su película más reciente (la quinta entrega de la saga Rambo), sino que Sly hasta se dio el lujo de dar una masterclass para espectadores y críticos de todo el mundo.

Entonces, desde la comodidad de casa, es ahora nuestro turno de hacerle un pequeño homenaje: tres imperdibles películas con el Semental Italiano. Que empiece la función.


Halcón

over the top

Ladrones de bicicletas, El padre de la novia y Un papá genial son algunos de los títulos que más aparecen al hablar de películas en torno a padres e hijos. Sin embargo, y sorprendentemente, nadie parece acordarse de Halcón.

Film emblema de la Cannon (dirigido, además, por su propietario), Halcón es mucho más que “la película que puso de moda las pulseadas”. Se trata de una enternecedora, emotiva y excitante historia acerca de la paternidad.

Con una banda sonora de lujo (cómo olvidar el In This Country de Robin Zander, de Cheap Trick), la película nos muestra a Stallone como un padre distanciado, frágil e incómodo, pero no por ello desprovisto de un enorme afecto por su hijo.

Tristemente, al momento de su estreno, la historia de Lincoln Hawk fue vista como una simple película comercial más en la carrera del actor. No obstante, el tiempo se ocupó de remediar esto y, hoy por hoy, Halcón es vista como una pieza de culto fundamental del cine de los 80. Y como una de las mejores (y más subvaloradas) actuaciones de Sylvester.


Escape imposible

Escape Plan

Dios y el diablo. Boca y River. Sylvester y Arnold. Por supuesto que no íbamos a dejar afuera de esta lista a la primera (y postergada) ocasión en que Rocky y Terminator coprotagonizaron un mismo film.

Durante años fueron “enemigos” (competían el uno con el otro, trataban de quitarse papeles mutuamente, etc.), pero eventualmente se hicieron amigos. Mejores amigos. Y el cine fue mejor gracias a ello. Nosotros, agradecidos.

Convocados por una película cuya trama parece más salida de los 50 que de la actualidad, en Escape imposible, Schwarzenegger y Stallone unen fuerzas para huir de una cárcel laberíntica y vencer a un enemigo en común: el despótico villano interpretado por Jim Caviezel.

Altamente entretenida, con un destacable diseño de producción y tensionantes secuencias, la película del sueco Mikael Hafstrom es un verdadero evento cinematográfico. Si se consideran amantes del cine de acción y no la vieron, replantéense un par de cosas.


Creed 2: Defendiendo el legado

Creed

Y, claro. Una nota que recomienda películas de Sylvester Stallone y que no incluye alguna de la insoslayable saga de Rocky no puede estar completa.

La última entrega de la franquicia —ahora protagonizada por el hijo de Apollo Creed— trae de regreso nada menos que al ruso Ivan Drago (Dolph Lundgren). Sin dudas, el enemigo más memorable del boxeador de Filadelfia.

En un film con innumerables conexiones con Rocky IV (considerada por muchos como la mejor de las secuelas), Stallone se despide —así lo sostiene el final de la película y lo afirmó el propio actor en un sentido video— del personaje que disparó su carrera, lo puso en el mapa y nos dio a conocer a un notable narrador.

Épica y potente, Creed II sella entonces la conclusión de la larga e inolvidable historia del underdog que lo logró. Rocky Balboa, sí; pero también Sylvester Stallone. El guionista, actor y director que llegó a vivir en la intemperie, debajo de un puente, pero quien, gracias a un inconmensurable esfuerzo, explotando su talento nato y entendiendo al cine como pocos, ha logrado conquistar la cima del mundo. Y nuestros corazones.


 

Las películas de Sylvester Stallone te esperan en QubitTV.

 


 

One Reply to “Sylvester Stallone al cubo”

  1. Anónimo dice:

    Le envío una nota propia al respecto:

    En pleno silencio de las salas, los trailers amenazan ya con reactivar una notable saga del cine. Esos segundos de publicidad confiesan la impúdica vocación de reciclaje que podría malograr un buen hallazgo de 2015. Breve reseña: durante 40 años, la estrella de un boxeador de ficción impuso su sobrecarga épica y emotiva. En el capítulo I (1976), el callejero y casi marginal “Rocky” Balboa (Stallone), accede a la pelea por el título con el campeón Apollo Creed (Carl Weathers), máscara evidente de Muhammad Ali. En el capítulo II (1979) llega la inevitable revancha y el héroe ítalo americano, le arrebata la corona a aquel rival nítidamente superior. Con inteligencia, en lugar de una tercera pelea con Apollo –narrativamente extenuante- los autores inventan al poco querible Clubber Lang (mister T), que inspirado en el modelo boxístico de Joe Frazer apalanca bastante bien al ya fatigado capítulo III (1982). En este punto el insumo Apollo Creed, definido y vendible, debe ser desechado. Presta su último servicio en el capítulo IV (1985), momento ya desenfrenado de los guionistas: El gran estilista, amigo para entonces de Rocky, muere bajo los metálicos puños del cyber camarada Iván Drago, soviético y maligno. Aquí la narración perfora la superficie de lo deportivo y se interna descaradamente en la caricatura geopolítica. Rocky, urgido por redimir a su amigo y a su nación, se convierte en una suerte de Patton con protector bucal y obtiene la imposible “batalla de Moscú” contra Drago. Acaricia allí lo que habían soñado vanamente Hitler o Napoleón. Pero el precio narrativo de tanta audacia es alto. La saga se queda sin Rocky que -como Gallardo- no tiene más nada que ganar, y sin Apollo, drásticamente sacrificado. La ostensible anemia de los capítulos V (1990) y VI (2006) verifican la inexorable caída del abusado producto. Sin embargo en el cercano 2015, un sagaz recurso le inyecta vida a la epopeya del box. Regresa Apollo en la piel de un oportuno hijo extramatrimonial. Es una torsión sutil de toda la saga: más templado, el viejo Rocky previsiblemente adaptado como entrenador de Creed, cuando este le pregunta cómo venció a su padre, confiesa al joven sucesor: “… a Apollo lo venció el tiempo…”. Me entero entonces que Balboa nunca le ganó a su rival. Seis palabras, sigilosamente ubicadas, desmontan una épica de cuatro décadas. Pero el giro es astuto por convenientemente tardío. Hay un enroque y el personaje encarnado por Carl Weathers desplaza en peso acumulado al legendario Balboa. La impronta de los Creed -de mayor calidad literaria- captura el primer plano. La resurrección de la secuencia requiere -quizá por primera vez- convocar a la complejidad de las cosas, a los principios de la entropía y la negentropía. La vida perpetúa sus caracteres mediante una trama que se desorganiza con la finalidad de reorganizarse. La línea genética necesita mezclarse y abrirse, para poder repetirse. Ya lo había utilizado Coppola en “El Padrino III” (1991) con el personaje de Vicenzo (Andy García). Esta forzada bisagra temática dio lugar al mejor producto de toda la serie: “Creed” de 2015, sólidamente interpretada por Michael B. Jordan. Es ese el preciado eslabón, y todavía está a salvo de lo que viene

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